La frase fue tan directa como provocadora. “Nunca en mi vida compré ropa en la Argentina porque era un robo”. Con esa definición, el ministro de Economía Luis Caputo volvió a poner en el centro del debate a una industria que atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas: la textil y de la indumentaria.
El disparador no fue menor. Caputo habló de precios, de falta de competitividad y de un sector que, según su mirada, estuvo protegido durante años a costa del consumidor. Pero detrás de la discusión política, los números muestran que la industria ya está inmersa en una crisis profunda y en pleno proceso de transformación, algo que se refleja tanto en el comercio electrónico como en el frente externo. @@FIGURE@@
Una categoría que pierde peso en el e-commerce
El Estudio Anual de Comercio Electrónico 2025, elaborado por la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE), confirma lo que muchas marcas vienen advirtiendo: la indumentaria dejó de ser protagonista en el ranking de facturación online.
Según los datos consolidados de 2024, la categoría Indumentaria ocupaba el octavo lugar en facturación. Sin embargo, en los resultados preliminares de 2025, la indumentaria general salió del top 10, superada por rubros como Infantiles y Materiales y herramientas de construcción. En paralelo, la indumentaria no deportiva registró una caída del 14% interanual.
“Es consistente el estudio con lo que vemos en la realidad de los e-commerce”, explican desde el sector. La pérdida de relevancia no responde a un único factor, sino a una combinación de consumo retraído, presión de costos y mayor competencia externa.
De acuerdo con datos oficiales, las importaciones vía courier en Argentina marcaron un récord histórico en 2025, con un aumento interanual del 274%, superando los US$ 890 millones debido a la flexibilización cambiaria y la apertura comercial.
“Categorías como indumentaria, cosmética y tecnología pequeña se llevan gran parte de esos 890 millones. Seguramente indumentaria tiene un porcentaje importante, pero cuando hablamos con los socios lo que nos dicen es que viene muy golpeada hace tiempo, incluso en el offline”, señala Gustavo Sambucetti, director institucional de la CACE.
Más importaciones, menos exportaciones
La presión externa no solo se ve en el consumo digital. Las Estadísticas de Comercio Exterior de Argentina 2025 (informe preliminar) confirman un deterioro marcado del balance comercial textil. @@FIGURE@@
En los primeros nueve meses de 2025, las exportaciones de textiles y artículos textiles tuvieron una participación prácticamente nula (0%) sobre el total exportado por el país. El valor acumulado fue de US$ 230,9 millones, con una caída del 19,8% interanual.
Del otro lado, las importaciones crecieron con fuerza: alcanzaron US$ 1.342 millones, un 63,2% más que en 2024, y representaron el 2% del total importado por la Argentina.
El detalle por rubros es aún más elocuente:
- Prendas de vestir de punto: importaciones por US$ 240 millones (+106,7%), con un déficit de US$ 227,5 millones.
- Prendas de vestir no de punto: importaciones por US$ 253,5 millones (+92,8%), déficit de US$ 246,2 millones.
- Otros artículos textiles confeccionados: importaciones por US$ 116,1 millones (+131,7%).
El déficit comercial acumulado del sector textil y de la vestimenta asciende así a US$ 1.111 millones en apenas nueve meses. @@FIGURE@@
“Desilusión y tristeza” en la respuesta empresaria
Las declaraciones de Caputo encontraron una rápida respuesta del sector. La Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), a través de su presidente Claudio Drescher, cuestionó con dureza el tono y el fondo de los dichos oficiales. “Sentí desilusión y tristeza. Un ministro de Economía que, con sarcasmo, dice que no compra ropa en la Argentina, que la compra en el mundo, genera mucho enojo”, afirmó Drescher en una entrevista radial.
El empresario (dueño de la marca Jazmín Chebar) sostuvo que el problema de los precios no es exclusivo del textil y enumeró otros ejemplos: autos, alimentos, neumáticos, aceite de oliva o incluso el Big Mac. “No compra nada en la Argentina porque todo es más caro. Eso no es solo un problema de la indumentaria”, remarcó.
Para Drescher, el núcleo de la distorsión está en la carga impositiva y los costos financieros. “Quiere comparar a Bangladesh con la Argentina y se olvida de todos los impuestos que en dos años no lograron desarmar”, disparó. @@FIGURE@@
Según su cálculo, el precio final de una prenda arranca con un 21% de IVA, 1,2% de impuesto al cheque, 1,8% de arancel de tarjeta, casi 15% de costo financiero por cuotas y alrededor de 15% de alquiler. “Ahí ya tenés un 55%. A la empresa le queda el 45% y todavía no pagó diseño, logística, publicidad ni salarios. Esto no pasa en ninguna parte del mundo”, aseguró.
Apertura, pero con reglas parejas
Desde la CACE coinciden en que la apertura comercial amplía la oferta y desarrolla el mercado, pero advierten sobre la falta de equidad. “Lo que entra de afuera no paga impuestos y acá sí. Lo que pedimos como Cámara es equidad. Estamos acostumbrados a competir pero hay que hacerlo en igualdad de condiciones”, indicó Andrés Zaied, Presidente de CACE y Gerente de Canales Digitales de On City.
A eso se suma que impuestos como Ingresos Brutos, que pueden representar hasta 10 puntos de la venta online, impactan de lleno en las pymes, que no tienen la capacidad de optimización fiscal de las grandes empresas y directamente dejan de vender en ciertas jurisdicciones.
En ese contexto, la frase de Caputo funcionó como catalizador de un debate más profundo. La industria textil argentina ya está cambiando, empujada por números que no cierran, consumo que no repunta y una competencia global cada vez más agresiva. La discusión ya no parece ser si el sector está en crisis, sino cómo, y en qué condiciones, podrá reconvertirse para sobrevivir.