Mientras la "Generación Ozempic" busca que cada caloría cuente, un fabricante de proteínas en polvo de arveja y soja con sede en Minneapolis se convirtió silenciosamente en una potencia de la AgTech, entre góndolas llenas de cereales, pastas y bebidas deportivas cargadas de proteínas.
“Lo que todos los usuarios de GLP-1 quieren es sumar más proteína a su dieta”, dice Tyler Lorenzen, CEO de Puris Proteins. “Tiene que tener buen sabor y ser más nutritivo. Por eso Puris crece más rápido que sus pares. A la gente le encanta lo que come, y el buen sabor es la rampa de acceso a los hábitos saludables; ahí es donde empieza el círculo virtuoso de la longevidad”.
Le tomó 40 años a la empresa familiar Puris estar preparada para este momento. Lo que empezó con la crianza de soja por las noches en el sótano de una casa se convirtió en el mayor fabricante de proteína de arveja de Estados Unidos. “Invertís toda una vida en una idea y, cuando empieza a funcionar, se pone emocionante”, dice Lorenzen, de 40 años, cuyos padres fundaron la compañía en 1985. “Y ahí es cuando pienso: ¿cómo hago más?”.

Con ingresos anuales estimados en US$ 200 millones, Puris creció llenando un gran vacío en la industria de las semillas. Venden semillas de soja, maíz y arveja a cientos de productores en 20 estados, que producen unos 3 millones de bushels (unidades de medida de granos) al año. Su negocio de mejoramiento de semillas se complementa con una división de procesamiento que suministra proteína de arveja y otros insumos a 200 grandes marcas de alimentos, desde Cargill —la empresa privada más grande de EE.UU.— hasta la innovadora startup Ritual. La hermana mayor de Lorenzen, Nicole Atchison, CEO de Puris Holdings, trabaja con los productores para asegurar que haya suficientes hectáreas sembradas, mientras él comercializa la proteína para que llegue a los compradores.
Las empresas de alimentos recurren a Puris a medida que los consumidores, especialmente quienes usan drogas para bajar de peso, buscan más proteína en sus comidas diarias. Según datos de Spins, los productos hechos con proteína de arveja crecen un 15% anual, unas cinco veces más rápido que las marcas de alimentos tradicionales. El mercado para estos productos es de rápido crecimiento: se estima que el 12% de los adultos estadounidenses (unos 31 millones de personas) toman fármacos para adelgazar.
Desde 2018, una alianza con Cargill ayudó a convertir una antigua planta láctea en una fábrica de 18.500 metros cuadrados en Dawson, Minnesota, inyectando más de US$ 100 millones al negocio. Los Lorenzen mantienen la mayoría accionaria. Según Pitchbook, Puris recaudó más de US$ 250 millones en total, entre inversiones de capital minoritario y deuda. Forbes estima que Puris vale al menos US$ 400 millones, y la participación de la familia Lorenzen es de aproximadamente la mitad.

El objetivo, dice Atchison (42), es “construir independencia regional, lo que nuestro viejo llamaba ‘independencia proteica’. Estamos jugando lo que llamamos el juego infinito. Somos constructores, hacedores. No podemos evitarlo”.
A fines de los 70, Jerry Lorenzen trabajó un verano durante la secundaria para Pioneer —el semillero de Iowa que ahora es propiedad de Corteva— y decidió que él también tenía que ser fitomejorador. Fue un aficionado hasta que en 1985 decidió comercializar sus propias variedades. Con dos hijos chicos y US$ 250 en la cuenta bancaria, se puso a trabajar: vendía alimento balanceado de día y criaba soja de noche y los fines de semana, quedándose hasta la madrugada en su garaje haciendo experimentos. Fue astuto al darse cuenta de que había demasiada competencia en semillas de maíz, así que se enfocó en la soja. Desde el principio, Jerry seleccionó variedades por su alto rendimiento y concentración de proteínas. Lo primero en lo que gastó plata fue en una computadora para escribir código; le costó US$ 50 y la compró en un KMart.
Los primeros años de Puris fueron duros. El mejoramiento tradicional, sin bioingeniería, no da frutos por siete o diez años. Pero Jerry persistió y lanzó su primera variedad en 1999, mientras se burlaban de sus cepas "amateur"; era la era dorada de Monsanto y el mejoramiento transgénico creaba semillas principalmente para cultivos destinados a etanol, insumos industriales o forraje. Había pocos semilleros enfocados en desarrollar semillas para consumo humano, y mucho menos para el sabor.

