Durante años, la industria cinematográfica intentó encontrar una respuesta al avance del streaming. Las plataformas convirtieron el consumo de películas en una actividad inmediata, económica y disponible desde cualquier pantalla. Frente a esa comodidad, el cine perdió frecuencia y comenzó a depender cada vez más de estrenos capaces de transformar una salida en un evento.
La Odisea, la nueva película de Christopher Nolan, llevó esa estrategia a su máxima expresión. No solamente fue promocionada por su historia, su elenco o su director. La tecnología utilizada para filmarla y el tipo de pantalla necesario para verla como fue concebida se convirtieron en una parte central del producto.

El resultado fue un fenómeno comercial. IMAX registró en julio ingresos globales de taquilla por US$ 257 millones, el mejor mes de sus 50 años de historia. De ese total, US$ 221 millones fueron generados por La Odisea, que se convirtió en la película que más rápido superó los US$ 200 millones de recaudación dentro de este formato.
La demanda también llegó a Wall Street. Las acciones de IMAX alcanzaron un máximo histórico de US$ 50,72 y acumularon una suba superior al 30% desde el estreno de la película en Estados Unidos, el 17 de julio. “La Odisea es un logro singular en la realización cinematográfica y su trayectoria en taquilla no es menos revolucionaria: continúa desafiando la gravedad de una manera que pocas películas lograron”, afirmó Rich Gelfond, CEO de IMAX.
La película todavía no había sido estrenada en mercados relevantes como China, Japón y Corea del Sur al momento de conocerse esos resultados, por lo que la compañía espera que la recaudación continúe creciendo.
Una película diseñada alrededor de la pantalla
La Odisea es la primera película narrativa filmada íntegramente con cámaras IMAX. Cada una de sus tomas fue capturada para ocupar la totalidad de las pantallas con relación de aspecto 1.43:1, más altas y cercanas al formato cuadrado que las utilizadas habitualmente en los cines.

Nolan buscaba filmar una producción completa de esa manera desde que tenía 16 años. Hasta ahora, las cámaras IMAX presentaban una dificultad difícil de resolver: su tamaño y el ruido que generaban impedían registrar con claridad los diálogos en escenas cercanas.
Para la película se desarrolló una nueva generación de cámaras más livianas y silenciosas. También se utilizaron estructuras especiales conocidas como “blimps”, que permiten aislar el ruido del equipo. La solución generó otros desafíos. Al colocar dos cámaras de gran tamaño frente a los actores durante una conversación, los intérpretes no podían verse entre sí. Para resolverlo, se incorporaron espejos a los laterales de los dispositivos.
La innovación no quedó detrás de escena. Universal y IMAX construyeron la campaña alrededor de la tecnología utilizada por Nolan. Las entradas para algunas funciones en IMAX 70 mm salieron a la venta un año antes del estreno y se agotaron con semanas de anticipación. Frente a la demanda, algunos complejos incorporaron proyecciones a las 2 y a las 6 de la mañana.
Solo 41 salas en todo el mundo cuentan con el proyector y la pantalla necesarios para exhibir la película en IMAX 70 mm y en su relación completa de 1.43:1. Esa escasez, lejos de limitar su atractivo comercial, aumentó el interés. Parte del público comenzó a viajar para acceder a una función determinada, comparar formatos y buscar la versión más cercana a la concebida por el director. La tecnología pasó así de ser una característica técnica a funcionar como un argumento de venta.

El fenómeno llegó a la Argentina
En la Argentina no existe una sala que proyecte La Odisea en IMAX 70 mm. La principal referencia local es el IMAX de Showcase Norcenter, que ofrece una experiencia de gran formato, aunque con un sistema diferente al de las 41 pantallas que pueden mostrar la versión completa en película.
La sala cuenta con una pantalla cuya altura es comparable con la de un edificio de seis pisos y un sistema de sonido envolvente de 14.000 watts. Desde el estreno, las nuevas funciones se agotan rápidamente y la dificultad para conseguir entradas se convirtió en un tema recurrente en redes sociales. “La Odisea está teniendo un impacto significativo en nuestro público. Las ventas anticipadas son superiores al promedio de otras salas y las funciones se agotan rápidamente”, explicaron representantes de Showcase IMAX en diálogo con Forbes Argentina.
La empresa evita revelar cifras concretas de entradas vendidas, ocupación o facturación, pero reconoce que el nivel de convocatoria llevó a revisar permanentemente la programación y a evaluar la incorporación de nuevas funciones. “Sabíamos que era uno de los títulos más importantes del año y que tendría una demanda muy alta. Nolan tiene un público cautivo en IMAX Showcase que responde muy bien a cada nuevo estreno en este formato”, señalaron.
La permanencia de la película dependerá del calendario de próximos lanzamientos, aunque la compañía anticipó que será programada durante el máximo tiempo posible. El comportamiento recuerda lo sucedido con Oppenheimer, Dunkerque, Barbie e Interstellar. Esta última volvió a los cines una década después de su estreno original y nuevamente agotó funciones.

