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Forbes Argentina
Lifestyle

La nueva barra: del cóctel a la experiencia gastronómica

Pancho Barreiro

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La integración entre cocina y barra redefinió la forma de salir en Buenos Aires. Bartenders y chefs diseñan propuestas en conjunto, para que el comensal deposite su confianza en quienes están del otro lado del mostrador.

20 Julio de 2026 18.00

Hubo un tiempo en que la noche porteña era un mapa de postas obligatorias: un aperitivo para arrancar, una mesa en algún restaurante y un bar oculto para el cierre, todo en diferentes lugares. Hoy, el público cambió ese movimiento constante por la intensidad de la permanencia. Salir ya no es acumular locaciones en el GPS; es elegir un mostrador, cruzar la mirada con quien está del otro lado y dejarse llevar.

En este nuevo escenario, los grandes nombres que le dieron identidad internacional a Buenos Aires —desde pioneros como Gran Bar Danzon o 878 hasta hitos como Florería Atlántico o Presidente Bar— sentaron las bases para una nueva camada de espacios. Lugares donde la coctelería no acompaña a la cocina, sino que convive con ella en igualdad absoluta, y donde el comensal se entrega a una de las prácticas más importantes de la hospitalidad moderna: la confianza.

El diálogo a dos bandas

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Mona Gallosi, bartender y dueña de Punto Mona.

La comunión entre los fuegos y el cristal dejó de ser una excepción para transformarse en la norma de proyectos con identidad. Mona Gallosi, una de las figuras clave en la madurez de nuestra coctelería y alma máter de Punto Mona, lo entiende como una sinergia natural.

"Actualmente, la barra y la cocina funcionan en un diálogo permanente. En muchos casos, los cócteles se desarrollan para acompañar los platos, buscando equilibrar grasas, acideces y especias a través de la bebida. Pero el proceso también puede darse a la inversa". Según Gallosi, es un trabajo en equipo que comparte desde técnicas de clarificación hasta insumos específicos, unificando el perfil de sabores bajo una misma propuesta conceptual.

En Costa7070, el espacio comandado por Inés de los Santos, el camino se traza desde el plato hacia la copa, buscando una sintonía fina y elegante. "Pensamos primero en la gastronomía y después junto al equipo de barra pensamos en coctelería que pueda acompañarla", define, apostando fuertemente por opciones de menor graduación alcohólica y estructuras de base vínica que complementen la propuesta culinaria sin saturar la experiencia.

Santiago Lambardi, bartender y socio de Hierro Bodegón, aporta la mirada de un oficio que lleva 28 años puliendo: "Por lo general, en un restaurante lo que prima es la cocina. Tanto la cocina como la barra tienen la independencia de pensar sus creaciones, pero hay una línea que el lugar ya tiene conversada desde su identidad". Para Lambardi, el cruce perfecto llega cuando cada sector aporta su impronta a la carta, logrando combinaciones de alto impacto.

El clásico como declaración de principios

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Inés de los Santos, Costa7070

A diferencia de lo que ocurría en las cartas de los años noventa, hoy es cada vez más difícil encontrar una sección exclusiva para los cócteles clásicos. Pero no porque hayan perdido terreno, sino porque su presencia en la barra se da por sentada. Son el cimiento invisible sobre el que se construye el prestigio de una barra.

"Los cócteles clásicos siempre ocupan un lugar importante en nuestras barras, si bien yo nunca los pongo en los menús, para mí arman el estandarte de calidad de los bares", dispara Inés de los Santos. Mientras las creaciones propias marcan personalidad a cada lugar, el Negroni, el Espresso Martini y el clásico Gin Tonic lideran de forma inamovible al frente de los pedidos cotidianos.

Mona Gallosi coincide en que la tradición es la regla con la que se mide el pulso de un equipo: "El Negroni —al igual que el Old Fashioned— es indispensable, ya que funciona como una medida del nivel técnico de la barra: una correcta ejecución transmite confianza en toda la propuesta". Es esa confianza la que le permite al cliente transitar luego hacia opciones más intensas como el Penicillin, o entregarse a los perfiles frescos.

Esa madurez del consumidor local también abrió el juego a la revalorización de lo propio. Santiago Lambardi destaca cómo el público actual incorporó conocimiento sobre bebidas espirituosas y destilados, lo que generó fenómenos impensados en otras épocas. En Hierro, junto a reversiones de la casa como el Hierroni, el gran protagonista de la temporada terminó siendo el Pisco Sour, elaborado con pisco de producción nacional.

Santiago Lambardi, bartender y socio de Hierro Bodegón
Santiago Lambardi, bartender y socio de Hierro Bodegón

La psicología detrás del mostrador

El verdadero cambio de paradigma en esta forma de vivir la noche se da cuando el cliente decide anular su propio “libre albedrío” y sentarse en la barra dispuesto a dejarse llevar. Es un instante de vulnerabilidad sibarita que requiere una precisión quirúrgica por parte del bartender.

"Antes de recomendar un cóctel, lo primero es conocer las preferencias del comensal mediante algunas preguntas simples", explica Gallosi. El “protocolo” implica indagar en los perfiles de cabecera (dulce, amargo, cítrico o seco), el destilado predilecto y el menú elegido. Para el arranque, la sugerencia suele ser unánime: un aperitivo fresco o un highball cítrico ideal para abrir el apetito y preparar el paladar.

Sin embargo, la alta coctelería actual sabe que el sabor es sólo la mitad de la ecuación. La otra mitad es puramente emocional. Inés de los Santos rompe el hielo de la consulta técnica para entrar en el terreno de la hospitalidad intuitiva: "Yo siempre pregunto qué te gusta tomar y sobre todo ‘¿Cómo fue tu día?’ Porque los cócteles no son solo dulces, ácidos o frutales; tienen que ver con el momento, la compañía y el estado de ánimo".

Al final del día, la verdadera vanguardia no está en la complejidad de un ingrediente exótico, sino en la capacidad de leer a quien se tiene enfrente. La barra puede ser el centro de la escena, pero la hospitalidad siempre es quien prima en la mirada del comensal.
 

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