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Lucas Llach en Forbes Studio: "Abrir la economía con un tipo de cambio dudoso o atrasado es el gran riesgo"

Alex Milberg

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A punto de publicar un nuevo libro junto a Pablo Gerchunoff, el académico en Di Tella y “polemista a tiempo completo” en X, debate con opositores e incomoda a los de su propio espacio. Su visión de la economía, el panorama Milei 2026 y la causa Vicentin: “Banco Nación actuó del mismo modo que otros 15 bancos privados en plena crisis”.

28 Enero de 2026 17.12

Es un académico suelto en el fango de X, ese territorio hostil donde discute con argumentos e inteligencia frente a libertarios, kirchneristas y peronistas, incomodando incluso a los propios. Lucas Llach puso el cuerpo en la función pública y hoy, con la distancia que da la reflexión y la urgencia que impone la coyuntura, visita Líderes Unplugged para presentar un libro que es, en sí mismo, una hoja de ruta para entender el laberinto nacional: "Ved el trono a la noble igualdad". 

Escrito a cuatro manos con Pablo Gerchunoff, el título evoca un verso del himno que funciona como disparador de una tesis política y económica sobre las constantes que frenan el desarrollo. La Argentina, sostiene Llach, parece estar maldita por una tentación proteccionista de cerrarse al mundo que arrastra desde los años 30 o 40. Y cuando no cayó en el aislacionismo, sucumbió a esa otra trampa cortoplacista: el atraso cambiario. 

Para el economista, tanto la protección industrial como el dólar barato son mecanismos para sostener salarios altos de forma artificial, una demanda social tan potente que atraviesa a todos los gobiernos, desde los regímenes militares hasta las gestiones de Cristina Kirchner o Javier Milei. "Es una tentación que complica el crecimiento económico", advierte con la frialdad del dato, subrayando que rara vez convivieron en el país una economía abierta con un tipo de cambio lógico o razonable.

Esa sensibilidad especial por la igualdad, que Llach identifica como un rasgo cultural profundo de un país que supo ser el mayor receptor de inmigrantes del mundo en relación a su población local, es lo que condiciona el debate actual. Existe, según su visión, un "capitalismo rentístico" en Argentina, muy vinculado con el Estado, donde se ha instalado la idea de que ser pro-industria es necesariamente proteccionista. Llach rompe esa lógica con una frase que interpela directamente al establishment manufacturero: 

"Es un poco autodenigrante pensar que la industria manufacturera argentina necesita la protección para, por ejemplo, ser rentable y exportable". El ejemplo de Toyota, que exporta y compite, le sirve para ilustrar que, con acceso a insumos más fáciles y baratos, la industria local sería "de primera". Su análisis sobre el modelo de Javier Milei es quirúrgico. Reconoce que el diagnóstico oficial es eminentemente fiscal —bajo la premisa de que arreglando las cuentas se arregla todo—, pero pone la lupa sobre la ejecución de la desregulación y la gestión del precio del dinero. 

Lucas Llach
Lucas Llach

"Si yo estuviera ahí, soltaría el dólar, que vaya donde tenga que ir. Si somos libertarios, dejemos que el tipo de cambio sea libre", dispara, calificando de "fatal arrogancia" la pretensión estatal de establecer que el dólar debe valer una cifra determinada, como los 950 pesos de referencia, sin dejar que el mercado valide ese número.

Al evaluar el desempeño reciente, Llach observa que el 2025 no fue un año de boom económico. El crecimiento aparente del 4% se explica más por la comparación con un año anterior en alza que por una aceleración real. Sin embargo, concede que el Gobierno enfrentó el peso de lo que denomina  "riesgo Kuka", ese fantasma de la incertidumbre política y el camino a la elección que generó ruidos en la inflación y la actividad. 

