El sector energético arranca el 2026 en un momento clave, en el que la resiliencia se cruza con un proceso de transformación. Tras haber atravesado la volatilidad de los precios de las materias primas, los shocks geopolíticos y los vaivenes del ánimo macroeconómico el año pasado, las compañías de infraestructura energética dejaron en claro la solidez de los flujos de caja basados en tarifas y el rol estratégico de los activos intermedios en una economía cada vez más atravesada por la inteligencia artificial y la electrificación.
Aunque el precio del petróleo osciló ante las amenazas de nuevos aranceles y las decisiones de oferta de la OPEP+, los operadores midstream siguieron generando rendimientos estables gracias a contratos ajustados por inflación y al crecimiento asociado al aumento del volumen. Al mismo tiempo, el sector energético enfrenta una demanda sin precedentes de centros de datos e infraestructura de inteligencia artificial, lo que provoca cuellos de botella que marcarán su ventaja competitiva en la próxima década.
Este artículo analiza cinco acciones del sector energético que están bien posicionadas para aprovechar la doble dinámica que marcará el 2026: estabilidad y crecimiento.
Se trata de compañías que incluyen grandes petroleras integradas, con operaciones diversificadas en el segmento downstream, y alianzas midstream que ofrecen una rentabilidad por dividendo sólida. Representan la cadena de valor energética tradicional, aunque mantienen exposición a nuevas tendencias vinculadas con la demanda de energía. La selección pone el foco en firmas con trayectoria operativa comprobada, valuaciones atractivas frente a sus competidoras y una posición estratégica en mercados donde la capacidad de infraestructura será clave para definir a los ganadores.
Tanto quienes apuntan a generar ingresos por distribuciones como quienes buscan una apreciación de capital ligada al crecimiento de la carga estructural, encuentran en estas opciones distintos puntos de entrada a un sector energético donde la electricidad gana cada vez más protagonismo como el nuevo petróleo.
Entender el sector energético en 2026
El sector energético este año está atravesado por tres fuerzas que se combinan:
- crecimiento estructural de la demanda de electricidad
- disciplina de capital frente a la incertidumbre de los precios
- incorporación de tecnologías digitales en las operaciones centrales
El consumo de energía supera los niveles históricos, impulsado sobre todo por los centros de datos de inteligencia artificial, que ahora priorizan el acceso a la red eléctrica por encima de criterios tradicionales para definir su ubicación, como la conectividad.

Según la Administración de Información Energética de EE.UU. (EIA), se espera que la generación de electricidad crezca 2,4 % en 2025 y 1,7 % en 2026. La proyección revierte décadas de demanda estancada y redefine el papel de la infraestructura energética midstream: pasó de ser un segmento centrado únicamente en la rentabilidad a convertirse en una clase de activo estratégico.
En ese contexto, el Índice de Energía Midstream de Alerian muestra una rentabilidad por dividendo cercana al 5 %, con una proyección de crecimiento de las distribuciones del 5 % al 7 % anual. Aun así, los mercados de materias primas siguen enfrentando desafíos. En noviembre de 2025, el precio del crudo Brent promedió US$ 64 por barril, una caída interanual de US$ 11, debido a que la producción creció más rápido que la demanda. Los analistas anticipan que los precios podrían bajar hasta US$ 55 por barril en el primer trimestre de 2026, antes de estabilizarse. La acumulación acelerada de inventarios globales de petróleo durante la segunda mitad de 2025 fue uno de los factores que presionaron los precios.
En contraste, el gas natural muestra un panorama más favorable. Durante esta temporada invernal de calefacción, los precios spot de Henry Hub promedian US$ 4,30 por millón de unidades térmicas británicas, un 22 % más que en el invierno anterior.
De todos modos, el sector energético ya no gira solamente en torno a las moléculas. Hoy, los ejes pasan por los electrones, la confiabilidad de la red eléctrica y la infraestructura necesaria para llevar la energía adonde la inteligencia artificial y la electrificación la exigen.
