Gustavo Salinas, Presidente de Toyota: "En un futuro será posible volver a vender un millón de autos"
La cabeza de Toyota Argentina explica cómo la marca logró liderar la producción, las ventas y las exportaciones de vehículos en el país, y de qué manera se prepara para sumarse a los nuevos paradigmas de movilidad y electrificación.

La planta industrial de Toyota en el partido bonaerense de Zárate cumplió 25 años. Comenzó con 10.000 unidades anuales de la pickup Hilux y cerró 2022 como la principal terminal automotriz de la Argentina en producción, ventas y exportaciones. A lo largo de estos años, hubo un proceso de crecimiento no solo en volumen sino en aprendizajes y comprensión del mercado local y regional que le permitirán concretar el hito de operar las 24 horas con un tercer turno de trabajo.

Gustavo Salinas, licenciado en Administración de Empresas de 56 años, asumió hace pocos meses la presidencia de la compañía y con ella la responsabilidad no solo de extender ese legado de liderazgo, sino de profundizar la difusión de las nuevas motorizaciones de los vehículos en el país, y de entender y guiar a la filial de la marca japonesa hacia las tendencias globales de la industria sobre los nuevos conceptos de movilidad y de transformación tecnológica, en su innovación más profunda en los últimos 100 años.

Con 26 años de experiencia en la firma -ingresó en 1996, un año antes de la inauguración de la fábrica de Zárate-, Salinas analiza la evolución de la marca, la adaptación a las distintas épocas y coyuntura de la economía local, la integración regional y su visión de una industria que debe transformarse para no quedar afuera de la nueva ola.

Toyota arranca 2023 con un hito histórico para la marca en el país. ¿Cómo se llega al tercer turno de trabajo en la planta de Zárate?

A partir de enero comenzamos un tercer turno de producción, por primera vez en la historia de Toyota en la Argentina. Tiene que ver con la demanda creciente de nuestros productos, tanto la Hilux como las SW4, en toda la región de Latinoamérica. La pickup es un modelo muy utilizado por las características de las economías tanto en Sudamérica como en Centroamérica y el Caribe.

Gustavo Salinas, Presidente de Toyota Argentina.

Venimos creciendo mucho en la demanda y nunca pudimos abastecerla 100% a pesar de que hemos ido creciendo en términos de producción. Confirmamos la demanda en la región durante el último trimestre del año y, más allá de las vicisitudes políticas y económicas en determinados países, esta va a estar acorde a esa posibilidad de suministrar vehículos. Es un gran desafío porque es trabajar las 24 horas con esquemas de trabajo consensuados con el sindicato y con el personal, y ya están dadas todas las condiciones.

¿Eso qué significa en producción y empleo?

Permitirá ampliar nuestra capacidad de producción a 182.000 unidades. Es un volumen récord y requiere para este tercer turno una dotación adicional de 2.000 personas, que incorporamos gradualmente desde mayo. Ese proceso fue hecho de manera tal de poder ya estar preparados para comenzar el tercer turno. En ese sentido, trabajamos con las comunidades aledañas a Zárate para poder captar gente cercana a la planta y veníamos trabajando con el municipio en distintos programas, lo que permitió ir formando a personas que no han tenido la oportunidad de finalizar el ciclo secundario.

¿Cómo fue el año para la marca en un mercado local que terminó por sobre las 400.000 unidades vendidas?

Si uno tiene que asociar alguna palabra a lo que fue el desarrollo del negocio de Toyota en la Argentina, es crecimiento. Hemos ido creciendo paulatina pero sostenidamente todos los años, y 2022 no fue la excepción. Terminamos produciendo cerca de 168.000 unidades y exportando prácticamente 135.000 vehículos -más del 80% de nuestra producción se exporta a toda Latinoamérica-.

Planta de Toyota en Zárate.

Con ventas de 90.000 unidades también alcanzamos el liderazgo del mercado doméstico, pero volviendo a reiterar esa posición del liderazgo en producción y en exportación. Eso para nosotros lo que tiene como connotación no es tanto el resultado de un número en sí mismo, sino básicamente entender y reconocer la confianza que los clientes de todas las regiones de la Argentina depositan en Toyota y en los productos y servicios que les brindamos.

