Suscribite
    ¡Hola!
    Cuenta
Forbes Argentina
NO VOLVER A USAR (Forbes US- getty)
Money

Wall Street empieza a dudar: el gasto récord en centros de datos enciende alarmas sobre sobreinversión

Gil Press

Share

Tras años de euforia tecnológica, los gigantes digitales aceleran desembolsos multimillonarios en infraestructura para IA y siembran inquietud entre gestores, que ven balances cada vez más exigidos y retornos todavía inciertos.

27 Febrero de 2026 17.40

Las cifras astronómicas y las predicciones alarmantes, impulsadas por una inteligencia muy humana, son una señal clara de que la burbuja de la IA se infla cada vez más. El ejemplo más contundente es el gasto previsto de US$ 1,7 billones en centros de datos en todo el mundo para 2030. Solo este año, Microsoft, Amazon, Meta y Google destinarán al menos US$ 670 mil millones. Para tomar dimensión, la construcción de estos centros ya supera la expansión del ferrocarril en la década de 1850 y hasta la carrera por llevar astronautas a la Luna en los años 60.

Además, las principales empresas tecnológicas y de inteligencia artificial desembolsaron más de US$ 100 millones el año pasado para influir en las políticas gubernamentales. Fue la primera vez que superaron esa cifra.

Este movimiento puede frenar la regulación de la IA y tranquilizar a funcionarios inquietos. Sin embargo, en Wall Street ya asoma la preocupación por el impacto de semejantes sumas. Una proporción récord de gestores de fondos cree que las compañías invierten de más. Esa lectura refleja inquietud por el gasto de capital de los gigantes tecnológicos en centros de datos y también por el dinero que destinan las empresas para integrar la IA en su infraestructura de TI.

En ese escenario, los inversores que siguen de cerca la adopción de la IA formulan una pregunta central: "¿SaaS o no SaaS?". En medio del debate sobre la posible sustitución del software tradicional por sistemas basados en inteligencia artificial, los componentes del ETF de software de State Street perdieron en conjunto US$ 1,6 billones en capitalización de mercado este año.

Las personas inteligentes saben sacar provecho tanto de la exuberancia irracional como de la ansiedad mal dirigida. Un escenario catastrófico sobre la IA, que publicó el domingo pasado en Substack la poco conocida Citrini Research, desató —al menos en parte— un derrumbe de US$ 700 mil millones en la primera hora de negociación del día siguiente.

“La narrativa de Wall Street ya no la definen los analistas de bancos de inversión… ni los medios tradicionales de comunicación empresarial… En cambio, puede definirse en hilos de Reddit, o… en una publicación en X”, escribe Bethany McLean.

El éxito viral de las especulaciones de Citrini sobre el futuro abre la puerta a otra conjetura: preparate para ver más escenarios extremos y predicciones alarmantes, provenientes de fuentes cada vez más inesperadas. Algunos textos surgirán de humanos asistidos por IA; otros, directamente, de “agentes de IA”.

Centro de datos.
Centro de datos.

Richard Rumelt llama a este fenómeno “colapso en la estructura de costos de la persuasión”. Antes, “la autoridad era difícil de fabricar y costosa de sostener”. Ahora, en cambio, “la apariencia de esa autoridad puede producirse por el precio de un sándwich”.

Rumelt menciona como ejemplo un video de YouTube “completamente inventado” que revelaba la supuesta estrategia del inversor multimillonario Stanley Druckenmiller para atravesar un inminente derrumbe del mercado. También cita el caso de Amelia, un personaje financiado por el Estado en el Reino Unido, que se creó con la intención de desalentar discursos de derecha y que luego fue “captured, inverted, scaled, and weaponised using mainstream generative tools available to anyone".

Y acá va otra predicción, que va un paso más allá del costo casi nulo de la persuasión: cuando delegás en la IA la tarea de escribir, resignás el ejercicio de pensar.

En respuesta a un periodista que instó a sus colegas a dejar de resistirse a la IA, Matthew Hennessey, de The Wall Street Journal, planteó una ironía filosa: "¿Puede [la IA] gastar $45 del dinero de la empresa emborrachándose con margaritas saladas con una fuente del gobierno?". Más allá del valor evidente del vínculo humano, Hennessey dejó un punto que muchos promotores de la IA en la educación pasan por alto: "Cambié de opinión varias veces sobre lo que quería decir. Escribir es así. Te ayuda a pensar. A menudo no tengo una opinión hasta que intento escribirla".

