Del taller a Free People: marca uruguaya de tejidos artesanales llegó al escaparate global, fue destacada por Vogue y participó en eventos de lujo
The Farra empezó con vestidos de fiesta tejidos a mano y casi sin recursos. Seis años después exporta a países del primer mundo, fue finalista en los Latin American Fashion Awards y está a punto de abrir un local frente al Casino Carrasco.

En 2019, tres mujeres con experiencia en el mundo de la moda, la decoración y la administración de empresas comenzaron a reunirse en talleres pequeños para experimentar con tejidos y bordados. 

Silvia Facciolo, Sol Markowicz, y Chiara Deffeminis sentían que había un espacio sin ocupar en la industria local, uno donde materiales considerados cotidianos, como la lana, el cuero o el algodón, pudieran transformarse en prendas de alto impacto. 

Dos años más tarde Markowicz le dio paso a su hermana Tini, egresada en diseño de moda, quien aportó una mirada técnica, tecnológica y una nueva visión alineada con el crecimiento de la marca.

Así nació The Farra, una marca que hoy, siete años después, acumula presencia en ferias de Nueva York y París, una colaboración con Free People, uno de los retailers de moda más grandes de Estados Unidos, y el título de primera marca uruguaya finalista en los Latin American Fashion Awards.

La historia empezó con vestidos de fiesta tejidos a mano y mucha incertidumbre. Según contó Tini Marckowicz en diálogo con Forbes Uruguay, el primer golpe llegó casi de inmediato cuando la pandemia dejó sin fiestas al mundo y los vestidos de celebración perdieron sentido. Fue entonces que el suéter artesanal tomó protagonismo y se convirtió en el producto emblema de la marca.

Entre ellos, el sweater Crucera, tejido a mano con mohair e intervenido con cintas de cuero, que años más tarde sería destacado por Vogue, como así también el Sweater Copos, de lanas teñidas en ollas con distintos tintes que marcan distintos momentos, y elegido por Imran Amed, fundador de The Business of Fashion, para uso personal.

El modelo que las diferencia

Uno de los pilares que las fundadoras señalan como clave en el crecimiento de la marca es el sistema de preventa. The Farra no fabrica stock. Cada prenda se confecciona únicamente cuando el cliente confirma la compra, lo que elimina casi por completo el desperdicio de materiales y permite que la empresa funcione sin necesidad de financiamiento externo. 

"Ese modelo hace que la empresa sea su propia inversora", explica Marckowicz. El esquema fue parte central de la defensa que presentaron en los Latin American Fashion Awards y, además, es uno de los argumentos que usan para posicionarse en el segmento de moda consciente.

La producción es íntegramente local. La materia prima, lana, cuero y algodón, se consigue en Uruguay y, en algunos casos, los colores se tiñen y los cueros se pintan de manera artesanal para lograr resultados que el mercado local no ofrece de forma directa. 

Para las telas importan el rollo desde el exterior, pero la confección se hace siempre en el país, distribuida entre varios artesanos y pequeños talleres especializados en distintos oficios, desde el tejido hasta el cuero y la costura. Cada prenda pasa horas en manos de esas personas y eso, sostienen, es lo que le da a cada pieza su carácter particular. No hay dos iguales.

El precio de entrada ronda los US$ 180 o US$ 200 por prenda. La venta se realiza a través de la web, Instagram y un showroom propio que está en proceso de mudarse a un local más amplio ubicado en Sáez esquina Rostand, frente al Casino Carrasco. La apertura está prevista para los próximos días y coincide con la participación de The Farra como marca protagonista de esta edición de invierno de la Moweek, donde tendrán un desfile propio.

Del Louvre a Free People

El salto internacional llegó de la mano del apoyo del gobierno uruguayo a través de Uruguay XXI, que les permitió participar en ferias y trade shows en el exterior. El término "feria" en el mundo de la moda tiene un significado distinto al que tiene en el imaginario local: se trata de eventos donde los compradores, grandes retailers y cadenas internacionales, visitan los stands y hacen órdenes de compra al por mayor. The Farra participó en Coterie y Brand Assembly en Nueva York, y en Première Classe en París, esta última realizada en el Museo del Louvre.

"Según dicen, Los buyers te tienen que ver dos o tres veces en la feria para confiar en la marca y ejecutar la primera orden", recuerda Marckowicz. En su caso, el resultado llegó antes. Desde la primera participación en ferias internacionales cerraron ventas y entre los clientes que sumaron figura Free People, que les propuso desarrollar una cápsula en conjunto, una colaboración de diseño que la cadena nunca había encarado con ninguna otra marca de su cartera. 

El crecimiento en facturación durante el último año fue del 200% respecto al período anterior. La empresaria atribuye ese salto a una combinación de factores donde los premios LAFA, las ferias internacionales y la expansión de la línea de productos, que creció más allá del tejido de punto para incorporar camisas, faldas, pantalones y bolsos, confluyeron al mismo tiempo. 

Desde 2023 hasta hoy, las exportaciones de The Farra, en conjunto con las ventas a retailers locales, totalizan unos US$ 166.000, distribuidos entre Estados Unidos, Francia y Argentina. Es el dato más concreto disponible sobre el volumen del negocio internacional, y da una dimensión de lo que significa construir una marca artesanal desde Uruguay con presencia en mercados como el norteamericano y el europeo. 

La nominación a los Latin American Fashion Awards como “Marca Artesanal del Año” llegó por invitación directa de la organización. Postularon junto a otras 3.000 marcas de la región, de las cuales 300 fueron seleccionadas en la categoría de proyecto artesanal. 

The Farra quedó primero entre las diez nominadas y luego entre las tres finalistas que viajaron a la ceremonia en noviembre. El jurado de esa edición incluyó a figuras como Donatella Versace, Nina García, Anna Dello Russo, Carlos Nazario y Gabriela Hearst. Fue la primera vez que una marca uruguaya llegaba a esa instancia.

"Para nosotras ya era el premio", cierra Marckowicz. Pero la repercusión que vino después demostró que el impacto iba bastante más lejos que el reconocimiento simbólico.