¿Cómo serán las ciudades del futuro? ¿Cómo pensarlas para que respondan a las necesidades de las personas? El desafío atraviesa a las sociedades en su conjunto y va desde lo tecnológico hasta lo ambiental, pasando por lo económico, por decisiones políticas y hasta por las costumbres más cotidianas como ir a hacer las compras.
Consultado sobre este tema, Álvaro García Resta, urbanista y arquitecto, remarcó que “las ciudades son el resultado de muchísimas variables en tiempo real y de un escenario que está cambiando”.
“Son un gran conglomerado de efectos y comportamientos humanos que se traducen en el territorio. Antes se pensaban las ciudades desde 5000 m de altura, se hacía un plano y se trazaban líneas, mientras hoy esa perspectiva se puso a 1.80 m de altura —por tomar un promedio— y es totalmente antropológica, tiene que ver directamente con la calidad de vida de las personas”, sostuvo en el marco de la tercera edición de Forbes Real Estate Summit.
“Antes uno se ponía un horizonte y dibujaba una ciudad como se la imaginaba. Hoy el desafío es planificar de manera constante; es estar todo el tiempo con herramientas que nos permitan tomar decisiones en base a evidencia y tener claro que queremos llegar a una ciudad más equilibrada, más saludable”, dijo.
Entonces, ¿cómo las imagina al 2050? “Las ciudades tienen que ser mejores, más sostenibles económica, ambiental y socialmente. En definitiva, mejores para las personas”, resumió.
Sostenibilidad y el costo de no atenderla
Entonces ¿cuál sería el factor más importante para alcanzar esa ciudad del futuro? El experto afirmó que sería un combo, porque “hay tantas buenas experiencias como personas, pero todos coincidimos en que una ciudad sostenible y amigable con el ambiente nos hace sentir mejor y nos puede hacer sentir mejor el tiempo”.
En ese punto estuvo de acuerdo Mariana Robano, directora técnica en ReAcción, y destacó que si no atendemos hoy a la sostenibilidad, mañana va a costar mucho más caro, tanto en términos económicos como ecosistémicos.
“Nos va a salir caro si no nos preparamos o si no tomamos en cuenta ciertas variables necesarias a la hora de diseñar. Por ejemplo, tenemos eventos climáticos extremos cada vez más frecuentes, lluvias más intensas, más calor en el verano, cada vez más olas de frío", dijo. "Eso requiere más energía; hay más demanda, entonces ¿cómo nos preparamos para esos eventos y que después no haya un corte de luz, para que no se nos rompa la rambla o para no quedarnos sin servicios?”, se preguntó.
Para Robano no hay que pensar en “más y más hormigón, sino en cómo nos inspiramos en soluciones de la naturaleza que nos protejan y nos ayuden a ser más resilientes”. Su ciudad ideal del futuro tiene como eje a una ciudadanía comprometida. “Necesitamos una ciudadanía informada, que conozca las consecuencias de sus decisiones: desde qué políticos elegimos o qué política pública demandamos hasta qué opciones de consumo diario hacemos”, apuntó.
“Creo que si pensamos en ciudades del futuro, de 2050, es como que ponemos las luces largas. Pero para hacer una adecuada conducción, tenemos que poner las luces cortas y ver cómo llegamos hasta allí”, resumió.
En ese sentido, Gabriel Lambach, docente de Inteligencia Artificial Aplicada a Arquitectura y Diseño en la Facultad de Arquitectura de la Universidad ORT Uruguay, indicó que “a veces se prioriza demasiado cuánto vamos a tener que gastar en sostenibilidad”, pero consideró que “las mejores decisiones obligan a hacer ese cambio de luces y mirar más adelante”.
“Porque no solamente se trata de resolver en el plazo más corto y de la manera más rentable: sustentabilidad y rentabilidad parecen antagónicos, pero el desafío es hacerlos trabajar juntos”, afirmó.
Consultado sobre este punto, García Resta sumó que, a la hora de medir el costo de la sustentabilidad, hay que mirarlo a futuro. Por ejemplo: “Hacer una ciclovía no es un gasto, sino una inversión, porque menos gente, en X cantidad de tiempo, va a ir menos a atenderse al hospital porque está mejor de salud. Lo que uno puede hacer es mirar las tendencias, relacionarlas, y ese es el gran valor del urbanismo”, opinó.
Tecnología al servicio de las ciudades y las personas
Las soluciones tecnológicas suman oportunidades a la arquitectura, al urbanismo, a la sostenibilidad, aportan información y hacen viable una mejor toma de decisiones. Hoy la inteligencia artificial está en el centro y Lambach, como especialista, llamó la atención para que su protagonismo no pase por arriba a la utilidad que puede aportar. “No es sumar herramientas por sumar”, dijo.
“Hay que tratar de no quedarse con el término y tener una visión más desde lo humano. ¿Cómo la podemos usar? ¿Ayuda a una mejor toma de decisiones? (...) En momentos en que la mayoría de las veces tenemos que decidir en tiempo real, y no podemos hacer reflexiones, que es algo peligrosísimo, estas herramientas nos abren la posibilidad de poder manejar más información en tiempos comprimidos y tomar mejores decisiones”, agregó.
No tomar atajos
Consultados respecto a qué decisión clave habría que tomar pensando en las ciudades del futuro, tanto Lambach como García Resta coincidieron en que no hay que tomar atajos o simplemente hacer cosas nuevas sin mirar a las que ya están. “Yo diría que es mejor hacer bien que hacer nuevo”, dijo el urbanista.
El experto explicó que, mientras se dan cambios en las dinámicas de las ciudades y se crean nuevos polos de atracción, “también hay algo que se abandona y eso es una oportunidad de sustitución”.
“Muchas ciudades crecen en territorio, pero lo nuevo deja algo en el lugar de origen. Y hay algo en el cambio de nuestra vida que se traduce en el cambio de los usos. Antes, el hipermercado era la manera de ir a hacer las compras y hoy tal vez se está reformulando en pequeños lugares de cercanía. Eso es importante para los tomadores de decisión: tienen que estar atentos a eso que está pasando en un lado, porque está dejando una oportunidad en el anterior y las ciudades tienen que hacerse bien, además de hacerse nuevas”, sentenció.
Mientras, el especialista en inteligencia artificial aplicada a la Arquitectura apuntó: “Las acciones concretas no solucionan los problemas, sino las secuencias de decisiones; se necesitan discusiones transversales, transdisciplinarias; no hay atajos que vengan a solucionar y no es la IA que va a resolver en 30 segundos. Se requiere reflexión (...). A veces tenemos que relegar un poco la rentabilidad inmediata para pensar en un plazo un poco más extenso”.