¿Cómo se logró atravesar ese crecimiento sostenido de los últimos 25 años en un contexto complejo, con incertidumbres y con cambio de reglas?

Lo primero es tener siempre una visión de largo plazo más allá de la coyuntura. Tomar decisiones pensando qué es lo que el día a día requiere, pero sin perder de vista el largo plazo. En función de eso también está el hecho de haber desarrollado desde el inicio un modelo de negocio y un desarrollo de compañía de Toyota pensado con un enfoque regional y no solamente local. Eso nos permitió sobrellevar a lo largo de estos 25 años las distintas fluctuaciones políticas y económicas en Latinoamérica, no en la Argentina necesariamente.

¿Cómo observa el dinamismo de la industria automotriz en el país, uno de los mayores complejos exportadores?

Con mucho optimismo. Hace dos o tres años se empezó a trabajar en conjunto -proveedores, sindicatos, gobierno- para pensar qué industria se quería tener a futuro, cómo desarrollarla y no solo hacerla crecer con respecto al mercado doméstico, sino que trascendiera las fronteras y que pudiera exportar cada vez más. Eso generó una plataforma donde el sector está yendo en ese camino en beneficio de todos, porque una industria más fuerte hace tener una red de proveedores más sólida, que puede abastecer distintos proyectos que tengamos entre todas las terminales y que en definitiva va potenciando la capacidad argentina para ser un centro de exportación.

 

El hecho de haber encontrado los objetivos comunes que tenemos, los intereses para trabajar juntos, ya está mostrando los resultados: uno mira la producción nacional sobre el total de mercado de 2022 y ha ido creciendo, las exportaciones van creciendo, así que en ese relacionamiento de comunicación que estamos teniendo todos los actores tenemos un panorama por delante muy provisorio.

¿Cómo sobrellevaron el último año cuestiones macro como la inflación, restricciones de acceso al MULC, demoras en las importaciones y abastecimiento de insumos?

Tuvimos muchos desafíos. El primero tiene que ver con el suministro de piezas a nivel global que toda la industria tuvo que enfrentar, donde cada marca ha tenido diferentes problemas. En nuestro caso, si bien hemos tenido algún inconveniente, fue menor y fundamentalmente no nos interrumpió la producción de forma severa. Lo cierto es que la industria global todavía no termina de recuperar totalmente el suministro -y no sé si en 2023 estará completamente resuelto-.

En Toyota no tuvimos interrupción de producción por faltante de partes o de inconvenientes de importación. Tenemos una balanza comercial positiva con respecto a nuestra relación de exportaciones e importaciones, con lo cual nunca tuvimos ningún impedimento. Nos fuimos acomodando a las distintas normativas, entendiendo que todos queremos promover la producción y la exportación. El Gobierno fue claro en el sentido de que va a apoyar todo lo que sea necesario para contar con los recursos disponibles para producir y exportar de acuerdo con nuestros planes.

Imagen de la planta de Toyota desde arriba.

¿Ese objetivo que hace poco la industria alentaba de alcanzar un millón de unidades aún es una utopía alcanzable?

Creo que es posible. Con esa visión de largo plazo seguimos pensando en un futuro con ese mercado de un millón de unidades y que la industria argentina pueda producir ese volumen, también considerando entre lo que tiene que importar y exportar. Va a llevar un tiempo, hay situaciones públicas en términos de la macro que hay que ir acomodando sobre las cuales se está trabajando. Pero, si uno mira la población argentina, el nivel de motorización que tiene y la potencialidad, en la combinación de esos factores vamos a encontrar una lógica de pensar que la Argentina sí puede llegar a ser un mercado de un millón de unidades.

“Con el tercer turno de producción vamos a ampliar nuestra capacidad de producción a 182.000 unidades. Es un gran desafío, porque es trabajar las 24 horas”.

Gustavo Salinas, Presidente de Toyota.

Mirando el mercado externo, ¿qué tan competitivo es el producto argentino para la exportación y qué le falta al sector para dar el salto cuantitativo?

