La inteligencia artificial impulsa oportunidades en chips, memoria y equipos, mientras Intel aún enfrenta pérdidas, dudas operativas y una recuperación sin resultados concluyentes.
Distintos bancos de inversión estiman que las grandes plataformas digitales podrían destinar cerca de US$ 1 billón en inversiones de capital hacia 2027, una cifra sin precedentes.
Valuaciones exigentes obligan a revisar expectativas, diversificar carteras y medir riesgos ante posibles decepciones corporativas, inflación persistente y menor impulso bursátil.
Marina Simian y Adriana de Siervi investigaron el cáncer durante años. En 2021 fundaron una empresa para llevar ese trabajo al mercado: un análisis de sangre que detecta los principales tipos de cáncer en etapas tempranas. El primer test, para cáncer de mama, sale este año.
Con una caja importante por el boom de los tratamientos contra la obesidad, compra la biotech AtaiBeckley respaldada por Peter Thiel. El deal la posiciona fuertemente en el desarrollo de medicamentos de salud mental y suma otro motor para su crecimiento.
La demanda por presunto robo de secretos comerciales expone los riesgos de compartir talento, procesos e información sensible con proveedores de inteligencia artificial que luego pueden competir en el mismo mercado.
El gigante de la IA está apostando fuerte por el sector sanitario, lanzando tres nuevos productos en los últimos seis meses. Pero necesita asegurarse de que ChatGPT sea lo suficientemente preciso para los millones de personas que ya lo utilizan para obtener consejos de salud.
En plena expansión de los agentes autónomos dentro de las empresas, el desafío ya no pasa solo por acelerar procesos: también exige controles, límites y responsables humanos para evitar que una falla tecnológica termine convertida en un vacío de gobierno corporativo.
Después de ver más de 40.000 proyectos e invertir en algunas de las startups más relevantes del continente, el empresario argentino revela cómo se detecta talento en Kaszek, qué errores todavía pesan en los pitches y por qué la Argentina vuelve a estar en el radar del capital emprendedor.
Tim Draper apostó por SpaceX y Tesla cuando pocos veían futuro. Su historia muestra cómo nacen grandes fortunas: con convicción, pérdidas tempranas y apuestas contra todo consenso.
La inteligencia artificial ya llegó a los directorios de las empresas argentinas. Por qué el éxito de su implementación no depende de la billetera, sino del orden de los procesos y los datos.
En Aspen, el multimillonario Peter Thiel acusó al Papa León XIV de “trabajar para los comunistas chinos” por su encíclica sobre inteligencia artificial, mientras advertía sobre una “toma democrática-socialista” del Partido Demócrata y defendía un modelo de poder repartido entre corporaciones tecnológicas y el Estado.
Prosus, la empresa de tecnología detrás de Despegar e iFood libera su plataforma de Inteligencia Artificial para el mercado corporativo y comercial de la región, permitiendo automatizar procesos sin necesidad de equipos técnicos.
Mientras las organizaciones tardan en reaccionar, los profesionales se cortan solos: en Argentina, el 49% ya usa herramientas de IA no autorizadas, según un informe de Thomson Reuters, que advierte que las empresas que no redefinan sus flujos de trabajo podrían perder una cuarta parte de su personal clave.
Con editores voluntarios en todo el mundo y donaciones pequeñas como base, la enciclopedia libre sostiene búsquedas, asistentes de voz y sistemas generativos, pero reclama apoyo a las tecnológicas que usan su contenido.
La infraestructura física detrás de la inteligencia artificial gana peso: reciclaje, cableado y energía solar muestran cómo la innovación industrial sostiene el avance digital.
Con solo 30 personas y US$ 80 millones de financiamiento, Video Rebirth se posiciona en la elite tecnológica con su plan para simular el mundo físico en tiempo real.
Transistores apilados en 3D, escala sub-1 nanómetro, hasta 50% más rendimiento y 70 % menos consumo: la apuesta apunta a abrir otra década para los semiconductores.
A medida que los algoritmos alteran la contratación, Forbes identifica diez instituciones públicas y diez privadas que adaptan sus aulas a las exigencias de empresas cada vez más selectivas.