El mercado sigue con atención la próxima licitación del Tesoro Nacional, que tendrá como principal interrogante no sólo el nivel de renovación de los vencimientos, sino también cuántos pesos decidirá devolver el Gobierno al sistema financiero.
El objetivo aparece cada vez más vinculado a la necesidad de recomponer la liquidez y generar condiciones para una recuperación de la actividad, aunque sin poner en riesgo la estabilidad cambiaria.
El Tesoro llega a la operación con vencimientos por $8,1 billones, una cifra que no representa por sí misma un desafío significativo para las autoridades. La composición incluye $4,3 billones en Lecaps y $3,8 billones en bonos duales.
“El Tesoro enfrenta un monto que no luce exigente. La discusión pasa por la liquidez del sistema, que todavía no terminó de normalizarse pese a que en la última semana de agosto el Tesoro liberó cerca de $0,5 billones al mercado”, explicó Justina Gedikian, estratega de bonos en Cohen Aliados Financieros.
El dato resulta relevante porque el Gobierno ya comenzó a utilizar las licitaciones como una herramienta para administrar la cantidad de pesos disponible en la economía. En la última semana de agosto, la liberación de unos $500.000 millones buscó aliviar las condiciones monetarias, pero el efecto sobre las tasas fue limitado.
De hecho, la TAMAR cerró la primera semana de septiembre en 24,2% de tasa nominal anual, apenas 50 puntos básicos por debajo del cierre de agosto. El comportamiento muestra que la liquidez todavía no se normalizó completamente y que el mercado continúa demandando un rendimiento relativamente elevado para mantener posiciones en pesos.
“La subasta llega con una liquidez que, por ahora, no luce como un problema: los bancos tomaron $3 billones en la rueda de repo, mientras las curvas a tasa fija y CER permanecieron estables. ¿Será suficiente para que el Tesoro vuelva a extender duration tras dos licitaciones dominadas por instrumentos muy cortos? También habrá que seguir una eventual reapertura del AO29, en un contexto donde los rendimientos de las curvas soberanas comprimieron”, comentaron desde Portfolio Personal Inversiones.

En este contexto, la expectativa apunta a que el Tesoro vuelva a renovar menos deuda que la que vence. “Sobre esa base, es razonable esperar un nuevo rollover por debajo de los vencimientos, con una inyección de pesos deliberadamente acotada”, sostuvo Gedikian.
La estrategia tiene una lógica económica clara. Si el Tesoro devuelve parte de los pesos que previamente había absorbido mediante la colocación de deuda, esos fondos pueden quedar disponibles para bancos, empresas e inversores. El objetivo es reducir la presión sobre la liquidez y favorecer una recuperación del crédito y del consumo.
“Detrás aparece el objetivo de darle aire a una economía que no termina de reactivarse, con la recaudación ligada a la actividad todavía en baja y un crédito privado estancado”, advirtió Gedikian.
La decisión cobra mayor importancia porque el Gobierno busca sostener simultáneamente varios objetivos: mantener la desinflación, evitar una suba brusca del dólar y, al mismo tiempo, mejorar las condiciones monetarias para que la economía pueda recuperar dinamismo.
La licitación se convierte así en una herramienta de política económica y no sólo en una operación de administración de deuda.
El Tesoro tiene capacidad para elegir cuánto renovar y cuánto dinero devolver al mercado. Sin embargo, una inyección demasiado agresiva podría generar un exceso de pesos que termine trasladándose al dólar. En ese escenario, parte de los avances logrados sobre la inflación podrían quedar bajo presión.
“Los pesos que la curva no absorba podrían presionar sobre el dólar, y el Gobierno no está dispuesto a resignar el ancla cambiaria que sostiene el proceso de desinflación”, señaló Gedikian.
La estrategia oficial, por lo tanto, apunta a una liberación gradual y controlada de liquidez. El Gobierno busca que los pesos adicionales lleguen al sistema en una magnitud suficiente para reducir el costo financiero y favorecer el crédito, pero sin generar un cambio brusco en las preferencias de los inversores.