El mercado de dispositivos de monitoreo remoto de pacientes fue calculado por la consultora Global Market Insights es US$ 26.200 millones en 2025 y proyecta que llegue a US$ 74.300 millones en 2035. Todo ese negocio está construido sobre hardware específico como oxímetros, smartwatches médicos, parches de telemetría y sensores de cama, entre otros.
Pero un nuevo desarrollo podría marcar un hito en todo lo relacionado con este mercado. Pulse-Fi es un sistema desarrollado por un equipo de la Universidad de California en Santa Cruz, liderado por la profesora Katia Obraczka, que detecta las variaciones que generan los latidos del corazón y los movimientos respiratorios sobre las ondas Wi-Fi presentes en el ambiente. Cuando esas ondas rebotan en el cuerpo, un modelo de inteligencia artificial procesa las oscilaciones para estimar en tiempo real la frecuencia cardíaca y el ritmo respiratorio. Es decir que no se necesita ningún dispositivo colocado en el cuerpo.
Hasta el momento, los científicos realizaron dos experimentos. En el primero, siete voluntarios se sentaron a distintas distancias de microcontroladores ESP32 que ejecutaban Pulse-Fi; los datos se compararon con oxímetros de pulso convencionales. En el segundo, más de 100 participantes fueron monitoreados en diferentes posiciones: sentados, de pie, caminando y corriendo. Los resultados, publicados en la Conferencia Internacional sobre Computación Distribuida en Sistemas Inteligentes e Internet de las Cosas de 2025, muestran una tasa de error inferior a 1,5 latidos por minuto, comparable a la de otros sensores de referencia.
El costo del hardware oscila entre US$ 5 y US$ 30 y, según declaró Obraczka a la prensa internacional, su idea es fundar una startup para comercializar la tecnología.
Viabilidad del negocio
En cuestiones vinculadas con la salud, la fiabilidad de las mediciones es crucial. Al ser consultado por Forbes Argentina, Adrián Charask, cardiólogo y miembro titular de la Sociedad Argentina de Cardiología, ve un potencial clínico concreto, aunque acotado.
El caso de uso más sólido que identifica es la fibrilación auricular (FA), una arritmia que multiplica por cinco el riesgo de accidente cerebrovascular y que, frecuentemente, pasa desapercibida porque no siempre genera síntomas evidentes. "Un sistema como Pulse-Fi sería valioso si logra reconocer una alteración nueva o un incremento súbito de la frecuencia y genera una alerta que motive una evaluación médica", explica, y aclara que esta solución podría usarse para detectar una anomalía que después se confirma con métodos convencionales, pero no para el diagnóstico.
Dentro de ese marco, el margen de error del sistema, que menor a 1,5 latidos por minuto, es adecuado para uso domiciliario. "En diagnósticos clínicos muy precisos aún se prefieren ECGs", aclara a Forbes Argentina Sergio Montenegro, especialista en Informática Médica y CEO de la plataforma Integrando Salud. La distinción que él hace es relevante porque Pulse-Fi no vendría a competir con el electrocardiograma hospitalario, sino que apunta a el monitoreo cotidiano y pasivo en entornos de baja complejidad.
Montenegro aporta además un dato que reordena la discusión: "Hoy el paciente produce más datos en su casa que en un ambiente hospitalario o asistencial. Por eso, los proveedores de tecnología tenemos que estar más presentes ahí. Además, los pacientes no usan apps, los adultos mayores no entienden Bluetooth, los dispositivos se quedan sin batería, hay mala adherencia y los datos son incompletos. Una tecnología como Pulse-Fi resuelve muchos de estos problemas porque mide en forma ambiental, sin wearables ni aplicaciones", dice con optimismo. Charask coincide en que la adherencia es uno de los puntos donde el sistema más valor podría aportar: un monitoreo que funciona en segundo plano puede sostener el seguimiento donde hoy hay abandono.
Pero Charask marca con precisión los límites. "Detectar taquicardias o irregularidades del ritmo parece un objetivo alcanzable a corto plazo”. Extenderlo a condiciones como apnea del sueño o estrés, en cambio, requiere interpretar patrones más complejos y siempre bajo contexto médico. En una guardia hospitalaria, con movimiento constante y múltiples pacientes, hoy sería impracticable, porque se necesitarían versiones capaces de discriminar señales individuales en entornos con alto ruido electromagnético.
Un negocio amenazado, pero otro que se abre
Si prospera Pulse-Fi, podría golpear el segmento de hardware dedicado del mercado de monitoreo remoto, mientras que quienes controlan la infraestructura de red, el procesamiento de datos y los algoritmos de interpretación clínica sumarían protagonismo.
Ahí aparece una oportunidad para las empresas de telecomunicaciones. Un operador que ya provee conectividad a hospitales, clínicas y hogares tiene la infraestructura física sobre la que Pulse-Fi funcionaría. "Las telcos tienen la posición más natural en el corto plazo, aunque no necesariamente la más durable, porque el Wi-Fi domiciliario es su infraestructura. Ya tienen la relación con el hogar, la conectividad instalada y la capacidad de desplegar hardware de bajo costo. Pero históricamente no construyeron servicios de salud, y este servicio no forma parte de su ADN", señala a Forbes Argentina Ariana Koffsmon, que se desempeña en la consultora Think Thanks como líder del área de Salud y Pharma para Latam.
Diego Pereyra, Healthcare Global Director en el proveedor de IT Softtek, también analiza el panorama que se abre: "Estas tecnologías nos obligan a repensar qué es un dato clínico. El aire que respiramos, las ondas de radio, el movimiento dentro de una habitación pueden transformarse en información médica útil". Para que eso ocurra a escala, sin embargo, la telco debería ofrecer lo que Pereyra llama una red de calidad médica, esto es, estable, con baja latencia, protocolos de ciberseguridad y capacidad de priorizar datos sensibles.