El impacto no se limita a la venta inicial. “Lo más interesante es que el público no habla únicamente de la película, sino de la experiencia IMAX en sí misma. Los comentarios destacan la imagen, el sonido y el nivel de inmersión”, agregaron desde Showcase.
La recomendación en redes sociales genera una segunda ola de demanda. Los espectadores publican qué funciones encontraron, debaten dónde conviene sentarse y explican las diferencias entre formatos. La propia experiencia de exhibición se convierte así en contenido promocional.
Qué se pierde fuera de IMAX
La escasez de salas generó una discusión sobre cuánto cambia la película cuando se proyecta en otro formato. En una pantalla convencional se muestra una porción menor de la imagen que en la versión IMAX 1.43:1. Las alternativas incluyen IMAX digital en 1.90:1, pantallas planas en 1.85:1, presentaciones estándar de 70 mm en 2.20:1 y salas digitales panorámicas en 2.39:1.
Eso no significa que el espectador pierda información indispensable para comprender la película. Nolan y el director de fotografía Hoyte van Hoytema compusieron las escenas para que los elementos narrativos centrales permanezcan visibles en todas las versiones.
La diferencia está en la escala y la inmersión. La pantalla 1.43:1 amplía la imagen verticalmente y ocupa una mayor parte de la visión periférica. No cambia necesariamente la historia, pero sí la forma física en la que se experimenta.

También existen alternativas como Dolby Cinema, 4DX y ScreenX, que compiten mediante sonido, movimiento, efectos ambientales o imágenes extendidas hacia las paredes laterales. Cada formato busca responder a la misma pregunta: qué puede ofrecer una sala que no pueda replicarse con un televisor y una plataforma de streaming.
El nuevo negocio de ir menos, pero pagar más
El éxito de La Odisea forma parte de una transformación más amplia. Los espectadores se volvieron más selectivos, pero muestran una mayor disposición a pagar cuando la película promete una experiencia diferenciada.
La mitad del público norteamericano que vio La Odisea durante su primer fin de semana eligió un formato premium. IMAX concentró por sí solo el 23% de los espectadores y generó US$ 81,4 millones de los US$ 264,1 millones recaudados globalmente durante la apertura.
La tendencia atraviesa diferentes géneros. Project Hail Mary obtuvo US$ 28 millones en IMAX durante su estreno. La película biográfica de Michael Jackson registró el 48% de sus ventas iniciales en formatos premium. Incluso producciones familiares como Toy Story 5 y The Super Mario Galaxy Movie consiguieron una proporción relevante de su recaudación en esas salas.
IMAX representa aproximadamente el 5,2% de la taquilla estadounidense, frente al 3,2% previo a la pandemia, pese a operar una fracción reducida del total de pantallas. En paralelo, ScreenX y 4DX generaron conjuntamente US$ 70 millones en Estados Unidos durante el primer semestre de 2026, un crecimiento interanual del 26%.

Los formatos premium representaron el 15,6% de la recaudación cinematográfica de América del Norte en 2024, frente al 10,3% de 2019. Para las cadenas, el modelo permite aumentar el ingreso por espectador mediante entradas más caras. Para los estudios, ofrece una herramienta para diferenciar el estreno de su futura disponibilidad en streaming.
La pantalla ya no funciona únicamente como un canal para distribuir una película. Se convierte en una parte del contenido por el cual paga el espectador.
Una tecnología convertida en marca
Hollywood también aprendió a comunicar esas diferencias. Expresiones como “filmada para IMAX”, “experimentala en Dolby Cinema” o “presentada en 70 mm” ocupan cada vez más espacio en las campañas.
IMAX dejó de ser una especificación escrita junto al horario de una función y se transformó en una marca reconocida por el consumidor. El público compara proyectores, relaciones de aspecto, resolución, sistemas de sonido y tamaños de pantalla. En algunos casos, la elección del cine comienza antes que la decisión sobre el horario.
Nolan fue una figura central en ese proceso. Para Oppenheimer, Kodak tuvo que desarrollar una película de 65 mm en blanco y negro e IMAX modificó sus equipos para poder utilizarla. Con La Odisea, la compañía volvió a adaptar sus cámaras para ampliar los límites del formato.
Esa relación también genera un círculo comercial. La demanda impulsa a los exhibidores a instalar o actualizar salas premium. Una mayor cantidad de pantallas incentiva a los estudios a producir películas optimizadas para esos formatos. Y esos estrenos ofrecen nuevas razones para que el público pague una entrada más cara.
El calendario muestra que la industria busca sostener ese movimiento. Durante los próximos meses llegarán nuevos títulos preparados para pantallas premium y Showcase ya anticipa expectativas por estrenos como Resident Evil: Noche cero, la próxima película de Tom Cruise, Los juegos del hambre: Amanecer en la cosecha y Duna: Parte 3.
“El futuro de la exhibición no pasa por competir con el entretenimiento en el hogar, sino por ofrecer experiencias que solo pueden vivirse en una sala de cine”, resumieron desde Showcase.
La Odisea no resolvió todos los problemas de la industria cinematográfica. La recuperación sigue dependiendo de pocos títulos con capacidad para movilizar audiencias masivas. Pero mostró una posible dirección: si el streaming convirtió a las películas en un producto disponible en cualquier momento y lugar, las salas pueden recuperar valor mediante aquello que no puede trasladarse al living.
En ese modelo, el cine deja de competir por cantidad de reproducciones y empieza a hacerlo por intensidad. La innovación no está solamente en la película. También está en la pantalla, el sonido, la escasez de funciones y la construcción de una experiencia por la que el público vuelve a estar dispuesto a salir de su casa.