Laura Mafud Editora
Luego de un periodo caracterizado por la volatilidad cambiaria y el reacomodamiento de los precios relativos, el empresariado argentino empieza a delinear un escenario de mayor optimismo para los próximos meses. De acuerdo con la 23° edición de la encuesta sobre financiación e inversión elaborada por EY Argentina junto al Instituto Argentino de Finanzas (IAEF), bajo el lema “Argentina: de la estabilidad al crecimiento. Cómo generar competitividad sostenida”, las principales compañías operantes en el país prevén un repunte en la actividad, sus ventas y su nivel de inversión de cara al año 2027.
El rendimiento de las compañías durante el último año dio cuenta de un entorno de moderación. Un 50,8% de las empresas encuestadas reportó un incremento en sus ventas, cifra que marcó una desaceleración respecto al 62,5% registrado en la medición anterior correspondiente a 2025. Por su parte, un 32,2% indicó que sus ventas cayeron y un 15,3% las mantuvo constantes. En materia de rentabilidad, la tendencia mostró un pulso similar: mejoró en el 32,2% de los casos, se mantuvo constante en el 30,5% y empeoró en el 33,9%.
Alejandro Kelman, socio de EY Argentina, contextualizó este escenario señalando que, después de un 2025 de fuerte recuperación y frente a un marco de desaceleración de la inflación y mayor calma cambiaria, el proceso de estabilización se mostró algo más heterogéneo durante este año, algo propio de una economía que todavía está acomodando sus precios relativos. A pesar de ello, destacó que la resiliencia de las compañías es notable y se refleja en que la mayoría sigue invirtiendo y proyectando crecimiento para el 2027.
De cara al futuro cercano, las proyecciones muestran una aceleración en las expectativas de negocios. El 67,8% de los ejecutivos prevé que sus ventas aumentarán en 2027, mientras que un 23,7% espera que se mantengan sin cambios y un 5,1% anticipa una disminución. En cuanto a la rentabilidad para el mismo período, el 53% aguarda un incremento, el 36% estima que seguirá igual y un 7% proyecta una caída.
En sintonía con las mejores perspectivas, los planes de inversión también muestran signo positivo: el 49,2% de los consultados proyecta que sus desembolsos crecerán, un 42,4% prevé que se mantendrán constantes y un 3,4% considera que decrecerán. A la hora de definir el destino del capital proyectado para 2027, el 70% de los encuestados planea orientarlo a la adquisición de bienes de capital e incorporación de tecnología, seguido por un 18,6% que destinará los fondos al fortalecimiento del capital de trabajo, un 5,7% a reestructuraciones y un 5,7% a adquisiciones.
En lo relativo al impacto en el empleo que tendrán las inversiones de 2027, un 67,8% cree que su plan no afectará la necesidad de mano de obra, un 27,12% proyecta que aumentará la necesidad de mano de obra directa y un 5,08% anticipa una disminución. Además, el 44,1% de las firmas asegura que todavía cuenta con capacidad instalada y estructura suficiente para aumentar sus ventas en moneda constante sin requerir desembolsos adicionales.
En un contexto donde el crédito a largo plazo aún busca afirmarse, las empresas continúan volcándose a recursos internos para financiar sus proyectos. La autofinanciación encabeza las vías más utilizadas con un 31,4%, secundada por los préstamos de bancos y entidades financieras locales con el 22,3% y las transferencias de la casa matriz con el 14,9%. Otras herramientas como el financiamiento vía proveedores con el 9,9%, el mercado de capitales con el 9,9%, las entidades financieras del exterior con el 8,3%, los organismos multilaterales con el 1,7% y los préstamos de fomento con el 1,7% ocupan un rol secundario.
Al evaluar las necesidades de fondos frente al año previo, un 69,5% de los ejecutivos afirmó que se mantuvieron sin cambios, lo cual refleja una postura conservadora respecto a tomar nueva deuda. Solo un 15,3% requirió un financiamiento más de 25% más alto, y un 3,4% observó necesidades más elevadas en hasta un 10%. Sobre este punto, Kelman apuntó que todavía falta que el financiamiento estructurado y el mercado de capitales recuperen protagonismo para acompañar proyectos de mayor escala, como los que se enmarcan en el RIGI, por lo que la autofinanciación sigue siendo el refugio natural de las empresas mientras se consolida la estabilidad macroeconómica.
