El final de Lionel Scaloni no se explica por una ruptura con los jugadores ni por el fracaso de un proyecto deportivo. Tampoco responde a una pérdida de autoridad. Para Juan Pablo Varsky, la causa fue mucho más excepcional. El entrenador se vació porque condujo durante ocho años un ciclo que alcanzó casi todos sus objetivos y cerró con un Mundial 2026 de enorme exigencia física y emocional.
“Es el final de un ciclo. Ya nada más queda”, afirmó Varsky en la editorial que publicó en su canal de YouTube, Clank. Su lectura parte de una paradoja. Los procesos suelen terminar cuando desaparecen la confianza y el convencimiento. El de Scaloni llegó a su límite por la razón opuesta. “Fue el ciclo más importante de la historia del seleccionado argentino”, sentenció el periodista.
Fueron ocho años con cifras difíciles de discutir. A partir del punto de inflexión de la Copa América 2019, la Argentina disputó 93 partidos, ganó 70, empató 16 y perdió apenas 7. En ese recorrido levantó la Copa América 2021, la Finalíssima 2022, el Mundial de Qatar 2022 y la Copa América 2024. El desenlace llegó con el subcampeonato mundial de 2026, después de siete triunfos consecutivos en el torneo.
Un interino que asumió bajo sospecha
Para comprender la dimensión del liderazgo de Scaloni, Varsky se remontó a 2018. La Selección acababa de sufrir un Mundial traumático en Rusia y quedó eliminada tras perder 4 a 3 contra Francia.. La estructura deportiva entró en una etapa de incertidumbre y la AFA necesitó un técnico para los amistosos ante Guatemala y Colombia. Scaloni venía de ganar el torneo de L’Alcúdia con la Sub-20. Claudio Tapia lo llamó y el entrenador aceptó. Junto con Pablo Aimar preparó la primera convocatoria de un interinato que, en principio, parecía tener fecha de vencimiento.
Aquel punto de partida expuso una de las principales virtudes del entrenador. Scaloni aceptó una tarea con escaso respaldo público, pocas certezas institucionales y una Selección que necesitaba recuperar identidad. Tras seis partidos, César Luis Menotti, entonces director de Selecciones Nacionales, recomendó su contratación definitiva. Sin embargo, la confianza de un prócer del fútbol argentino no bastó para que el escepticismo reinara en torno a la figura de Scaloni.
“Había, por supuesto, mucha desconfianza e incertidumbre respecto de cómo se podía comportar”, reconoció Varsky. Según explicó, una parte de esas dudas podía expresarse con respeto, aunque también aparecieron “otras críticas más crueles que tienen que ver también con esta época de todos enojados”.
Ganar después de ganar
El primer tramo tuvo golpes fuertes. Argentina perdió contra Venezuela en Madrid y comenzó la Copa América 2019 con una derrota por 2 a 0 ante Colombia. Frente a Paraguay apareció una primera señal. Varsky recordó “el partido con Paraguay en el que va perdiendo” y destacó una decisión que anticipó el equipo que vendría después. “Ese es el punto de partida de la Selección tal cual la conocemos”, sostuvo Varsky.
El rasgo distintivo de la mano de Scaloni fue la capacidad de volver a ganar después de cada conquista. “Ganó la Copa América del 21, la Finalíssima del 22, el Mundial de Catar, la Copa América del 24, o sea, también fue ganar después de ganar”, remarcó Varsky. Incluso la última derrota ocurrió “después de haber ganado los 7 partidos anteriores”.
Su veredicto sobre el lugar histórico del equipo resultó categórico. “Es sin dudas la mejor selección de la historia, no es la primera vez que lo digo”, sostuvo. Después de comparar este período con los campeones de 1978 y 1986, volvió a remarcar su postura. “Es la mejor selección de la historia”.
El Mundial 2026 que vació al líder
Antes de la última Copa del Mundo, las convocatorias de jóvenes como Valentín Barco y Nicolás Paz permitían pensar que Scaloni preparaba el recambio posterior a Messi. El plantel, a la vez, conservó a 17 de los 26 campeones de Qatar. “Ya se había hablado de una posible renovación hasta 2030”, recordó Varsky. Algunos movimientos durante la preparación del Mundial y las incorporaciones de nuevos futbolistas “daban a entender que Scaloni estaba ilusionado con el post-Messi”.

La competencia alteró ese plan. El recorrido consumió las últimas reservas emocionales del entrenador. Varsky lo expresó como una señal que apareció durante el torneo: “Pero este Mundial lo fue vaciando, se fue drenando”. Luego profundizó su interpretación. “Y yo creo que el Mundial, la dinámica misma de esta Copa del Mundo lo fue vaciando a Scaloni”. La intensidad y la carga emocional marcaron la diferencia. “Quizás otro Mundial con otra dinámica y con menos intensidad y menos contenido emocional no lo hubiera vaciado. Pero este lo vació”.
El legado de una cultura de equipo
El legado de Lionel Scaloni no quedó limitado a los cuatro títulos, la final del Mundial 2026 o la marca de 70 triunfos en 93 partidos. Para Juan Pablo Varsky, su aporte más profundo fue la construcción de una cultura que volvió a colocar al equipo por encima de las individualidades y que condicionará a quien asuma la conducción de la Selección Argentina.
Esa cultura se expresó en la integración de jugadores nuevos, en la aceptación de distintos roles y en una idea de pertenencia que sobrevivió a los cambios de nombres y sistemas. El equipo no dependió de una única formación ni de un esquema inalterable. Scaloni modificó defensas, alternó delanteros y adaptó el mediocampo según cada rival. Lo que permaneció fue una conducta colectiva. La Selección mantuvo su compromiso, su resistencia ante los momentos adversos y una relación interna que protegió al grupo de los golpes externos.
“Gracias a esta Selección y gracias a Scaloni. Más allá del último partido, e incluso con todo lo que implicó ese encuentro, hubo decisiones que tomó desde el corazón y desde su costado humano. El Gringo de Pujato es así”, expresó Varsky. Es que Scaloni dirigió con criterios futbolísticos, pero también tomó decisiones ligadas a los vínculos, la confianza y el conocimiento personal de sus jugadores. Esa forma de conducir apareció incluso en el último partido. Varsky no presentó cada determinación del entrenador como una elección fría o puramente táctica. Las interpretó como parte de una identidad que Scaloni nunca abandonó, ni siquiera frente a la presión de una final mundialista.

Varsky también destacó que esa obra superará la permanencia del propio entrenador. “Y cuando se crea una cultura, resulta mucho más fácil para quien llega después empezar a moldear el equipo, más allá de su propia impronta”. El futuro conductor no recibirá un plantel vacío ni deberá reconstruir la identidad desde el comienzo. Heredará reglas internas, referentes, hábitos de trabajo y una manera de representar a la Selección. Tendrá margen para introducir sus ideas, pero deberá comprender una estructura que nació durante el ciclo de Scaloni y que los jugadores transformaron en propia.
La continuidad contractual tampoco modifica esa lectura. “Scaloni se comprometió a cumplir los seis meses que le quedan de contrato. Pero, pase lo que pase, la cultura está por encima”, sostuvo Varsky. “Será su sucesor quien deba adaptarse a esta cultura de Selección, marcada por el sentido de pertenencia, los valores, la deportividad, la rebeldía ante la adversidad y el odio a perder”.
Allí emerge, quizás, la dimensión más duradera del legado de Scaloni. El entrenador escribió la historia más rica de la Selección, pero también forjó una estructura que puede sobrevivirlo. Creó una manera de competir y de relacionarse que quedará como punto de partida para la próxima etapa.