Un informe de KELA detectó 2.860 millones de claves expuestas y advierte que los infostealers ya roban cookies de sesión, incluso en macOS, para esquivar la doble autenticación.
De la ambivalencia del "cazador" a la consolidación de una industria: por qué contratar hackers para atacar sistemas propios se convirtió en la prueba de fuego de la ciberseguridad moderna y cómo pasar de la reacción al diseño preventivo.
El episodio puso el foco en un problema menos visible y cada vez más urgente: ¿quién controla realmente el acceso a las herramientas más poderosas del sector?
La versión preliminar del modelo encendió alarmas en Estados Unidos y Europa por su aparente capacidad para explotar fallas de ciberseguridad desconocidas.
La empresa de ciberseguridad con inteligencia artificial Depthfirst consiguió US$120 millones en financiación para desarrollar una especie de "inteligencia de seguridad general" capaz de defenderse contra la IA maliciosa.
Firmas con hasta 249 empleados concentraron 63% de las filtraciones detectadas durante 2025 y acumularon 352 millones de registros expuestos, según Proton, que advierte sobre ataques más frecuentes y severos.
La investigación, aún en curso, apunta al grupo Sandworm, ligado a la inteligencia militar rusa, como responsable de vulnerar dispositivos mal configurados en la nube. L
La vulnerabilidad, detectada por un investigador apenas un día después del lanzamiento de Antigravity, expone riesgos graves en el uso de asistentes de programación automatizados. El hallazgo abre interrogantes sobre los controles internos y el apuro con que se publican herramientas de inteligencia artificial sin las defensas mínimas necesarias.
La inteligencia artificial se consolidó como una herramienta de doble filo; mientras los ciberdelincuentes la emplean para crear fraudes digitales cada vez más complejos, empresas y gobiernos la utilizan como instrumento de defensa para activos y usuarios.
Una investigación internacional reveló cómo miles de videos alojados en la plataforma fueron parte de una trama delictiva que ofrecía software trucho y "hacks" de juegos como señuelo. Los archivos descargados instalaban programas diseñados para vaciar billeteras virtuales, robar contraseñas y espiar el sistema de las víctimas.
Empresas locales avanzan con desarrollos propios para proteger datos sensibles, garantizar la continuidad operativa y reducir la dependencia de servicios importados.
Las promesas de productividad conviven con advertencias por vulnerabilidades graves. Un informe reciente detectó fallas que podrían abrirle la puerta a ataques con robo de datos y control remoto de cuentas.
Los ataques se volvieron tan veloces que, cuando las víctimas logran reaccionar, el dinero ya cambió de manos varias veces. Las nuevas soluciones apuntan menos a blindar y más a recuperar lo perdido en tiempo real.
La condena a Joe Sullivan, exjefe de seguridad de la empresa, encendió un debate sobre las responsabilidades legales de los ejecutivos ante una filtración y dejó una advertencia para quienes ocupan cargos de alta dirección.
En un contexto de escasez global de talento en ciberseguridad, la unión entre Ekoparty y Banco Galicia se consolida como una estrategia innovadora para sembrar vocaciones. A través de actividades prácticas y la conexión con la realidad de la industria, buscan nutrir a los futuros "hackers" con las habilidades técnicas y blandas que el mercado demanda.
El informe de Anthropic revela cómo las herramientas de inteligencia artificial pasaron de ser un recurso técnico a convertirse en cómplices activos de ataques sofisticados, reduciendo las barreras de entrada para estafadores sin formación especializada y potenciando delitos a gran escala.