Hay que partir de la premisa de que para ser una empresa exportadora tiene que ser competitiva globalmente, porque un cliente del exterior va a demandar los productos en la medida en que la calidad y el costo sean por lo menos equivalentes a lo que podría tener con cualquier otro origen, y además le dé un nivel de servicio de atención superior. Esa es la ecuación sobre la cual trabajamos.

“La competitividad deja márgenes mínimos en la exportación, no es un negocio de rentabilidad como tal”, dice Gustavo Salinas.

Para lograr esa competitividad hay que mejorar permanentemente en términos de eficiencia de costos: no gastar en nada que no genere realmente valor. Aplicamos un concepto muy básico que es gastar como si fuera el dinero en tu vida familiar.

La competitividad deja márgenes mínimos en la exportación, no es un negocio de rentabilidad como tal, pero sí en la estrategia de mercado externo e interno y es fundamental para sostener nuestro crecimiento. Dentro de eso está la eficiencia en productividad, en las que llamamos las actividades de Kaizen de mejora continua, donde es fundamental el aporte de cada persona para entender cómo mejorar los procesos y cómo hacer más cosas en menos tiempo.

El mundo viene discutiendo nuevos conceptos de movilidad. ¿Hacia dónde evoluciona la industria y cómo puede incorporarse la Argentina a ese nuevo paradigma?

Toyota está en la dirección global de transformarnos en una compañía de movilidad. Esto significa, además de fabricar autos y comercializarlos, brindar soluciones de movilidad que pueda requerir cualquier tipo de cliente -personas físicas, flotas, compañías-, que no necesitan disponer de un auto permanentemente, sino que tienen necesidades puntuales para utilizar algún vehículo. Junto con la red de concesionarios presentamos en 2018 el Servicio de Movilidad de Toyota, que luego se transformó en lo que es hoy globalmente la marca Kinto. Hoy cualquier persona puede, mediante un aplicativo en el teléfono, reservar un vehículo, retirarlo en algún concesionario o que se lo lleven y alquilarlo por hora, por día, por la necesidad que tuviera.

La industria tiene grandes desafíos por delante en cuanto a la electrificación…

La industria está trabajando en estos cambios que tienen que ver con la tecnología en términos de la motorización de los vehículos. Toyota fue pionero en la Argentina al introducir en 2010 el Prius con la intención de que se comenzara a conocer la tecnología híbrida, y fuimos creciendo con la idea de acompañar el desarrollo que tuviera el país.

En 2022, más del 85% de los vehículos electrificados que se vendieron en la Argentina fueron Toyota.

En 2022, más del 85% de los vehículos electrificados que se vendieron en la Argentina fueron Toyota y, si agregamos Lexus, es más del 90%. Cuando hablamos de electrificación y las tecnologías nuevas, hoy el mundo está avanzando con múltiples tecnologías disponibles. Lo que estamos haciendo es avanzar sobre todas ellas para ofrecerlas en la medida en que cada mercado y cada región se vaya acomodando.

¿Qué capacidad tendrá la industria local de acompañar esa transformación productiva?

Hay una gran responsabilidad no solo de las terminales, sino de los actores que trabajan para hacer crecer la industria, de seguir trabajando para poner a la Argentina al nivel y a los tiempos en los cuales la industria global se desarrolla. Lo primero es seguir desarrollando el mercado de vehículos electrificados en Argentina, porque difícilmente se pueda tener producción si no hay demanda y condiciones para eso. En Toyota trabajamos en tener una línea de vehículos electrificados a futuro que acompañe esa demanda, en diálogo con los actores de la matriz energética de Argentina, la infraestructura, la logística y la disponibilidad de esa energía.

Y desde las terminales, con los sindicatos y con los proveedores, para ver cómo logramos ser eficientes también en producir los vehículos de alta tecnología. Pero es un camino obligado que va a ocurrir y que claramente tenemos que trabajar con mucha responsabilidad, porque si no el riesgo es dejar a la Argentina como una industria orientada exclusivamente a motores de explosión que cada vez se van a ir haciendo menos en términos de la demanda mundial, y no podemos permitirnos eso.