Los mercados internacionales reaccionaron con volatilidad a la apertura este lunes tras los ataques a Irán que avivaron temores geopolíticos en Medio Oriente, impulsando al West Texas Intermediate (WTI) un 7,65% hasta US$72,15 por barril a las 11:29 hora local. En Wall Street, con los mercados abiertos, el S&P 500 cotizaba a 6.857,07 puntos con una baja del 0,32% a las 16:50 hora de EE.UU., el Dow Jones apuntaba a pérdidas similares alineado con el tono bajista, y el Nasdaq 100 registraba 24.868,67 puntos con -0,37% a las 16:10.
En Europa, el STOXX Europe 50 iniciaba con descensos moderados alrededor del -2,44% cerca de los 5.988 puntos, mientras el FTSE 100 mostraba resiliencia con leves variaciones positivas en torno a 10.472 puntos. En Asia, las bolsas cerraron en rojo: el Nikkei 225 con -1,89% a 57.738,36 puntos en apertura y moderando a -1,35%, el Hang Seng -2,14% a 26.059,85 puntos, y el Sensex -1,29% a 80.238,85 puntos.
Paralelamente, el petróleo crudo en la NYMEX subió apenas un 7% y llegó a los US$ 72 a última hora de la mañana del lunes. Fue una reacción moderada tras varios días de ataques de Israel, Estados Unidos e Irán contra infraestructuras en todo el Golfo.
Este movimiento leve dejó en claro que los operadores no mostraron una preocupación marcada por un posible bloqueo del Estrecho de Ormuz. El paso marítimo, ubicado a 32 kilómetros al sur del puerto iraní de Bandar Abbas, concentra el 15% del petróleo y el 20% del gas natural licuado que se comercializa en el mundo. El domingo casi ningún barco se animó a cruzarlo. Según distintos informes, fuerzas iraníes declararon por radio que el estrecho estaba cerrado. Sin embargo, no hubo embarcaciones visibles que confirmaran esa situación.

Hasta el momento, tres buques comerciales sufrieron impactos directos. Esta mañana se informó que el petrolero Stena Imperative tuvo un incendio temporal después de recibir un ataque en el puerto de Baréin. Durante el fin de semana, un marinero de la sala de máquinas del petrolero MKD VYOM murió cuando un cohete iraní lo impactó frente a Omán. Un petrolero mucho más pequeño, el Skylight, también recibió un impacto y lo evacuaron mientras se incendiaba. ¿Fuego amigo? Según TankerTrackers, el Skylight estuvo fondeado a 8 kilómetros al norte de Khasab, Omán, durante la última semana y tiene antecedentes de ser utilizado por buques iraníes para el abastecimiento de combustible.
A los armadores no les quita el sueño el daño material en sí, sino lo que no cubre el seguro. Las aseguradoras ya piden primas de US$ 375.000 por viaje en un superpetrolero, frente a los US$ 250.000 de hace una semana. El gigante de contenedores Hapag Lloyd fijó una prima de guerra de US$ 1.500 por contenedor de 6,1 centímetros y de US$ 3.500 por contenedor refrigerado.
Irán también atacó infraestructura energética en el Golfo. El lunes por la mañana se conoció que el complejo de GNL de Qatar, en Ras Laffan, recibió un impacto. QatarEnergy anunció la detención de la producción de gas natural licuado tras los daños en las ciudades industriales de Ras Laffan y Mesaieed. ExxonMobil opera en Ras Laffan una de las plantas de GNL más grandes del mundo. Qatar explica el 20% de los envíos globales de este combustible. Además, Exxon genera el 20% de su producción mundial de petróleo y gas en Qatar y en los Emiratos Árabes Unidos.
Las amenazas, por ahora, parecieron contenidas. El domingo, Donald Trump declaró que la Armada de Estados Unidos hundió nueve buques iraníes, incluidos algunos en el puerto de Bandar Abbas. El sábado se reportó una explosión en el principal puerto de carga de petróleo de Irán, en la isla de Kharg, clave para exportaciones que rondan los 3 millones de barriles diarios. Sin embargo, no hubo ataques contra sus tanques de almacenamiento, que concentran millones de barriles de crudo.

