El conflicto en Medio Oriente que involucra, principalmente, a Irán, Israel y Estados Unidos parece estar lejos de terminar. Por este motivo, el precio del petróleo sigue subiendo, el oro continúa consolidándose como refugio de valor y las bolsas de todo el mundo están atravesando una etapa de alta volatilidad.
“De cara a esta semana, el foco del mercado seguirá puesto principalmente en la evolución del conflicto en Medio Oriente, luego de la fuerte escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán y del impacto que ya empezó a mostrar sobre el comercio energético global. Cualquier novedad vinculada a ataques, represalias o posibles interrupciones en el flujo de petróleo a través del Estrecho de Ormuz probablemente continúe siendo el principal driver de los mercados”, relató Pedro Siaba Serrate, líder de Investigación y Estrategia en Portfolio Personal Inversiones.
De todas formas, en este contexto, los analistas coinciden en que hay algunas empresas cotizantes que serían claras beneficiaras. Dentro del mercado local, se encuentran las energéticas, como YPF (YPFD), Pampa Energía (PAMP) y Vista Energy (VIST). Sin embargo, también hay otras sociedades cotizantes que podrían cobrar protagonismo dentro de poco.
“El conflicto en Medio Oriente genera, en una primera lectura, un efecto negativo sobre los activos argentinos: la aversión al riesgo global empuja al inversor a salir de mercados emergentes, lo que se refleja en la caída de bonos y acciones locales y en la ampliación del riesgo país. Pero ese es el ruido de corto plazo. La pregunta más interesante es qué sectores pueden verse favorecidos estructuralmente si el conflicto se sostiene en el tiempo”, comentó Bruno Bonacina Rogliano, asesor financiero en Bull Market Brokers.
Para el ejecutivo, fuera de energéticas, la suba reciente de los commodities también favorece a otras acciones argentinas. En particular, el aumento del precio de la soja, que alcanzó niveles no vistos desde Junio 2024, mejora las perspectivas del sector agroindustrial.

Cuando sube la soja, aumentan los ingresos del campo y también la actividad en toda la cadena productiva y exportadora del país. Empresas agrícolas como Cresud (CRES) y Adecoagro (ADGO) se benefician de forma directa. Un mayor precio de la soja mejora los márgenes por hectárea y eleva el valor de las tierras productivas.
“También se benefician compañías vinculadas al procesamiento y a la inversión del campo. Exportadoras como Molinos Agro (MOLA) pueden mejorar ingresos por ventas externas de derivados de soja. Y fabricantes de maquinaria agrícola como Agrometal (AGRO) suelen registrar más demanda cuando el sector agropecuario mejora su rentabilidad”, detalló Bonacina Rogliano.
Por su parte, Pedro Moreyra, director de Guardian Capital, sostuvo que un sector a observar de cerca es del litio, donde se destaca la compañía Lithium Americas (LAR). La escalada en el Golfo acelera la presión de Occidente por reducir su dependencia energética de la región, lo que refuerza el interés estratégico en la transición hacia energías renovables y, por ende, en los insumos que la hacen posible.
“Argentina tiene reservas de litio entre las más grandes del mundo, y aunque el mercado local de ese mineral todavía está en desarrollo, cualquier señal de aceleración de la demanda global beneficia a las empresas con activos en el noroeste del país”, indicó el experto.
Luego, en el caso de los bancos, el razonamiento es más indirecto. Si el shock de precios persiste y mejora el frente externo argentino, hay más dólares por exportaciones y mejor percepción de riesgo soberano, los grandes bancos como Grupo Financiero Galicia (GGAL) o Banco Macro (BMA) se ven favorecidos en el mediano plazo. No por el conflicto en sí, sino por sus consecuencias sobre la macroeconomía local.
“Telecom Argentina (TECO2) representa otro caso, más defensivo que ofensivo: en contextos de volatilidad, los inversores tienden a refugiarse en sectores con demanda inelástica, y las telecomunicaciones cumplen ese rol en el mercado local”, finalizó Moreyra.