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Costantini pagó US$ 35 millones por un cuadro de Frida Kahlo, el más caro del arte latinoamericano

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Diego y yo es la obra más cara de un artista latinoamericano vendida en una subasta, superando al anterior que poseía el récord, de Diego Rivera, Baile en Tehuantepec, que en 2016 había sido adquirida en US$ 15,7 millones.

17 Noviembre de 2021 08.05

El coleccionista y empresario argentino Eduardo Costantini, fundador del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), desembolsó US$ 34.883.000 en una subasta celebrada anoche por la firma Sotheby's en Nueva York para quedarse con Diego y yo, una obra de la artista mexicana Frida Kahlo que se convirtió en la más cara del arte latinoamericano luego de destronar a Baile en Tehuantepec, un cuadro de su compatriota y compañero de vida Diego Rivera que en 2016 había sido adquirido también por Costantini en US$ 15,7 millones.

Uno de los últimos autorretratos de la artista mexicana Frida Kahlo rompió varios récords en el mercado del arte ayer cuando se vendió por US$ 34,9 millones, el precio más alto jamás realizado por obras de arte de un artista latinoamericano en una subasta.

"Esta es una de las obras más importantes de Kahlo en subasta", dijo Oliver Barker, subastador y director senior de Sotheby's, al abrir la licitación.

El subastador Oliver Barker, presidente de Sotheby's Europe, vende un autorretrato de Frida Kahlo por US$ 34,9 millones. (Julian Cassady/SOTHEBY'S/Handout via REUTERS ATTENTION EDITORS - THIS IMAGE HAS BEEN SUPPLIED BY A THIRD PARTY).

Diego y yo es un intenso autorretrato de la artista con una imagen de su esposo y compañero, el muralista mexicano Diego Rivera, pintada en su frente mientras las lágrimas corren por sus mejillas y su largo cabello rodea su cuello, casi en un estrangulamiento.

Se trata de uno de los últimos retratos característicos que Kahlo pintó de sí misma a lo largo de su carrera, dijo la casa de subastas Sotheby's, y se completó en 1949 cuando Rivera tenía un romance con la actriz de cine mexicana María Félix, una amiga de Kahlo.

El autorretrato de Kahlo es también la segunda obra de arte más cara de una artista femenina, después de Jimson Weed / White Flower No. 1, de la pintora estadounidense Georgia O'Keeffe, que se vendió por US$ 44,4 millones en 2014.

Diego y yo también marca un nuevo récord de artista, con el precio final siendo más de cuatro más alto que el cuadro más caro de Kahlo, Dos desnudos en el bosque (La tierra misma) que se vendió por $ 8 millones en 2016.

Eduardo Costantini, fundador del Malba, se quedó con la obra Diego y yo.

La identidad del comprador fue revelada por la casa de remates en su cuenta oficial de Twitter, en la que definió a Costantini como "un coleccionista de renombre con un compromiso de larga data de apoyar el arte y los artistas latinoamericanos", una caracterización que tiene correlato en una estudiada selección de piezas donde sobresalen nombres como los de Xul Solar, Antonio Berni, Tarsila do Amaral, Ramón Gómez de la Serna y Wifredo Lam.

El fundador del Malba pujó telefónicamente para quedarse con Diego y yo, considerado el último autorretrato de Kahlo entre los muchos que pintó en este formato: el empresario cuatriplicó el anterior máximo histórico de la propia pintora mexicana de US$ 8 millones logrado en 2016 y con esta adquisición se convirtió en propietario de las dos obras de arte más caras de la región.

Detrás de esta apuesta por las producciones más cotizadas de la producción latinoamericana se oculta una historia de frustración y revancha que remite al surgimiento de la vocación coleccionista de Costantini, quien allá por 1995 debió optar por uno de los dos integrantes del matrimonio de artistas en una subasta celebrada también por la casa Sotheby's: sin dinero suficiente para llevarse el dúo de obras que lo había deslumbrado, decidió comprar el Autorretrato con loro y chang, de Kahlo, por el que pagó US$ 3,1 millones, y dejó escapar Baile en Tehuantepec, de Rivera.

La obra del muralista fue a parar entonces a otras manos, pero dos décadas después el fundador del Malba no dejó escapar una segunda oportunidad y compró el lienzo por  US$ 15,7 millones, una cifra récord que ahora queda eclipsada por el salto cualitativo que dio el cuadro de la pintora de Coyoacán.

Diego y yo es una obra de pequeñas dimensiones (mide 30 centímetros de alto y 22,4 de ancho). Con ella, Kahlo se había convertido en la primera artista plástica latinoamericana en superar el umbral de US$ 1 millón cuando se vendió por US$ 1,4 millones en un remate realizado en 1990.

Diego y yo, de Frida Kahlo.



Tres décadas después regresó al mercado con un valor casi 25 veces superior al de su última aparición y al mismo tiempo con el envión suficiente para desplazar doblemente a Rivera del ranking de obras mejor valoradas, que perdió el podio consolidado con Los rivales -vendida en US$ 9,8 millones en mayo de 2018 por la casa Christie's- y el mencionado Baile en Tehuantepec.

La obra subastada anoche pertenecía al magnate inmobiliario Harry Macklowe y a su esposa Linda, una experta en arte que trabaja en el consejo de administración de la Fundación Guggenheim. Se separaron en 2016, después de 57 años de matrimonio. Un juez dictaminó que las propiedades de la pareja, con un valor aproximado de US$ 2.000 millones, deberían dividirse por la mitad. De ahí la decisión de vender el cuadro de la pintora mexicana.

Antecedentes clave

Kahlo es una de las pintoras más reconocidas de todos los tiempos. Aunque murió en 1954, su trabajo ganó popularidad décadas más tarde junto con el advenimiento del movimiento feminista en la década de 1970. 

La artista mexicana vivió la mayor parte de su vida con un dolor crónico originado en un caso de polio en la infancia y en sobrevivir a un horrible accidente de autobús cuando era adolescente. Kahlo completó aproximadamente 200 pinturas, bocetos y dibujos durante su vida. Muchos de ellos lidian con el dolor, junto con cómo la cultura mexicana y las tradiciones indígenas del país se cruzan con el colonialismo, el género y la clase.

Diego y yo es el último autorretrato de una década en la que dio lugar a obras conmovedoras y lacerantes, en esa intersección tan apretada entre arte y biografía que la volvió tan singular, con obras como Autorretrato con collar de espinas y colibrí (1940), La columna rota (1944) y Autorretrato como Tehuana, también conocida como Diego en mis pensamientos (1943).

*Con información de Forbes US, Reuters y Télam (texto de Julieta Grosso)

 

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