Planteado el escenario hipotético, Koffsmon estima que, lo más probable en mercados maduros sea una convergencia entre distintos actores: "La telco aporta la infraestructura, las plataformas de salud digital cuentan con software e inteligencia artificial, las aseguradoras financian el modelo porque tienen incentivos para reducir internaciones y detectar deterioros de manera temprana, mientras que los prestadores de salud actúan como validadores clínicos y receptores de alertas", explica.
En la misma línea, Montenegro anticipa el surgimiento de jugadores nuevos: "Van a surgir empresas dedicadas a satisfacer este nicho. Ya hay compañías investigando cómo aplicar y capitalizar estos servicios". Sobre los plazos, considera que el negocio se volverá real "en la medida que se empiece a aplicar en diferentes casos de uso y se demuestre su costo-efectividad".
La infraestructura
Que el hardware que promete Obraczka cueste unos pocos dólares no significa que implementar Pulse-Fi sea barato. Entre el dispositivo y una medición clínicamente confiable hay una capa de infraestructura que, por lo menos en Argentina, todavía presenta brechas significativas.
Pereyra lo describe con precisión técnica: "Las señales Wi-Fi son caóticas. Rebotan, se distorsionan, se mezclan con otras fuentes. Convertir esas fluctuaciones en información biomédica requiere datasets enormes y bien etiquetados, que hoy casi no existen".
También hay que considerar el entrenamiento de los algoritmos porque cada espacio físico modifica la señal de manera diferente. No es lo mismo medir frecuencia cardíaca en una habitación vacía que en una sala con cinco pacientes, monitores y equipos de diagnóstico por imagen generando interferencia electromagnética.
Para que el sistema funcione en un entorno hospitalario real, se necesita lo que el ejecutivo de Softtek define como infraestructura de borde, compuesta por gateways seguros, routers certificados y conexión directa con servidores de análisis capaces de procesar señales sin comprometer la privacidad. “En hospitales, eso implica además integrarse con la red clínica existente y cumplir normativas como HIPAA o ISO 27001. No es enchufar un router nuevo sino rediseñar una capa de la infraestructura digital del establecimiento”.
La adopción tampoco va a depender únicamente de la tecnología. Koffsmon advierte que América Latina todavía enfrenta desafíos estructurales importantes. "En Argentina siguen coexistiendo decenas de sistemas clínicos que no interoperan entre sí, las historias clínicas están fragmentadas y todavía no existe un marco regulatorio claro para dispositivos de monitoreo remoto que generan datos clínicos", afirma. A pesar de esto, ella identifica oportunidades concretas. "Programas de manejo de enfermedades crónicas de grandes financiadores de salud o iniciativas orientadas a adultos mayores podrían convertirse en los primeros casos de adopción. Son segmentos donde el monitoreo domiciliario tiene un valor clínico y económico evidente".
Hay, además, una pregunta que Koffsmon pone sobre la mesa: si esta tecnología democratiza el acceso o genera una nueva brecha. El argumento democratizador es real porque el hardware cuesta unos pocos dólares y elimina la necesidad de wearables caros, pero requiere Wi-Fi domiciliario estable. "Según datos del INDEC y ENACOM, la penetración de internet fija en los hogares del quintil más bajo es significativamente menor que en los quintiles altos, y la calidad de la conexión es peor. Si la tecnología llega primero a través de las prepagas para sectores medios y altos, reproduce la brecha que promete cerrar", advierte. Un despliegue genuinamente democratizador, sostiene, requeriría participación del Estado o del subsector público, no solo adopción del mercado privado.
El router como punto débil
La seguridad es otra dimensión que no puede omitirse, porque si el Wi-Fi se convierte en sensor biométrico, el router doméstico deja de ser un dispositivo de conectividad para transformarse en un equipo que captura datos de salud. Y los routers domésticos son, históricamente, uno de los eslabones más débiles de la cadena de ciberseguridad. Entrevistado por Forbes Argentina, Leandro Cuozzo, analista de Seguridad para América Latina en Kaspersky, es directo: "Los datos fisiológicos que pueden captarse mediante Wi-Fi deben considerarse datos personales sensibles porque revelan información sobre salud". En Argentina, eso los coloca bajo la Ley 25.326 de Protección de Datos Personales; en Europa, bajo el RGPD. El problema es que ninguno de esos marcos fue diseñado pensando en que una señal de red pudiera capturar el pulso de alguien sin que esa persona lo sepa”.
Cuozzo describe dos vectores de ataque concretos. El primero es local: un atacante con antenas direccionales podría captar las variaciones de la señal Wi-Fi y extraer datos fisiológicos de una persona sin su consentimiento. El segundo es remoto: comprometer el router y modificar su firmware para exfiltrar la telemetría. “Ninguno requiere capacidades extraordinarias; una vulnerabilidad en un modelo de router ampliamente distribuido podría exponer datos biométricos de miles de hogares como daño colateral de una brecha convencional”, explica el experto de Kaspersky. Su propuesta es el principio de privacidad desde el diseño, lo que implica que las funciones de monitoreo no pueden estar activas por defecto y solo deben operar con consentimiento explícito del usuario.
“Hay también una dimensión clínica del riesgo que tiene que ver con la integridad de los datos. Si un actor malicioso no roba la información sino que la altera, el sistema podría generar falsas alarmas o, peor, suprimir alertas reales, con consecuencias directas sobre decisiones médicas”, acota Cuozzo.
Por ahora, estos riesgos son teóricos: Pulse-Fi no está desplegado a escala. Pero la historia de la ciberseguridad muestra que los vectores de ataque se desarrollan en paralelo a la adopción, no después.