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Sueños de trenes. Foto: Difusión.
Lifestyle

Qué ver: Sueños de trenes, la larga y hermosa vida de un don nadie

Matías Castro

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Nominada al Oscar como mejor película, narra 80 años de historia de vida de un leñador. Apoyada en su fotografía y en la actuación de Joel Edgerton, se basa en una novela de un autor que puso mucho de su vida en esta historia.

2 Marzo de 2026 14.00

Sueños de trenes es una película tan bella como contemplativa que, a pesar de estar en carrera por el Oscar como una de las mejores del año, puede que no lo gane. Sin embargo, su historia, que en menos de dos horas recorre la vida de un leñador desde su niñez hasta la muerte, es de las que pueden afectar o movilizar a sus espectadores a un nivel que una de las favoritas, Una batalla tras otra, no consigue.

Y lo interesante es que, desde esta semana, después de estar solamente en streaming, se puede ver tanto en Netflix como en salas de cine, al igual que Frankenstein.

La historia de un huérfano

El protagonista es Robert Grainier, huérfano que no sabe exactamente su fecha de nacimiento y que pasa sus primeros años sin mucho propósito, deambulando por zonas rurales. De adulto, cuando el personaje es interpretado por Joel Edgerton, empieza a trabajar como leñador para la construcción de vías férreas. Conoce a una mujer llamada Gladys y ahí su vida parece tomar rumbo. Esto ocupa más o menos los primeros diez minutos de película.

La vida de Robert es tan dura como la de cualquier trabajador de su tipo. Deja su casa por largo tiempo, se instala en los bosques con una cuadrilla y sierra manualmente árbol tras árbol, para luego pelar los troncos y disponerlos donde se les pide. Se trata de un universo en el que están desamparados casi bajo su propia ley, donde un grupo de trabajadores puede incluir a un asesino prófugo, un veterano sabio o un grupo xenófobo que actúa a sus anchas, mientras los demás trabajadores los dejan en paz. Nadie se mete con nadie para no arriesgar más de lo necesario.

Sueños de trenes. Foto: Difusión.
Sueños de trenes. Foto: Difusión.

Robert regresa una y otra vez a su casa para encontrar calidez, una hija que crece y un refugio en un mundo que parece tan vasto y desprotegido como los bosques en los que trabaja. Tratándose de una vida tan larga y hábilmente concentrada por el director Clint Bentley, por supuesto que Robert enfrenta cambios de todo tipo, entre sus compañeros, en su trabajo, en la tecnología, en la sociedad y en su familia.

El punto de vista

Clint Bentley había firmado antes el guion de Las vidas de Sing Sing, película que se enfocaba en los procesos de transformación que viven los presos a través de talleres de teatro en la cárcel. También nominada al Oscar, había sido dirigida por Greg Kwedar, quien es su colibretista en Sueños de trenes, por lo que se podría hablar de un sello autoral compartido.

Ese sello tiene que ver con sus puntos de vista, que se enfocan con una mirada calma y desprejuiciada en ambientes donde otros solo ven violencia o tramas policiales. Hay mucha historia para contar ahí donde creemos que no sucede nada, parecen decir. En las películas de Bentley y Kwedar, dirija quien dirija, siempre pasa algo ante la cámara, nunca hay vacío sino que hay vidas en transformación.

La elección de Joel Edgerton para encarnar al protagonista es perfecta. Es un personaje de pocas palabras, solitario, que atraviesa por una gran cantidad de episodios que lo van afectando. Su mirada, sus gestos, su movimiento, lo dicen todo. Edgerton ya tuvo sus reconocimientos y papeles en los que lucirse, pero en este caso parece haber llegado a su mejor momento como intérprete. Pocos pueden transmitir de manera tan efectiva la actitud estoica y vida solitaria de un personaje como este

El autor y los árboles

La película tiene un formato de imagen atípico, ya que en lugar de ser apaisada, tiene una proporción de imagen casi cuadrada. La decisión responde a que se intenta evocar antiguos formatos de fotografía y también enfatizar la imponente verticalidad de los árboles que talan los leñadores. Por eso es una buena noticia que ahora también pueda verse en cine.

Como fondo está una novela de 2011 que lleva el mismo título, escrita por Denis Johnson (1949 – 2017), un respetado autor estadounidense que llegó a ser muy leído entre universitarios. Recientemente se publicó la primera biografía de él y salieron a la luz unos cuantos datos que hacen rever su obra. 

Se recompuso su lucha con el alcohol y las drogas, se revelaron episodios suyos de violencia de género y cómo fue el último tercio de su vida, retirado en una pequeña propiedad en una comunidad en California.

Sueños de trenes. Foto: Difusión.
Sueños de trenes. Foto: Difusión.

De acuerdo a una nota del New York Times, hay muchos elementos de su vida que están presentes en la película y en la novela. La soledad y la relación del personaje con su hija tienen relación con lo que vivió Johnson. La evolución del personaje, también.

Robert Grainier es cualquiera, un don nadie. Una de las escenas de la película lo expresa muy bien cuando entierran a tres leñadores tras un accidente y uno de sus compañeros clava sus botas en un árbol cercano, para que alguien recuerde que pisaron este mundo. Como la de cualquier persona, importante o no, la vida de Grainier pasa velozmente. Conforme pasan los años, él gana perspectiva silenciosamente. 

El director lo resuelve con gran habilidad, de diversas formas visuales, una de ellas es colocándolo en un tren más moderno desde el que redescubre una vieja vía de tren que había construido. La mirada de Edgerton y una sutil y muy americana narración en off lo dicen todo.

La vida pasa. La película, por su lado, evita los discursos. Grainier es prescindible como leñador, como él podría haber otros seres humanos y, a la vez, ninguno. Esa cualidad, presente en casi todos nosotros, nos guste o no, es lo que hace especial a esta película y su protagonista

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