Fernando Heredia Editor
La primera empresa privatizada de la era Milei llegó a la Casa Blanca para participar de una reunión clave para la reconstrucción eléctrica venezolana. La histórica compañía metalmecánica IMPSA, que originalmente perteneció a la familia Pescarmona y en 2025 fue comprada por la estadounidense Arc Energy, visitó la sede central del gobierno de Donald Trump para juntarse con el Director Ejecutivo del National Energy Dominance Council (NEDC), Jarrod Agen.
La comitiva encabezada por el presidente Jorge Salcedo y el vicepresidente Juan Manuel Domínguez viajó a Washington en el marco de su rol como proveedor estratégico de las turbinas que están recomponiendo grandes centrales hidroeléctricas venezolanas.
El encuentro con el encargado de consolidar la seguridad y hegemonía energética en el hemisferio occidental representa un respaldo político explícito del Departamento de Estado y del Departamento de Energía de los Estados Unidos para profundizar esta oportunidad de negocios de IMPSA en el país caribeño.
Como explicó Forbes, la compañía argentina firmó un acuerdo para proveer cinco turbinas a las centrales Macagua y Tocoma, en el marco de un máster plan a largo plazo que apunta a recuperar hasta 2.640 MW de capacidad de generación mediante la intervención progresiva de diez unidades.
Las autoridades de IMPSA agradecieron el apoyo del Gobierno de Estados Unidos y hablaron del potencial de la firma en el segmento nuclear como otro vector de negocios a desarrollar en el mercado global.
El acuerdo sellado en Caracas implica una primera etapa de 24 meses, donde se recuperarán 672 MW de potencia mediante la rehabilitación de las Unidades 1 y 2 en Tocoma (432 MW) y las Unidades 4, 5 y 6 en Macagua (240 MW). En ese marco, IMPSA se comprometió a reactivar e inyectar 160 MW de los 672 MW mencionados en un plazo de 90 días.
A largo plazo, el plan contempla un potencial total de 2.640 MW de capacidad de generación mediante la intervención progresiva de diez unidades —comprendiendo 2.160 MW en Tocoma y 480 MW en Macagua—, lo que proyecta convertir a este proyecto en la obra hidráulica más importante de América Latina.
El posicionamiento de IMPSA en este escenario refleja el giro radical de su modelo de negocios. Luego de su etapa de estatización y tras el proceso de reestructuración de su deuda, la privatización transformó a la firma en una compañía argentina-estadounidense con foco en la energía nuclear, la generación hidroeléctrica y el mercado de grúas portuarias.