De Mar del Plata a París, el fantasma de un shock electoral y los límites de la "bazuka" de Milei
Virginia PorcellaEditora
Virginia PorcellaEditora
Los poco más de 11.000 kilómetros de distancia que se interponen entre Mar del Plata y París -donde se concentra en estos días la agenda económica y también política de la Argentina-, no son suficientes para cortar el hilo rojo de preocupaciones que une a empresarios e inversores de un lado y otro del Atlántico. Depende de la costa desde la que se mire, la realidad tiene matices diferentes.
Siguen maravillando en el exterior el impensado ordenamiento macroeconómico que consolidó en poco tiempo Javier Milei y las oportunidades de negocios que se abren en los trillados sectores estratégicos. Pero, igual que fronteras adentro, las grandes decisiones y desembolsos de inversión esperan la definición final: el resultado electoral de 2027.
Nadie más consciente que el Presidente de ese estado de situación: "Si somos reelectos, 2028 va a ser el mejor año económico de nuestra historia". Pese a su desmesura, la profecía no resulta descabellada bajo la perspectiva de los inversores extranjeros que, después de todo, están "encantados con lo que pasa en Argentina". Al menos es lo que le confesó el CEO global del Santander, Héctor Grisi, al grupo de gobernadores y empresarios que integran la comitiva oficial en la Argentina Week y con la que el Gobierno buscó transmitir un potente mensaje de consenso en torno a las reformas implementadas.

En el ámbito local, en cambio, el foco queda puesto en el enorme condicional. Para los empresarios y ejecutivos que se aglutinaron en el Sheraton para asistir al Coloquio IDEA, 2028 es el largo plazo. Primero habrá que sobrevivir el siempre tortuoso camino a las elecciones de 2027 y, aunque muchos se ilusionan con que el Gobierno aprendió la lección del año pasado y está "más preparado" para enfrentar las turbulencias, nadie descarta meses de agitación.
En esa línea opinó Mariana Camino, CEO de Abeceb, para quien la principal preocupación de sus clientes es la velocidad de la recuperación y, sobre todo, los drivers que la impulsarán. Casi sorprendida por la anticipación de la carrera electoral, advierte que para las empresas "todavía falta mucho tiempo como para no hacer nada". "La volatilidad financiera siempre es una cuestión que afecta la actividad, pero el Gobierno hoy tiene más recursos y resortes para administrarla. De cara a 2027, las mayores inquietudes pasan más por la actividad y el empleo que por el dólar", afirmó.
Sin embargo, el fantasma de saltos abruptos en el billete no termina de desaparecer. A tal punto que incluso explicaría en parte el lento goteo de desembolsos para activar los proyectos aprobados en el marco del RIGI.

"El consenso es que la variable del dólar entró en un nuevo paradigma al que se acomodará el resto de la economía, pero eso no quiere decir que muchos vean espacio para una suba de hasta 20% del tipo de cambio. Eso ralentiza el ingreso de divisas por el RIGI", aseguró en estricto off un alto ejecutivo de una de las principales multis de consultoría que atiende a petroleras y mineras entre sus grandes clientes. Los demonios de una devaluación forzada desvelan a Milei y al ministro de Economía, Luis Caputo. Ninguno de los dos hace esfuerzo alguno por ocultar la preocupación, sino que la enfrenta ante cada auditorio disponible. Caputo aseguró la semana pasada contar con más de US$ 70.000 millones para hacer frente a cualquier atisbo de corrida cambiaria, mientras que el Presidente, siempre más efusivo y ampuloso, caracterizó esa reserva como una "bazuca de dólares". Así lo dijo: "Sabemos que en la Argentina los períodos electorales son temporadas de maniobras desestabilizadoras. Por eso, dedicamos todo este año a adelantarnos y a prepararnos una bazuca de dólares". Contabiliza en ese paquete los swaps con China y Estados Unidos por US$ 20.000 millones respectivamente, la compra de reservas por otro tanto y contratos de dólar futuro por US$ 15.000 millones. Pero existe una limitante para echar mano de esos recursos.
Por el compromiso asumido con el Fondo Monetario, el Banco Central sólo puede intervenir en el techo de la banda para que, efectivamente, no supere esa cotización. Entre el precio actual del billete y el límite impuesto para que Santiago Bausili, titular del BCRA, pueda entrar en acción, existe hoy una diferencia de casi 30 por ciento. Es decir, hoy el Central recién podría actuar si el dólar superara los $1.900, una cifra que no sólo excede la pauta de $1.600 expresada en el proyecto de Presupuesto, sino también el precio de $1.850 para fin del próximo año. Aunque muchos reclaman una corrección de esa magnitud, el salto abrupto sería, si no desestabilizador, definitivamente inquietante. Para matizarlo, Caputo apenas cuenta con los dólares del Tesoro. Una pistola de cebitas.