Un holding regional desembarca en el país, compra una participación en Zafrán e impulsa su plan de exportación
El grupo de inversión de impacto Capibara adquirió hasta el 25% de la firma argentina de snacks saludables para acelerar su llegada a Chile, Uruguay y Paraguay. Con ventas proyectadas por más de US$ 4 millones para 2026, la compañía readecua su fábrica en San Martín para llevar alimentos con valor agregado al Cono Sur.

Laura Mafud Editora

Zafrán, una empresa argentina de snacks saludables, recibió una inversión del holding de impacto Capibara, que tomó una participación minoritaria y un lugar en el directorio. Con 14 años de historia, la compañía certificada como Empresa B proyecta cerrar 2026 con ventas por más de US$ 4 millones y usará los fondos para renovar su planta, lanzar nuevos productos y dar el salto a Chile, Uruguay y Paraguay.

Fundada en 2021 por Nito Anello y Charlie Rivero Haedo, Zafrán fabrica barras de frutos secos, barras de avena sin gluten certificada, galletitas integrales, granolas y mixes, además de líneas que produce para otras marcas. Todo sale de su planta en Villa Lynch, partido de San Martín, y llega a supermercados, dietéticas, kioscos y canales de venta directa en todo el país.

A esa base de negocio se suma ahora un socio nuevo: Capibara, un holding de inversión de impacto creado por referentes del ecosistema de Empresas B de Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay, tomó una participación minoritaria de hasta el 25% en Zafrán y se incorporó a su directorio. Es la segunda inversión de Capibara —después de la chilena Ecoterra— y la primera en la Argentina.

La ronda y su destino

Zafrán no precisó el monto de la operación, pero sí en qué se traduce: renovar la planta productiva de barras, lanzar nuevas líneas —como la barra proteica que acaba de salir al mercado—, desarrollar nuevos alimentos y financiar la expansión regional. En concreto, la inversión se enfoca en reorganizar el espacio del depósito, incorporar tecnología en la línea de envasado, sumar una envasadora para granola y poner en marcha una nueva línea de producción dedicada a barras prensadas.

Hasta esta ronda, la compañía se había financiado con capital propio de sus socios, deuda bancaria (BNA, BICE, Galicia, Patagonia) y créditos de Sumatoria, una organización que financia empresas de impacto positivo. 

Según sus fundadores, Rivero Haedo y Anello, la elección de Capibara respondió a evitar el circuito de fondos tradicionales que suelen exigir elegir entre crecer o sostener el propósito de la empresa. "No somos solo una empresa con fines de lucro sino que el propósito no fiduciario es parte del estatuto, modificado desde que somos Empresa B. Por eso, Capibara era el holding que tenía que ser. Es más que un grupo inversor, es una nueva compañera de ruta que comparte el mismo propósito", explicó Anello a Forbes.

Del lado del inversor, Juan Pablo Larenas, CEO de Capibara y cofundador de Sistema B en América Latina, coincidió en la lectura: "Con Zafrán compartimos una forma de entender el éxito empresarial. Nos gusta cómo hacen empresa y por qué la hacen. Queremos acompañarlos para que puedan seguir creciendo con sentido". Capibara evaluó más de 100 empresas antes de elegir sus primeras inversiones y proyecta cerrar 2026 con cuatro compañías en su portafolio.

De la cocina de un departamento a 30 toneladas por mes

El crecimiento que hoy atrae capital de impacto empezó en 2012 con una inversión inicial de unos $ 200.000 de la época —ahorros propios de Rivero Haedo y Anello— destinados a comprar los primeros ingredientes y armar la marca y la web. Los socios cocinaban y envasaban los mixes de frutos secos ellos mismos, en el departamento de Rivero Haedo, y hacían las primeras entregas en bicicleta.

El holding de impacto Capibara se sumó como socio minorista a Zafrán (Foto: Gentileza Zafrán).