La situación en el Golfo Pérsico, por ahora, luce moderada si se la compara con las llamadas guerras de los petroleros de la década de 1980, cuando Irán e Irak atacaron a más de 400 buques y mataron a 100 marineros. La escalada llegó a tal punto que la Armada de Estados Unidos tuvo que salir a dar protección.
En 1988, dos buques de guerra estadounidenses chocaron con minas iraníes mientras escoltaban petroleros a través del Estrecho. Ese episodio derivó en la Operación Mantis Religiosa, cuando fuerzas estadounidenses atacaron plataformas petroleras iraníes mar adentro, que usaban equipos de lanchas rápidas para asaltar buques, y hundieron dos embarcaciones. Aun así, el tránsito por el Estrecho de Ormuz nunca se frenó en ese período.
Los gigantes petroleros del Golfo hoy cuentan con más alternativas. Los Emiratos Árabes Unidos pueden transportar 1,5 millones de barriles diarios al puerto de Fujairah, en la orilla oriental del Estrecho. Además, en las últimas dos décadas los saudíes invirtieron miles de millones de dólares en la construcción del oleoducto Este-Oeste, con capacidad para mover más de 5 millones de barriles diarios hacia el Mar Rojo.
Irán actuó de forma mucho peor en el pasado. En un ataque de septiembre de 2019, dirigió misiles de crucero con precisión hacia buques de procesamiento con forma de cúpula en la planta de Abqaiq y el yacimiento petrolífero de Khurais, en Arabia Saudita. Al día siguiente, los precios del petróleo saltaron 15%. Fuerzas hutíes también atacaron infraestructura saudí en 2021 y 2022.

Por eso, las potencias económicas mantienen reservas. La Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos (Strategic Petroleum Reserve, SPR) hoy tiene 415 millones de barriles, un 35% menos que al inicio de la presidencia de Joe Biden. Trump quizá dejó pasar la chance de recomponer esas reservas con precios bajos. Los más cínicos sugieren que Venezuela funciona como la nueva Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos.
Saudi Aramco mantiene decenas de millones de barriles de petróleo almacenados de forma estratégica en cavernas subterráneas de roca dentro del reino, además de almacenamiento operativo en Japón, Egipto y los Países Bajos. A la vez, según Poten & Partners, Irán llenó su flota de petroleros y dejó un récord de 160 millones de barriles almacenados en el mar, un volumen suficiente para cubrir casi dos meses de sus exportaciones promedio de crudo.
¿Hasta dónde podrían llegar los precios del petróleo? Según el economista energético Phil Verleger, la interrupción de suministro más costosa fue el embargo petrolero árabe de 1973: los precios saltaron 72% en el primer mes y 230% después de tres meses. La invasión de Kuwait por Irak en 1990 provocó una suba de 47% en un mes, que llegó a 80% tras tres meses. La reacción del mercado a la invasión de Ucrania por parte de Vladimir Putin resultó más moderada: el precio trepó al inicio a US$ 125 por barril (US$ 144 por barril a valores actuales) y después se estabilizó, con una variación cercana a 20% al cabo de 90 días.
En dólares nominales, el máximo histórico se registró durante el verano de 2008, con US$ 147 por barril, cuando el crecimiento de la demanda china de petróleo superó la oferta. A valores de hoy, eso equivaldría a unos US$ 225 por barril. Desde entonces, China invirtió fuerte para ampliar su Reserva Estratégica de Petróleo hasta cerca de 400 millones de barriles, lo que equivale a unos 40 días de importaciones. Por eso, incluso el mayor comprador de petróleo iraní hoy aparece mejor preparado frente a sacudones en el Golfo.
*Este artículo fue publicado originalmente en Forbes.com