El crecimiento de la producción, la incorporación de tecnología y la necesidad de desarrollar infraestructura marcaron la agenda del panel “Liderar el crecimiento: el desafío de las operaciones de litio en Argentina”, realizado ayer durante una nueva edición del Forbes Mining Summit. En una entrevista moderada por el periodista Fernando Heredia, Luciano Mancuso, gerente general de Operaciones Argentina en Rio Tinto Lithium, analizó la evolución de una industria que pasó de abastecer un mercado reducido a convertirse en una pieza estratégica para la electromovilidad y el almacenamiento de energía.
La historia de la compañía en el país comenzó con una experiencia pionera. “El proyecto Fénix fue el primer proyecto de litio del país, y el primero en el mundo en utilizar tecnología de extracción directa de litio, es decir que trabajamos con esa tecnología desde hace 30 años”, señaló Mancuso. Según explicó, la operación continúa utilizando la misma resina, aunque con distintas evoluciones, dentro de un proceso de absorción selectiva que permite separar el litio de otras impurezas presentes en las salmueras.
Desde aquel punto de partida, el mercado cambió de escala y amplió sus fuentes de demanda. “En aquel momento el mercado era chico, no se hablaba de electromovilidad, no existía la palabra. A lo sumo se hablaba de pilas recargables”, recordó. Hoy, además de las baterías destinadas a vehículos eléctricos, ganan terreno los sistemas estacionarios de almacenamiento de energía, impulsados por los centros de datos y las instalaciones de energías renovables. A futuro, Mancuso identificó a las baterías para robots como otro posible motor del negocio.
En ese escenario, la Argentina ocupa un lugar central dentro del portafolio de Rio Tinto Lithium. La empresa opera cuatro recursos distribuidos en cinco instalaciones industriales, entre ellos Fénix, Güemes, Sal de Vida y Rincón. “Estamos en pleno ramp up de la segunda línea de expansión de Fénix y del proyecto de Sal de Vida, y estamos en plena construcción del proyecto Rincón, que empezaría a producir el primer trimestre de 2028”, detalló. Con estas operaciones, la producción prevista para este año alcanza las 75.000 toneladas de carbonato de litio equivalente.
La hoja de ruta apunta ahora a duplicar ese volumen en un plazo de entre dos y tres años. El desafío no se limita a extraer el recurso: también exige desarrollar procesos capaces de alcanzar los estándares requeridos por los fabricantes de baterías. “La producción de litio de Argentina, aún cuando, en teoría, produzcamos productos primarios, genera un montón de valor agregado, hay un montón de tecnología, hay un montón de conocimiento local que se desarrolla”, sostuvo Mancuso.
El escenario comercial, sin embargo, todavía presenta fuertes oscilaciones. “El mercado del litio es un mercado inmaduro hoy, en muchos sentidos”, advirtió Mancuso. Los desacoples entre oferta y demanda, la volatilidad de los precios y la evolución constante de las baterías obligan a las compañías a revisar de manera permanente la calidad de sus productos. A eso se suma el peso de China, que domina buena parte de la demanda y cuenta con capacidad para refinar sales de litio de manera competitiva.
Frente a esa volatilidad, la eficiencia aparece como una condición para sostener las operaciones durante los ciclos de precios bajos. “La competitividad de costos es un requerido del negocio”, afirmó. El objetivo es ubicar los proyectos sudamericanos en el cuartil inferior de la curva global de costos. Para lograrlo, Rio Tinto trabaja sobre un modelo de excelencia operativa que integra seguridad, calidad, confiabilidad, sustentabilidad y eficiencia, además de transferir conocimientos y estandarizar prácticas entre plantas con diferentes niveles de madurez.
La infraestructura constituye otro de los límites para la próxima etapa de expansión. Hasta ahora, las mineras respondieron con soluciones individuales: mantenimiento de caminos, aviones para trasladar personal, gasoductos o conexiones eléctricas. Pero una industria de mayor escala requiere otro enfoque. “Se necesita socios estratégicos entre mineras, entre mineras y gobierno, con privados dispuestos a invertir, porque estamos hablando de grandes obras de infraestructura”, planteó Mancuso. El mismo desafío aparece en el talento, tanto para capacitar mano de obra local como para atraer y retener profesionales.
Pese a esos obstáculos, la compañía mantiene una perspectiva optimista sobre el país. “Hoy estamos destinando más de US$ 1.000 millones por año al negocio del litio”, indicó Mancuso. Para competir internamente por nuevas inversiones, los proyectos deben alcanzar una intensidad de capital cercana a US$ 30.000 por tonelada instalada, comenzar a producir dentro de los 30 meses posteriores a su aprobación y ubicarse en la zona más baja de la curva de costos. “Estamos muy cerca de conseguir eso, y, si encontramos el modelo de ejecución de proyectos que nos permita cumplir con esos parámetros, somos optimistas de que van a venir más inversiones”, concluyó.