Catorce años después, la fábrica de Villa Lynch produce cerca de 30 toneladas mensuales entre barras y el resto de las líneas de la empresa, con un equipo de 50 personas distribuido entre fabricación, depósito y logística, calidad, comercial, marketing y administración

Los socios explicaron a Forbes los factores detrás del volumen de facturación proyectado para este año: "Hacemos alimentos ricos con pocos ingredientes, y eso hoy es tendencia: cada vez más gente busca volver a lo simple, a lo que se entiende con solo leer la etiqueta". A eso se suma la llegada a cadenas de supermercados, dietéticas, kioscos y venta directa en todo el país, el impulso de la línea de barras de cereal en los kioscos y el arranque de la barra proteica, que además de sumar facturación le permite a la empresa llegar a un público nuevo.

Esa barra proteica —de proteína de origen vegetal— es la más reciente de una línea que la compañía desarrolla desde 2017, cuando empezó con frutos secos y semillas y luego sumó avena sin gluten certificada. Según los socios, conecta con una tendencia de fondo: "La búsqueda de alimentos funcionales, súper-alimentos que aporten mucho en poco volumen —proteína, fibra, antioxidantes— para sostener rutinas exigentes". En los próximos meses, Zafrán sumará además una granola proteica y relanzará su línea de galletitas integrales.

Empleo inclusivo, un activo del negocio

Un dato distingue a Zafrán dentro de la industria de alimentos: del 55% de sus 50 empleados llegó atravesando alguna barrera de empleabilidad —discapacidad, historias de violencia, secundario incompleto, edad, condición migrante, falta de primer empleo—. La empresa sostiene que no se trata de un programa de responsabilidad social sino de la forma en que está diseñada la compañía, y que ese diseño es compatible con la escala que busca alcanzar con la nueva inversión.

Nito Anello, cofundador de Zafrán (Foto: Gentileza Zafrán).

"La mayoría de las barreras de empleabilidad son en realidad sesgos del mercado laboral, no falta de capacidad para hacer bien una tarea. Creemos que los costos de la diversidad siempre son más bajos que sus beneficios. Hoy tenemos baja rotación, muy buen clima de trabajo y personas que pueden desempeñarse en distintas tareas", detallaron los socios de Zafrán a Forbes, y agregaron que el modelo es "perfectamente sostenible a medida que crece la escala productiva". 

Zafrán es Empresa B certificada desde 2020 —hoy en proceso de recertificación— y miembro de 1% for the Planet, con el compromiso de destinar el 1% de sus ingresos a organizaciones de regeneración y educación ambiental.

El salto a la región

Hasta ahora, la presencia de Zafrán fuera del país se limitó a exportaciones directas a Bolivia y llegadas indirectas, "no significativamente", a otros mercados a través de distribuidores. Con el respaldo de Capibara, la empresa apunta a Chile, Uruguay y Paraguay, apoyada en la red regional del holding. "Esta inversión nos permite empezar a mirar más allá de la Argentina, hacia la región", resumieron.

Zafrán se suma así al portafolio de Capibara junto a la chilena Ecoterra, fundada en 2011, que conecta productores y consumidores con trazabilidad de origen y fue la primera empresa chilena certificada Certified Humane. "Estoy muy contenta de ponerme la camiseta naranja de Zafrán. Así como la Ley BIC empezó en un país y hoy se extiende por la región, esta forma de hacer empresa también tiene que cruzar fronteras", dijo Natalia Hughes, socia fundadora de Capibara.

Rivero Haedo enmarcó la oportunidad en un diagnóstico más amplio sobre el sector: "Argentina tiene una oportunidad enorme para exportar alimentos con valor agregado, no solo materia prima: buenos ingredientes, orgánicos, producción responsable y una propuesta con sentido, hoy es tendencia en toda la región. Ahí vemos un lugar para Zafrán, llevando afuera lo que hacemos acá".