Al analizar las actividades con mayores oportunidades de expansión en los próximos años, el rubro de la energía se posiciona en lo más alto de las preferencias de los ejecutivos con el 37% de las menciones, seguido por el agribusiness con el 23% y la infraestructura con el 17%. Para apuntalar estos sectores estratégicos e impulsar las decisiones de desembolso, las empresas requieren medidas concretas en materia institucional y de política impositiva.
Entre las condiciones macroeconómicas generales que aportarían mayor confianza al momento de invertir, los empresarios demandan un plan económico claro y sustentable en un 27%, una reforma tributaria que estimule la inversión en un 25%, una política cambiaria estable en un 20% y leyes de protección a las inversiones en un 13%. Por el lado de la gestión pública, el 61% ponderó la necesidad de una simplificación tributaria y administrativa, mientras que un 19% consideró clave alcanzar acuerdos entre Gobierno, sindicatos y empresas.
En materia de estímulos fiscales, las medidas preferidas son la reducción de alícuotas a cambio de la reinversión de utilidades con un 29% y la reducción de cargas sociales supeditada a la creación de nuevo empleo con un 28%, seguidas por la amortización acelerada de inversiones de capital con el 17% y la desgravación en proyectos estratégicos con el 15%. Respecto a los incentivos legales, la protección de las inversiones extranjeras y los tratados de libre comercio encabezan las preferencias con el 32% de las menciones cada uno, acompañados por una nueva ley de asociación público-privada con el 23% y la protección de la propiedad intelectual con el 13%. En el plano de incentivos fiscales específicos sobresalen la estabilidad fiscal para nuevas inversiones con el 30%, la reducción del costo de capital con el 24%, los incentivos tributarios sectoriales con el 23% y los incentivos a la creación de empleos con el 21%.
El escenario internacional plantea desafíos sustanciales que forman parte de la agenda de evaluación de riesgo de las empresas locales. Las principales tendencias globales que inciden al momento de decidir una nueva inversión son las altas tasas de financiamiento internacional en un 26%, el avance de los populismos o nacionalismos extremos en un 20%, la inestabilidad política en Latinoamérica en un 17%, la volatilidad de los precios de los commodities en un 12%, la transición hacia un mundo multipolar en un 10%, los conflictos bélicos en un 9% y el crecimiento de la pobreza y la desigualdad en países emergentes en un 6%.
A su vez, en la gestión interna de los negocios, la disrupción tecnológica emerge como la tendencia determinante. El efecto de la inteligencia artificial en las distintas dimensiones de la empresa captura el 28% de las menciones, secundado por la aparición de competidores no tradicionales con el 26%, los cambios en los canales de venta con el 15%, las nuevas formas de trabajo con el 12%, la gestión de riesgos informáticos con el 12% y los cambios en la gestión de abastecimiento con el 7%.
A la hora de definir las oportunidades estratégicas para pasar definitivamente del estadio de estabilidad al de crecimiento, las opiniones de los líderes corporativos se concentraron en incrementar la productividad integrando la inteligencia artificial y la tecnología para optimizar procesos y costos en un 30%, junto a la necesidad de definir desde el Estado reglas básicas sostenibles en el tiempo que permitan la planificación a largo plazo en un 29%. Otras alternativas señaladas fueron la simplificación del marco regulatorio en un 21%, la focalización en segmentos e industrias con mejores perspectivas en un 13% y el avance en la internacionalización del negocio en un 5%.
Kelman sintetizó el desafío que enfrenta la economía argentina concluyendo que el país tiene la oportunidad de dar el salto de la estabilidad al crecimiento si logra sostener las reglas de juego en el tiempo. Explicó que los sectores con mayor proyección internacional, como energía, agro e infraestructura, necesitan previsibilidad, mejores mecanismos de financiamiento y menores costos operativos para volverse competitivos a escala global, marco en el cual la inteligencia artificial ya se perfila como una palanca central para dar ese salto de productividad.