La salud financiera del sector refleja esta doble realidad. Pese a la debilidad en los precios de las materias primas, los operadores midstream arrancan el 2026 con impulso, respaldados por flujos de caja estables y basados en tarifas, lo que los resguarda frente a la volatilidad del mercado.
Grandes petroleras integradas, como Exxon y Chevron, buscan un equilibrio entre el ajuste de gastos y la captura estratégica de recursos. Lo hacen con disciplina de capital y sin perder flexibilidad en cuencas que siguen siendo atractivas.
El aumento en los costos de la electricidad —la EIA estima precios residenciales de 18 centavos por kilovatio-hora en 2026, lo que representa un alza de aproximadamente 37 % respecto a 2020— alimenta la presión política sobre las empresas de servicios públicos. Sin embargo, también abre oportunidades para aquellas compañías capaces de ofrecer infraestructura energética confiable y eficiente.

En este contexto, las que logran destacarse son las que combinan eficiencia operativa, balances sólidos y una posición estratégica en mercados donde las tendencias de demanda a largo plazo juegan a favor.
Cómo se eligieron estas acciones
La selección de acciones del sector energético para 2026 exigió encontrar un equilibrio entre el rendimiento operativo comprobado y la exposición a las tendencias favorables de la demanda estructural. La metodología priorizó a empresas con un historial sólido en la generación constante de flujo de caja, una buena gestión de sus balances y perfiles de rentabilidad atractivos para los accionistas, ya sea a través de dividendos o distribuciones.
Las alianzas midstream recibieron especial atención, por sus modelos de ingresos basados en comisiones y contratos ajustados por inflación, que les aportan estabilidad más allá de las variaciones en los precios de las materias primas. En el caso de las petroleras integradas, el foco estuvo puesto en aquellas con operaciones diversificadas que abarcan la producción upstream, el refinado downstream y, cada vez más, iniciativas de baja emisión de carbono que sirven como cobertura frente a los riesgos asociados con la transición energética.
La valuación fue un aspecto clave del proceso. Se priorizaron compañías que cotizan con múltiplos precio-beneficio razonables, tanto frente a sus promedios históricos como en comparación con otras del sector. También se tuvo en cuenta que ofrecieran rendimientos atractivos por dividendo sin que esto implicara ratios de pago ajustados. La solidez financiera pesó en el análisis: la relación deuda-capital, la cobertura de intereses y la rentabilidad sobre el capital fueron criterios clave para evaluar su capacidad de sostener las distribuciones a lo largo de los ciclos de las materias primas.
Por último, el posicionamiento estratégico también influyó en la selección. Se valoró la proximidad a regiones de alto crecimiento, como la Cuenca Pérmica; la exposición a infraestructura de exportación de GNL; o la capacidad de generación renovable que permita captar la creciente demanda de electricidad.
El resultado es una cartera compuesta por referentes tradicionales del sector energético y operadores de infraestructura que están bien posicionados en el cruce entre electrones y moléculas.
¿Qué energéticas mirar para invertir desde Argentina?
1. Corporación Exxon Mobil (XOM)
Exxon Mobil es la mayor petrolera de Estados Unidos. Produce 3 millones de barriles de petróleo equivalente por día y opera en seis continentes. Su modelo integrado combina actividades de exploración y producción upstream con una capacidad de refinación downstream de 1,8 millones de barriles diarios. A esto se suma un segmento en expansión de productos químicos y especializados.
Al cierre de 2024, sus reservas probadas alcanzaban los 17.000 millones de barriles de petróleo equivalente. Más allá de sus operaciones tradicionales, Exxon busca crecer en áreas de bajas emisiones, como la captura y almacenamiento de carbono, la producción de hidrógeno y la fabricación sostenible de combustible para aviación.

Entre sus movimientos más recientes se destacan el posicionamiento estratégico en la riqueza petrolera offshore de Guyana, así como las conversaciones en curso sobre sus operaciones en Venezuela. No obstante, la dinámica política con la administración Trump generó incertidumbre de corto plazo en torno a esta última iniciativa.
