Vino argentino: se desploman las exportaciones en julio y la logística vuelve a quedar bajo la lupa
Belén Fernández Subeditora
Belén Fernández Subeditora
El vino argentino tuvo un agosto para el olvido en los mercados internacionales. Las exportaciones de vino total registraron una caída del 27,8%, según los últimos datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Pero detrás del número general hay un desplome mucho más pronunciado: el vino a granel se hundió 75%, mientras que el fraccionado retrocedió 10%.
En la industria apuntan a un factor puntual para explicar el fuerte deterioro del mes: el cierre del paso internacional Cristo Redentor, que conecta Mendoza con Chile y constituye una de las principales vías utilizadas por las bodegas argentinas para sacar su producción al exterior.
“Tuvimos un julio muy malo por el cierre del paso fronterizo. Las cuestiones climáticas generaron muchos problemas. Este invierno fue muy complejo, con más de 20 días de paso cerrado”, explica Magdalena Pesce, gerenta general de Wines of Argentina, la entidad responsable de la promoción del vino argentino.
El problema no fue solamente la imposibilidad de cruzar la cordillera. La alternativa logística también tiene un impacto directo sobre los costos de las bodegas.

“Se sintió muy fuerte el cierre del paso fronterizo con Chile. Es mucho más barato exportar desde Chile”, señala Marcos Jofré, CEO de Trivento, uno de los principales jugadores del negocio vitivinícola argentino.
Según explica el ejecutivo, ante el cierre se frenaron cargas que estaban programadas para el mes. “En nuestro caso solo sacamos 15 contenedores por Buenos Aires porque es mucho más caro y preferí esperar. Pero al ver que el clima no mejoraba, empecé a sacar camiones por Buenos Aires a pesar de los altos costos”, cuenta.
La magnitud del problema queda expuesta en otro dato: “En 60 días estuvo 38 días cerrado el paso de Cristo Redentor”, afirma Jofré.
El impacto fue especialmente fuerte sobre el negocio del granel. “Cayó 80% el granel, eso es exclusivamente por el cierre del paso Cristo Redentor”, asegura el CEO de Trivento, en línea con el retroceso de 75% que muestra el dato del INV.
El golpe llega, además, en un contexto internacional desafiante para el vino argentino. La industria enfrenta desde hace años una transformación en los hábitos de consumo a nivel global, particularmente en el segmento de los tintos.

Según un análisis por color de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) sobre el período 2000-2021, los vinos tintos representaban en promedio el 48% del vino producido a nivel mundial. Actualmente, esa participación ronda el 43%.
El cambio también se refleja en algunos de los principales países productores. Francia, por ejemplo, actualmente produce cerca de un 50% menos de vino tinto que en 2000.
Para la Argentina, el desafío es doble: sostener la competitividad de sus exportaciones mientras el mercado internacional atraviesa una transformación en la demanda y, al mismo tiempo, resolver los problemas logísticos que pueden encarecer significativamente la salida de las botellas y contenedores.
Para la Argentina, los Estados Unidos son el segundo mercado más importante después del Reino Unido, según los registros del Sistema Estadístico de Información de Datos de Comercio Exterior (Invex) que toma como referencia la base del INV.
Sin embargo, Jofré pone un límite a la lectura negativa de los últimos datos. El acumulado del año muestra un escenario diferente al que refleja agosto.
“Sin embargo, el acumulativo de enero a agosto es súper alentador, con una suba del 17% en vino a granel y en embotellado se mantuvo a los mismos niveles del año pasado”, destaca.
Así, el desplome de agosto no necesariamente marca un cambio estructural en la performance exportadora del vino argentino, sino que combina un shock logístico puntual con un escenario internacional que presenta desafíos de fondo.
Para las bodegas, el episodio volvió a poner sobre la mesa una variable que suele quedar detrás de los números de exportación: el costo y la confiabilidad de la logística son parte central de la competitividad del vino argentino en el mundo.