Por eso, proyecta que el 2026 será el verdadero test de la tesis Milei: sin el riesgo de un retorno inminente de la oposición kirchnerista y con el orden fiscal consolidado, la duda es si la economía finalmente logrará funcionar bien y si la inflación terminará de derrumbarse. Es una apuesta a todo o nada sobre la flotación y la apertura comercial, un proceso del que Llach se declara a favor, aunque con la advertencia de que abrir la economía con un dólar atrasado o dudoso es un terreno históricamente peligroso para cualquier gestión.

Milei disertó en el “Country Strategy Dialogue on Argentina” ante CEOs, en el marco del Foro Económico Mundial.
Llach proyecta que el 2026 será el verdadero test de la tesis Milei

La conversación también transitó por los pasillos más ásperos de su paso por la gestión pública: la situación judicial por la causa Vicentin. Llach no esquiva el bulto y defiende la literalidad de lo actuado en el Banco Nación durante el año 2019. Explica que la carne de la acusación se centra en que la línea del banco no le cobró y le hizo un "rollover" a la deuda de la empresa entre agosto y octubre de ese año. Su argumento es demoledor frente a la lógica de la fiscalía: 

"En ese período, el Estado argentino reestructuró su deuda; quince bancos nacionales e internacionales hicieron exactamente lo mismo con el mismo cliente, en el mismo momento". Para Llach, la idea de que se podría haber ejecutado una garantía en medio de una corrida financiera masiva es una construcción política de Claudio Lozano alejada de la realidad operativa y bancaria. 

Define este proceso como "los gajes del oficio" de meterse en política y recuerda el consejo de un amigo abogado frente a la frustración de la indagatoria: la causa es como un lunar en la espalda; hay que acostumbrarse a vivir con él, seguir adelante y no pensar mucho en eso, confiando en que no hubo ni corrupción ni negligencia. De hecho, rescata su orgullo por haber impulsado la digitalización: "Hoy la app BNA+ la usan 10 millones de personas. Me alegro de haber ido ahí porque realmente tuvimos un impacto grande en millones de personas".

recursos humanos e inteligencia artificial
El economista no cree que la inteligencia artificial vaya a generar desempleo masivo

En el tramo final, el Llach optimista emerge al hablar del futuro y la tecnología, alejándose de las visiones apocalípticas sobre el fin del trabajo. El economista no cree que la inteligencia artificial vaya a generar desempleo masivo. Su argumento combina la caída demográfica global, que reducirá la oferta de trabajadores, con un aumento de la riqueza que potenciará la demanda de servicios "mano de obra intensivos", como la gastronomía o el arte. 

Recupera una visión casi utópica, donde la productividad tecnológica nos devuelve a lo humano. Citando el ensayo de John Maynard Keynes sobre las posibilidades económicas de nuestros nietos, imagina un futuro donde el emprendedurismo ya no sea la máxima aspiración social, sino una vulgaridad, dejando espacio para valorar a los artistas, poetas y filósofos en un "ocio creativo". Es una coincidencia curiosa con la visión del paraíso comunista de Marx, donde la gente se dedica a sus hobbies porque la subsistencia está resuelta por la técnica.

Ese balance entre la frialdad de la técnica económica y la sensibilidad humana se traslada también a su vida privada. Llach confiesa que su mayor orgullo no son los cargos, las funciones en el Banco Central o los libros publicados, sino sus hijos. Haber sido padre a una edad madura le otorgó una perspectiva diferente sobre el ciclo de la vida y el aprendizaje constante. Recuerda a su padre, fallecido el año pasado, y cómo el regocijo de su vida adulta fueron los encuentros familiares, los asados y los almuerzos con sus hijos. 

"Que te digan 'abrázame papá' de noche, eso no tiene precio", concluye con una emotividad que contrasta con sus filosos debates en las redes. En ese balance final, entre la discusión del tipo de cambio y el afecto más primario, la vida de este académico que no teme al fango encuentra su verdadero punto de apoyo. La moneda sigue en el aire, pero la apuesta por una Argentina abierta y una vida dedicada a la noble igualdad sigue siendo el eje de su discurso.

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