Incluso después de varias intervenciones familiares, Jerry Lorenzen se mantuvo como uno de los pocos criadores que nunca mezcló sus variedades tradicionales con las de bioingeniería. “Nuestro padre nos enseñó hace mucho: si no controlás tus genes, podés terminar perdiendo hasta los pantalones”, bromea Lorenzen.
Ser independientes fue crucial. Si el padre de Lorenzen no hubiera financiado la operación a pulmón en esos primeros años, Puris probablemente no habría podido mantenerse 100% libre de OGM (organismos genéticamente modificados). Además, el negocio difícilmente habría podido comprar varias plantas abandonadas en el Medio Oeste cuando la fabricación huyó hacia los costos más baratos de China, lo que permitió que hoy Puris tenga una producción 100% nacional.
Puris recaudó US$ 4 millones de Portland Private Equity en 2012, según Pitchbook, pero se mantuvo austera. Luego, cuando la marca de proteína en polvo Vega (a la que Puris proveía) fue adquirida por WhiteWave Foods por US$ 550 millones en 2015, el fundador de Vega, Charles Chang, creó una firma de capital privado con su parte y volvió a invertir parte de las ganancias en Puris.
“Tenía un acuerdo de no competencia para hacer algo que obviamente perjudicara a Vega, así que ¿por qué no invertir en la empresa que realmente le vendía a Vega?”, dice Chang. “Construyeron Puris con un costo increíble y sorteando obstáculos gigantes. Básicamente crearon un laboratorio de proyectos experimentales con financiamiento limitado”.
Ese financiamiento llegó en un momento clave, justo cuando la industria de las semillas estaba por atravesar una consolidación mayor: los cuatro semilleros más grandes pasaron a ser solo dos. En 2015, Dow y DuPont se fusionaron en un acuerdo de US$ 130.000 millones y luego separaron el negocio de semillas combinado como Corteva. Mientras se gestaba ese acuerdo, en 2018, Bayer compró Monsanto por US$ 63.000 millones.

“Podés ser víctima de los ciclos de moda o de las bajas. O podés estar enfocado y firme”, dice Lorenzen. “Acá hay mucha voluntad y seguimos avanzando”.
Por esa época, Jerry dejó el día a día de la dirección del negocio para que sus hijos tomaran el mando y él pudiera enfocarse en el mejoramiento de plantas en el campo y en liderar el equipo de investigación y desarrollo genético. Lorenzen jugaba al fútbol americano profesional en ese entonces y formó parte del equipo de los New Orleans Saints que ganó el Super Bowl de 2009 (como ala cerrada en el equipo de práctica). Se unió al negocio familiar dos años después como vicepresidente de desarrollo de negocios, fue presidente en 2015 y asumió como CEO de Puris Proteins en 2018. El año anterior, Atchison, exingeniera de dispositivos médicos, se unió a la empresa y en 2020 se convirtió en CEO de Puris Holdings.
Lorenzen afirma que hoy las semillas de Puris rinden mejor que sus competidoras genéticamente modificadas y ofrecen una solución para los agricultores que luchan contra las altas temperaturas y suelos estresados, pero él sigue enfocado en el sabor. “Tenemos que encontrarnos con la gente donde ellos están”, dice. “No podemos decirles que coman algo solo porque es sano. Al poner productos de mayor calidad en el mercado, la gente empieza a asociarlos con algo rico, no con algo por lo que se están sacrificando. Es un concepto muy gratificante. Y el mercado tiene hambre de más”.
De cara al futuro, Atchison y Lorenzen seguirán aumentando las hectáreas donde se siembran semillas de Puris mientras buscan nuevas formas de incluir sus proteínas en productos de consumo masivo. Una apuesta es una proteína transparente 98% soluble, que es ideal para bebidas que no sean espesas ni lácteas. Pronto podríamos ver gaseosas proteicas y quizás hasta cócteles con proteína. Lorenzen cree que la proteína transparente, que Puris desarrolló durante una década y recién comercializó el año pasado, abrirá una nueva ola de productos, especialmente para la "Generación GLP-1".
“No se trata de cuántos productos compran, sino de cuánto terminan de consumir”, dice Lorenzen. “¿Estamos poniendo la nutrición en algo que realmente puedan consumir? La proteína transparente no te hace sentir lleno. Recibís la nutrición, pero no sentís el efecto de saciedad pesada”.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.