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El último dato del Estimador Mensual de la Actividad Económica reflejó que en febrero hubo una contracción de 2,1% interanual y una baja de 2,6% respecto de enero en la medición desestacionalizada. La cifra sorprende porque ocurre con un esquema económico que logró avances claros en orden fiscal, desaceleración inflacionaria y cierta estabilidad cambiaria.

24 Abril de 2026 07.25

La economía argentina volvió a mostrar señales de debilidad en el inicio de 2026, pero esta vez el foco no está solo en el dato, sino en que la actividad cae a pesar de un programa económico que, en teoría, busca estabilizar y sentar las bases para crecer.

El último dato del Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) reflejó que en febrero hubo una contracción de 2,1% interanual y una baja de 2,6% respecto de enero en la medición desestacionalizada. La cifra sorprende porque ocurre con un esquema económico que logró avances claros en orden fiscal, desaceleración inflacionaria y cierta estabilidad cambiaria.

Cabe señalar que, por un lado, el programa económico se apoya en un fuerte ajuste macroeconómico. La reducción del gasto público, la menor emisión monetaria y el endurecimiento de las condiciones financieras implicaron un freno directo sobre la demanda interna. Menos pesos en la economía, tasas más altas y crédito más caro impactan de lleno en el consumo y la inversión, dos motores centrales de la actividad.

A eso se suma el efecto del apretón monetario. La caída de la cantidad de dinero en términos reales y el aumento de encajes encarecieron el financiamiento, afectando tanto a empresas como a familias. El resultado es una dinámica contractiva: menor acceso al crédito, aumento de la morosidad y menor capacidad de gasto.

En paralelo, el tipo de cambio más estable también juega un rol. Si bien ayuda a contener la inflación, reduce la competitividad de sectores orientados al mercado interno frente a importaciones y limita la recuperación de la producción local.

Este combo explica por qué la mejora se concentra en sectores específicos, mientras el resto de la economía sigue en retroceso. En febrero, actividades como minería y agro crecieron con fuerza, impulsadas por factores externos y mejores precios, con subas de hasta 9,9% y 8,4% interanual. Sin embargo, ese impulso no alcanza para compensar la caída en sectores clave para el empleo.

La industria manufacturera se desplomó 8,7% y el comercio cayó 7,0%, dos rubros altamente sensibles al consumo interno. Es ahí donde se siente con mayor claridad el impacto del ajuste, es decir, menos ventas, menor producción y, en consecuencia, menor dinamismo económico.

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Distintos analistas coinciden en que esta “economía a dos velocidades” es el principal motivo detrás de la desconexión entre las variables macro y la realidad cotidiana. Los sectores que crecen lo hacen sin traccionar empleo masivo, mientras que los que caen son los que más influyen en el bolsillo de la población.

“La actividad económica sufrió una fuerte caída en febrero y volvió a ratificar lo que venimos señalando hace meses: la actividad crece por los sectores ligados a la demanda extranjera, mientras que los sectores ligados a la demanda interna y los grandes conglomerados urbanos caen fuertemente. La economía creció 3,5% durante el Gobierno de Milei, pero es un crecimiento muy heterogéneo y particularmente concentrado en sectores de bajo dinamismo en el empleo”, explicó Santiago Casas, economista jefe de EcoAnalytics.

En 2024, el shock inicial de medidas provocó una fuerte contracción, mientras que en 2025 la recuperación fue más estadística que real, impulsada por una base de comparación baja. Ahora, los datos de 2026 muestran que el rebote no logró consolidarse de manera uniforme.

Hacia adelante, algunos indicadores de marzo muestran rebotes puntuales, pero todavía insuficientes para revertir la tendencia general. La recuperación sigue siendo desigual y dependiente de sectores específicos, sin un repunte claro del consumo masivo.

Incluso estimaciones privadas anticipan que esta dinámica podría continuar en los próximos meses: mejoras en nichos puntuales, pero sin una reactivación generalizada.

De todas formas, el Gobierno mantiene su estrategia. La apuesta oficial es que el ajuste actual genere las condiciones para un crecimiento más sostenible en el futuro, aunque eso implique transitar un período de actividad débil.

“La economía venía de dos meses al alza, con 1,7% en diciembre del año pasado y 0,4% en enero de 2026. Y probablemente el trimestre lo termines empatado con respecto al último trimestre de 2025. La economía argentina va a crecer por dos años consecutivos, algo que no pasaba desde 2010-2011, exceptuando el rebote pospandemia”, señaló Mateo Borenstein, economista en Empiria Consultores.

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