Durante años, el sistema de cobros en Argentina estuvo dominado por una lógica simple: efectivo, tarjetas y bancos. Pero esa estructura terminó de romperse. Hoy las PyMEs operan en un ecosistema mucho más fragmentado, dinámico y tecnológico, donde conviven transferencias, QR, links de pago, fintechs y múltiples adquirentes en simultáneo.
Esa es una de las principales conclusiones que surge del nuevo informe sobre medios de cobro elaborado por Getnet y Somos PyMEs, que analiza cómo cobran actualmente las pequeñas y medianas empresas argentinas y hacia dónde evoluciona el negocio financiero.

El dato más contundente del estudio revela que la transferencia bancaria ya se consolidó como el medio de pago preferido tanto en operaciones presenciales como online. Un cambio estructural que refleja hasta qué punto las fintech transformaron el comportamiento cotidiano de empresas y consumidores.
El efectivo pierde centralidad
Aunque todavía mantiene una presencia alta, el efectivo dejó de ocupar el lugar dominante que tuvo históricamente. Según el relevamiento, el 82% de las PyMEs ya utiliza transferencias como método de cobro, por encima de tarjetas (74%) y efectivo (72%). A eso se suma una fuerte expansión del QR, utilizado por el 58% de los comercios, además de links de pago y soluciones contactless.
Pero el cambio más profundo no es únicamente tecnológico. Es cultural. La PyME argentina dejó de depender de una única plataforma financiera y pasó a operar con múltiples herramientas al mismo tiempo. El 68% de las empresas utiliza entre dos y cinco soluciones de cobro distintas según costos, promociones, velocidad de acreditación o preferencias del cliente. En otras palabras: la fidelidad de marca prácticamente desapareció. El criterio dominante hoy es eficiencia económica.

En ese contexto, un interrogatorio surge ante el cambio de efectivo por transferencias de cuenta a cuenta: ¿qué pasa con las comisiones y los pagos fiscales?. Desde el sector destacan que en parte se debe a un alto nivel de informalidad que aún existe en el comercio argentino. “Todavía hay un gran desafío en ese punto de los pagos digitales porque esas transferencias quedan fuera del sistema. Eso no quiere decir que sean necesariamente informales pero no es un pago con comisiones dentro del sistema”, explicaron los realizadores del informe.
El verdadero problema del sector: nadie entiende cuánto paga
El informe también expone una de las mayores debilidades estructurales del negocio financiero argentino: la falta de claridad en los costos.
Las PyMEs identifican fuertes dificultades para comprender:
- comisiones,
- cargos financieros,
- costos de cuotas,
- retenciones,
- impuestos,
- y costos de anticipación de cobros.
En un contexto de márgenes ajustados, esa complejidad se volvió central. De hecho, el estudio muestra que muchas empresas prefieren resignar velocidad de acreditación a cambio de pagar menos comisión. Solo un tercio prioriza cobrar inmediatamente.
La señal es clara: el mercado PyME argentino es extremadamente sensible a pricing. Para bancos, fintechs y adquirentes, eso abre una nueva etapa competitiva donde la transparencia podría convertirse en una ventaja comercial tan importante como la tecnología.

La próxima gran batalla: inteligencia artificial y “pagos agénticos”
El informe también permite anticipar hacia dónde se mueve la industria. Nueve de cada diez PyMEs consideran útil incorporar herramientas de inteligencia artificial a su operatoria financiera. Las funciones más demandadas incluyen conciliación automática, reportes inteligentes, detección de fraude, automatización administrativa y predicción de flujo de caja.
El concepto emergente es el de “pagos agénticos”: sistemas capaces de ejecutar tareas operativas de forma autónoma, sin intervención manual.
Sin embargo, existe una contradicción importante. Aunque las PyMEs muestran entusiasmo por la automatización, la infraestructura tecnológica todavía está atrasada: más de la mitad no posee integraciones y apenas una minoría conecta sus sistemas de cobro con ERP o software de gestión. Es decir, la demanda de IA avanza mucho más rápido que la digitalización real de las operaciones.