Alex Kwon no buscó construir una de las mayores compañías de vaporizadores dentro de la industria del cannabis. Todo empezó como un proyecto paralelo para ayudar a su empresa de extractos de cannabis, Sungrown, con base en East Wenatchee, Washington, a diferenciarse en un mercado saturado. Pero seis semanas después del lanzamiento de un nuevo cartucho para vapeo, en noviembre de 2018, el producto generó US$ 1,6 millones en ingresos. En ese momento, Kwon entendió que tenía entre manos un negocio real.
“Ese fue el momento en el que pensé: ‘Deberíamos hacer algo con esto’”, contó Kwon, de 41 años, a Forbes.
El camino llevó años y demandó decenas de millones de dólares destinados a litigios. Entre esos conflictos apareció una ruptura con su socio comercial y una demanda por infracción de patente presentada por uno de los mayores fabricantes de vapeadores de China. A pesar de esos obstáculos, Active controla hoy cerca del 20% del mercado de hardware para vapeo y genera alrededor de US$ 100 millones en ingresos anuales. La empresa vende sus dispositivos a algunas de las mayores compañías de la industria del cannabis, que factura cerca de US$ 30.000 millones en 2025, entre ellas Trulieve, Curaleaf y Jeeter, que luego llenan esos dispositivos con su propio aceite de THC.
“Nos pasó un colectivo por encima siete veces”, dijo Kwon mientras se pone un Zyn en la boca. “De alguna manera seguimos acá y seguimos creciendo”, agregó.
Aunque Kwon aún es dueño de Sungrown, que genera cerca de US$ 20 millones en ingresos anuales gracias a la venta de flor de cannabis, vapes, pre-rolls y gomitas bajo varias marcas, Active, fundada hace 8 años, es su empresa más grande. Los vapes ocupan el segundo lugar entre las categorías más vendidas del mercado de cannabis en Estados Unidos, con US$ 6.000 millones en ventas durante 2024. La flor sigue al frente del ranking, con US$ 9.000 millones en ventas en el mismo período.
Kwon creció en los suburbios de Chicago y fue el primero de su familia en nacer en Estados Unidos. Sus padres, que manejaban un negocio mayorista de ropa en la ciudad, y su hermano mayor eran de Corea del Sur. Como segundo hijo, Kwon quedó con el papel de “rebelde”, mientras que su hermano, Sung, asumió el rol del responsable.
“Durante mucho tiempo me repetí que todo lo bueno en mí es él y todo lo malo en mí soy yo”, contó Kwon. “Yo era el chico que siempre se metía en problemas, el que armaba lío”, sostuvo.
Kwon fumó marihuana por primera vez en quinto grado, robó golosinas en tiendas junto a sus amigos y en una ocasión se llevó el auto de su hermano mayor. Aun así, tomó el deporte con mucha seriedad. Fue safety destacado en el equipo de fútbol americano de su escuela secundaria y también practicó lucha. Durante toda su infancia creyó que de grande sería “el primer coreano-estadounidense 100% en la NFL”, según recordó.
Pero en una noche nevada de enero de 2000, Sung no apareció como estaba previsto para pasar a buscarlo después de la práctica de lucha. Kwon consiguió que alguien lo llevara a su casa y esperó, hasta que un policía golpeó la puerta y preguntó si sus padres estaban allí. El motivo era su hermano. Cuando sus padres llegaron, el agente explicó que su hijo había sufrido un accidente de auto y estaba en el hospital. Un médico los recibió en una sala pequeña y les dio la noticia: Sung murió en el choque.
Después del funeral, sus padres “perdieron todo control” sobre él, según recordó Kwon. Empezó a quedarse muchas veces en la casa de su amigo Mike Sabatello y se volcó de lleno al fútbol americano, la marihuana y los hongos. (Sabatello hoy trabaja en Sungrown). Kwon terminó la secundaria e ingresó a University of Illinois Chicago, donde su hermano había estudiado ciencias de la computación. Después de las clases practicó hapkido y taekwondo, disciplinas en las que alcanzó cinturón negro de cuarto grado y de segundo grado, respectivamente.

Para 2006, dejó la universidad. Un día, un amigo de la facultad lo llamó desde California, donde desarrollaba tierras y necesitaba ayuda de alguien de confianza. “Lo único que sabía era que tenía que ver con limpiar un terreno”, contó Kwon. “No tenía idea de que se trataba de marihuana”, aseguró.
Al año siguiente, Kwon se mudó a California. Faltaban 10 años para que el estado legalizara la marihuana recreativa y Humboldt funcionaba como el centro del mundo del cannabis. Kwon entendió rápido lo que ocurría: talaban árboles en grandes extensiones para construir instalaciones de cultivo destinadas a plantaciones ilegales o, en el mejor de los casos, semi legales dentro del programa estatal de marihuana medicinal, que tenía controles muy laxos. En ese contexto aprendieron que el negocio funcionaba con una sola regla: “honor entre ladrones”, según Kwon, que lanzó una nueva empresa de desarrollo de tierras junto a su amigo, Humboldt Consulting Group. El trabajo consistía en desarrollar terrenos para un dueño, instalar sistemas de riego e invernaderos o comprar las tierras ellos mismos y alquilarlas a cultivadores. Su primer pago superó todo lo que había ganado en un año: US$ 30.000 por una semana de trabajo. En ese momento era un gran negocio, aunque exigía mantenerse siempre alerta ante la policía, que muchas veces sobrevolaba la zona en helicóptero.