La consigna “Al diablo con el pensamiento, IA a toda velocidad” ganó terreno, incluso dentro de Amazon, una compañía que durante años abrió cada reunión importante con todos los participantes en silencio, concentrados en la lectura de un documento de seis páginas que detallaba el producto o proyecto en discusión. Sin embargo, ahora la dirección de Amazon alienta a sus empleados a que dejen que la IA escriba por ellos.

“La preocupación dentro de la empresa”, escribe Kristi Coulter, “es que Amazon está perdiendo de vista la importancia de la escritura en su cultura reflexiva y deliberativa, a medida que busca nuevas y poderosas herramientas. “Escribir es pensar”, cita Kristi a un veterano de la empresa. “Ese era el objetivo de la cultura de escritura de Amazon. No puedo decirte cuántas veces cambié de opinión al escribir una narrativa. E incluso cuando no lo hacía, mis argumentos eran más precisos por haberlos escrito. Ahora tenemos chatbots que escriben textos de seis páginas para que otros chatbots los resuman [para los gerentes]”.

El planteo expone una tensión que crece puertas adentro. Durante años, la escritura funcionó como filtro y como método para ordenar ideas. Cada documento obligaba a afinar argumentos y a detectar fallas antes de que salieran a la luz. Hoy, en cambio, parte de ese proceso queda en manos de sistemas automáticos. Y ahí surge la duda: si la máquina redacta y otra máquina sintetiza, ¿en qué momento alguien se detiene a pensar de verdad?

Centro de datos
Centro de datos

Escribir es pensar. Y pensar implica comprender, aclarar, revelar y distinguir la especulación y la propaganda de la realidad y la evidencia. Si te detenés un momento, vas a ver que la burbuja de la IA existe desde hace mucho tiempo; tal vez convenga llamarla burbuja de datos. Al fin y al cabo, la IA aporta herramientas nuevas para procesar datos, sobre todo letras, píxeles y muestras de audio.

La capacidad de las empresas para absorber y aprovechar estas herramientas va a definir, en gran medida, la demanda de potencia informática en esos centros de datos valuados en 1,7 billones de dólares que se mencionaron antes. También va a marcar el futuro de las compañías tecnológicas y de IA, además de la velocidad con la que la inteligencia artificial reemplace al software tradicional. Nada de eso ocurre en el vacío: todo depende de qué tan preparadas estén las organizaciones para dar ese salto.

Mirá este dato: una encuesta reciente reveló que el 83% de los altos ejecutivos de infraestructura empresarial afirmó que, sin mejoras importantes en su infraestructura de datos, sus sistemas fallarán en los próximos dos años. Un tercio sostuvo que eso pasará el año que viene. Los datos, junto con la infraestructura que los respalda dentro y fuera de la empresa, son una pieza clave de "los cimientos aburridos que importan cuando la moda se desvanece", me comentó un inversor exitoso a principios de este mes.

Poner el foco en los datos también puede cambiar lo que muchos hoy ven como la periferia de la IA. India genera el 20% de los datos globales y el 62% de sus ciudadanos usa herramientas de IA generativa de al menos una empresa tecnológica. Sin embargo, el país aloja apenas el 3% de los datos del mundo. Por eso, sus líderes buscan revertir esa situación y priorizan el almacenamiento y el mantenimiento de datos, incluidos los locales, dentro de su estrategia de inteligencia artificial.

Además de las razones comerciales, India quiere imprimirle una marca propia a la IA. El primer ministro Narendra Modi lo expresó así: "El espíritu rector, 'Sarvajan Hitay, Sarvajan Sukhaye', refleja la filosofía de civilización de la India. El objetivo final de la tecnología debería ser 'Bienestar para todos, felicidad para todos'. La tecnología existe para servir a la humanidad, no para reemplazarla".

Si mirás la IA desde otro ángulo y dejás de lado el ruido alrededor de la IAG, la superinteligencia, las fortunas en juego o los millones de empleos que podrían perderse, aparece otra historia. 

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com
 

10