Por qué las acciones de XOM son una de las mejores opciones
Exxon encarna el perfil clásico de una compañía energética de primer nivel: escala, diversificación y una solidez financiera que atraviesa sin sobresaltos los distintos ciclos de las materias primas. En los últimos 12 meses, registró ganancias cercanas a los US$ 30.000 millones y una rentabilidad sobre el capital superior al 11 %, lo que refleja su eficiencia operativa incluso en contextos de precios debilitados.
La acción ofrece una rentabilidad por dividendo del 3,26 %, respaldada por una tasa de pago menor al 60 %, lo que deja margen para que los ingresos sigan creciendo. Exxon equilibra cada vez más sus retornos al accionista con inversiones estratégicas en tecnologías de bajas emisiones de carbono.
La relación precio-beneficio se ubica en torno a 18, dentro de los rangos históricos, lo que brinda una valuación razonable sin pagar una prima asociada a compañías puramente renovables. Su modelo integrado actúa como cobertura natural: cuando los precios del crudo bajan y afectan al segmento upstream, el refinado downstream suele beneficiarse.
Si bien la mirada de los analistas es dispar, debido a la incertidumbre geopolítica y los obstáculos en los precios de las materias primas, el balance sólido de la compañía y un flujo de caja libre superior a los US$ 17.000 millones ofrecen resguardo frente a la volatilidad de corto plazo.
Para quienes buscan exposición a la energía tradicional, con ingresos estables y cierta protección frente a caídas, la escala, la disciplina de capital y la eficiencia operativa de Exxon la posicionan como una pieza clave en cualquier cartera energética que atraviese la incertidumbre del 2026.
2. Corporación Chevron (CVX)
Chevron es una compañía energética integrada con una producción upstream de 3 millones de barriles de petróleo equivalente por día y una capacidad de refinación downstream de 1,8 millones de barriles diarios en instalaciones ubicadas en Estados Unidos y Asia.
Su cartera upstream está enfocada en activos de alto margen, especialmente en la Cuenca Pérmica, el offshore del Golfo de México y operaciones internacionales en Kazajistán y Australia. Al cierre de 2024, sus reservas probadas superaban los 9.800 millones de barriles de petróleo equivalente.

El segmento downstream incluye operaciones de refinación, comercialización y producción de lubricantes. Además, Chevron avanza en el desarrollo de combustibles renovables. Para 2026, la compañía anunció un presupuesto de inversión de entre US$ 18.000 y US$ 19.000 millones, con énfasis en el desarrollo de gas de esquisto en EE.UU. y proyectos internacionales de GNL.
En términos financieros, muestra una asignación de capital prudente, con una rentabilidad sobre el capital del 7,32 % y una relación deuda-capital de apenas 0,21. El rendimiento bursátil reciente fue más moderado en comparación con algunas de sus pares: subió alrededor de 11 % en el último año, frente al aumento de casi 18 % de Exxon. Esta diferencia abre una posible oportunidad de valor para inversores que confían en una estabilización de los precios de las materias primas.
La estrategia de Chevron, enfocada en activos de alta calidad en la Cuenca Pérmica y el gas natural licuado internacional, la posiciona para aprovechar el crecimiento de las exportaciones de gas desde Norteamérica y la demanda sostenida en Asia-Pacífico.
El plan de gastos de capital previsto para 2026 permite mantener el impulso operativo sin presionar el balance financiero. Para inversores orientados a los ingresos, que priorizan la rentabilidad actual por sobre el crecimiento acelerado, Chevron ofrece una combinación atractiva de disciplina financiera, buena distribución y exposición al potencial alcista del gas natural. Esa fórmula la convierte en un complemento sólido para Exxon dentro de carteras energéticas diversificadas.
El resultado final
Las acciones del sector energético en 2026 combinan generación de ingresos con exposición a tendencias de demanda que están reconfigurando la industria. Las cinco compañías analizadas cubren un espectro amplio: desde las petroleras integradas tradicionales, pasando por la infraestructura midstream, hasta los servicios públicos con foco en energías renovables.
Cada una ofrece una puerta de entrada distinta a un sector donde la volatilidad de las materias primas convive con un crecimiento sostenido en la demanda de electricidad.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com