“Sabíamos que nuestros clientes iban a poder pagarnos si lograban sacar la cosecha”, dijo Kwon. “Nacimos en este mundo, acá nos curtimos”, agregó.
Humboldt Consulting Group generó más de US$ 10 millones en cerca de 6 años. Luego, en 2015, Kwon escuchó sobre un cultivador de cannabis con licencia legal en Washington que atravesaba problemas financieros y buscaba una salida. Ese estado había sido uno de los primeros en legalizar la marihuana recreativa, en 2012. Kwon quiso conocer de cerca cómo funcionaba el negocio del cannabis legal, compró la propiedad e invirtió un par de millones de dólares para construir un nuevo sistema de cultivo.
“Oh, hombre, cómo cambian las cosas cuando entrás en la cadena legal y con licencia del cannabis”, dijo Kwon. “Trato de decirle a la gente que no es una licencia para ganar plata; es una licencia para invertir plata”, expresó.
En 10 meses, su nueva empresa, Sungrown, llegó a tener 70 empleados y su primera cosecha produjo cerca de 5.000 libras de marihuana, unos 2.268 kilos. Pero la zona, conocida por sus productores de manzanas, prohibía los cultivos de cannabis. Por ese motivo, Kwon tuvo que empezar otra vez en otra ubicación. Con el tiempo, Sungrown alcanzó la rentabilidad. En su segundo año de actividad generó casi US$ 6 millones en ingresos anuales y el año pasado registró cerca de US$ 20 millones.
Kwon fundó Sungrown con la idea de fabricar concentrados de THC para vapeo, aunque pronto se mostró decepcionado con el hardware que recibía desde China. Esos dispositivos estaban diseñados para nicotina y no funcionaban igual de bien con aceite de THC. Entonces se asoció con un hombre llamado Jonathan Carfield. Juntos empezaron a diseñar y fabricar vapeadores bajo una nueva empresa llamada Advanced Vapor Devices (AVD). En menos de un año, AVD sumó como cliente a una de las mayores compañías del cannabis: Trulieve, el gigante con base en Florida, que el año pasado registró ingresos por US$ 1.200 millones. El director de producción de Trulieve, Kyle Landrum, afirmó que el hardware de la empresa ayudó a la compañía a llevar al mercado “nuevos productos distintivos”.
La relación con Carfield se desgastó con el tiempo y terminó en una disputa contractual en 2021. Carfield, su socio comercial y su esposa acusaron a Kwon de quedarse con la empresa, entre otras denuncias. Kwon consiguió un fallo favorable en 2023, rebautizó la compañía como Active hace 2 años y ahora la empresa cuenta con fábricas en Shenzhen e Indonesia, con unos 700 empleados. Kwon y los Carfield todavía siguen envueltos en litigios. Pero en el horizonte aparecía una pelea judicial todavía mayor. También en 2021, Smoore, el gigante chino del hardware para vapeo, que el año pasado facturó US$ 1.800 millones, presentó una denuncia por infracción de patente ante la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos contra casi 40 compañías, entre ellas AVD. Muchas empresas llegaron a un acuerdo, pero Kwon decidió dar pelea. La disputa le costó cerca de US$ 10 millones, aunque a fines del año pasado las compañías alcanzaron un acuerdo.
“Si ellos hubieran ganado con el alcance amplio que decían tener, se habrían quedado con un monopolio total sobre la importación de todos los vaporizadores”, dijo Kwon.
Mientras tanto, Active siguió sumando clientes de peso, como Jeeter, la mayor marca de pre-rolls del país, para sus productos de vapeo, y Curaleaf con su marca de vapeo Select, con la que desarrolló un nuevo producto llamado Briq, que tiene una capacidad de 2 gramos de aceite de THC.
Ahora, Kwon se prepara para expandir sus compañías en el mercado europeo, que atraviesa una etapa de fuerte crecimiento. A fines del año pasado, Sungrown compró una participación mayoritaria en Volcan, una procesadora de cannabis con base en Dinamarca, por cerca de US$ 3 millones, según una persona cercana a la operación. Kwon no hizo comentarios sobre esa inversión. Además, Active empezó a vender hardware para vapeo en toda Europa, incluso a Bloomwell, la mayor plataforma de telesalud de Alemania para pacientes de cannabis medicinal. Will Muecke, fundador de la firma de inversión en cannabis Artemis Growth Partners, había invertido en Volcan y se contactó con Kwon cuando llegó el momento de expandir la empresa.
“Los identificamos como un líder en el campo, tanto del lado de los dispositivos como del THC”, dijo Muecke. “En Europa, el mercado todavía no tiene desarrollada la categoría de vapeo. Eso significa que las empresas necesitan al socio adecuado. Sungrown y Active son los expertos”, completo.
Para Kwon, Europa representa otra gran oportunidad de expansión, sobre todo para una compañía estadounidense con trayectoria comprobada. Alemania, el mayor mercado de cannabis de la Unión Europea, registró US$ 944 millones en ventas el año pasado y tiene apenas 2 años de existencia.
“Creo que Europa es la puerta de entrada al resto del mundo”, dijo Kwon. “Pienso que existe potencial para que sea tan grande, o incluso más grande, que Estados Unidos”, concluyó.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com