Laura Mafud Editora
En la esquina de Plaza Vicente López, en el corazón de Recoleta, este mes se cruzan dos épocas. Por sus mesas pasan clientes históricos que aún piden el tradicional café con bomboncitos y, a la vez, jóvenes que regresan a la confitería atraídos por las tendencias que la marca empuja en redes sociales. La sucursal cumple exactamente 25 años desde su apertura en 2001, en un mapa porteño donde todavía no existían las cafeterías de especialidad ni la fiebre del brunch.
Un cuarto de siglo después, el aniversario encuentra a Nucha en plena fase de expansión empresarial, con la mirada puesta en un objetivo de facturación de $ 7.500 millones para el cierre de este año, lo que representa un crecimiento nominal cercano al 32% respecto de los aproximadamente $ 5.700 millones registrados en el ejercicio 2025.
Detrás de esa proyección económica hay una red reconvertida que hoy opera 17 locales —dos propios y 15 bajo la modalidad de franquicias—, tras haber sumado seis nuevos puntos de venta el año pasado. La compañía avanza actualmente en las aperturas de Núñez, Saavedra, General Rodríguez y City Bell, al tiempo que busca traspasar las fronteras del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) para subirse al dinamismo de plazas con fuerte tracción industrial y minera.
"El crecimiento de Nucha hoy no pasa en abrir por abrir. Buscamos plazas donde haya una oportunidad concreta de desarrollo, con un modelo que sea sostenible para el franquiciado y que nos permita seguir ampliando la red sin perder consistencia en el producto. El mercado cambió mucho y nuestra estrategia también tuvo que evolucionar", analiza Carlos Rava, gerente de Nucha.
El modelo operativo
Tras haber administrado una estructura de 15 locales propios y una fábrica masiva en 2015 —situación que requirió un plan de reestructuración de varios años para separar el negocio en unidades independientes—, la firma definió que el tope natural del negocio en el AMBA es de 20 a 25 locales.
Para las nuevas sucursales, la empresa dejó atrás el concepto de mega locales para enfocarse en superficies de entre 80 y 100 m² operadas por unas siete personas, donde la presencia activa del franquiciado en la gestión diaria es condición indispensable. En términos financieros, abrir un local de Nucha requiere una inversión estimada de entre US$ 120.000 y US$ 140.000, con un período de recupero calculado entre los 20 y 30 meses.
Excepcionalmente, la marca aprovecha oportunidades de mayor envergadura en esquinas de alto tránsito, como la reciente apertura en Vuelta de Obligado, que alcanza los 140 m².
Esta ingeniería de red se despliega sobre un escenario de consumo exigente. La cantidad de transacciones en el sector registra una retracción de entre 10% y 12% en comparación con el año anterior, con un ticket promedio para Nucha que oscila entre $ 20.000 y $ 30.000 (valor que se sitúa cerca de la mitad de lo que promedia un restaurante tradicional).
Para amortiguar el impacto y sostener el volumen, la marca apeló a dos herramientas: por un lado, diversificó la propuesta gastronómica sumando almuerzos mediante platos envasados al vacío regenerables (como pollo con ensalada), waffles y tostadas de palta para cubrir más momentos del día; por el otro, impulsó la unidad de Catering y Corporativo, que actualmente representa cerca del 20% del negocio global.
En la fábrica central, la artesanalidad se combina con tecnología de escala: mediante el uso de abatidores a -20 °C, las 65.000 unidades que se producen al mes se congelan al salir del horno y se despachan a los locales para ser descongeladas según la demanda manteniendo su frescura.
Por qué esquiva las grandes capitales y busca la ola de Vaca Muerta
Con el mercado del AMBA cerca de su tope, la estrategia geográfica de Nucha apunta decididamente al interior del país, pero con un criterio de selección muy específico. La dirección de la empresa decidió evitar plazas tradicionales como Rosario, Córdoba o Mendoza debido a la fuerte presencia de marcas locales consolidadas y a la complejidad que insume la logística de abastecimiento.
En su lugar, la hoja de ruta prioriza regiones con alto dinamismo económico vinculado a la industria, la energía y la minería. A la presencia que la marca mantiene desde hace dos años con un local en Río Gallegos —donde los productos se envían congelados y la decoración final se realiza en la sucursal bajo supervisión de cámaras en tiempo real—, se suman una zona reservada en San Juan y tratativas avanzadas en Catamarca.
En ese mapa emerge la aspiración estratégica de subirse al boom hidrocarburífero de Vaca Muerta. La compañía analiza proyectos para desembarcar en Neuquén e incluye a la provincia, junto con Salta y San Juan, en la nómina de plazas prioritarias para su próxima etapa de expansión nacional.
La historia artesanal detrás de la marca
El recorrido corporativo de Nucha hunde sus raíces en la historia de Regina Vaena, a quien de niña apodaron "Reginucha". Criada en Avellaneda en una familia de origen sefaradí donde los boios de verdura y los niños envueltos en hojas de parra eran habituales, Regina fue campeona de esgrima en el club Racing, experimentó con flores y licores caseros e inició la carrera de Química en la UBA. Tras casarse con Julio, trabajó junto a él en una maderera hasta que la crisis económica exigió un cambio de rumbo.
Como eximia pastelera, comenzó a vender en bares de la zona especialidades célebres como la "Torta Africana", además de preparaciones con merengue, dulce de leche y frutas. Para acompañar la demanda mientras criaba a sus hijos (Javier, Ariel y Galia), Julio adaptó el patio delantero de la casa instalando un horno pizzero y una heladera. Su hijo mayor, Javier, con solo 14 años, comenzó a ayudarla en las entregas y en la producción.
A fines de los años 80, tras el fallecimiento de Julio y en medio de una hiperinflación, Javier le propuso a su madre vender directamente al público en el estacionamiento de la casa familiar sobre la calle Zabala, armando el primer local que vendía tortas, budines, alfajores y cuadraditos. Mientras Regina realizaba las terminaciones de 4 a 7 de la mañana, la atención comercial arrancaba a primera hora. Ese esfuerzo condujo en 1990 al primer local formal en la esquina de Zabala y O'Higgins, germen de la cadena actual.
El 25.° aniversario de Recoleta llega pocos meses después del fallecimiento de su fundadora. En su memoria, la empresa volvió a poner en valor las recetas históricas creadas por Regina, integrándolas a una estructura profesional que busca expandir la marca hacia los polos industriales más activos del país.