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Jerome Powell, presidente de la FED
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Jerome Powell, presidente de la FED
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El Departamento de Justicia de Trump retira los cargos contra Jerome Powell y pone fin al intenso pulso sobre la Fed

Redacción Forbes

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El Departamento de Justicia abandona la causa penal contra Jerome Powell por el gasto en las refacciones de la sede, pero la batalla política entre el FED y Donald Trump sigue abierta mientras el Senado debate el nombre de su sucesor.

24 Abril de 2026 17.00

El Departamento de Justicia de Estados Unidos dio un giro inesperado en el pulso entre el presidente Donald Trump y el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell: comunicó que dejará de lado la investigación penal por los supuestos sobrecostos en las refacciones de los edificios de la Fed y que el asunto pasará a ser revisado por la propia Inspección General de la entidad. La decisión desactiva de forma inmediata la amenaza de un juicio penal contra Powell, pero no elimina el trasfondo político que lo ha convertido en el centro de un conflicto abierto entre la Casa Blanca y el banco central.

En un comunicado, la procuradora federal Jeanine Pirro anunció que no se avanzará en una causa penal, pero advirtió que “no dudará en reanudar la investigación si los hechos lo justifican”. Mientras tanto, el trabajo de auditoría recaerá en la oficina de la Inspección General del FED, que aseguró estar “trabajando activamente para completar la revisión y espera hacer pública sus resultados ante el público y el Congreso una vez finalizada”, sin dar un plazo preciso.

Un pleito político por el costo de las refacciones

El origen de la tensión se remonta a las obras de refacción de los edificios Eccles y 1951 Constitution Avenue, en Washington, que albergan la sede de la Fed y que se construyeron en la década de 1930. El FED presentó un plan de “reconstrucción y modernización total” que incluye la remoción de amianto y la eliminación de contaminantes de plomo, con una estimación inicial de unos 2.500 millones de U$S. Sin embargo, críticos cercanos a Trump mencionaron costos potenciales cercanos a los 3.100 millones de U$S, lo que el presidente utilizó como bandera para acusar al banco central de “mal manejo fiscal”.

Jerome Powell tomó una medida inusual, poco frecuente en un banquero central, al difundir en enero un video público en el que reveló que el Departamento de Justicia había servido citaciones y amenazado con una imputación penal basada en su testimonio ante un comité del Senado sobre las refacciones. “Es un escenario sin precedentes”, sostuvo entonces, y aseguró creer que la investigación se había abierto por el enfado de Trump con el FED por no recortar las tasas de interés a pesar de su presión reiterada.

Powell fue claro en el mensaje político: advirtió que lo que estaba en juego no era solo el costo de unos edificios, sino la independencia de la Fed para fijar la política monetaria “en base a la evidencia y las condiciones económicas, y no a la presión o la intimidación política”. Para el banco central, las reformas, aunque caras, permitirán ahorrar costos operativos en el mediano plazo, un argumento que hasta ahora se ha mantenido en la esfera técnica, no penal.

Trump, las tasas de interés y la amenaza de destitución

El conflicto se enmarca en años de tensión entre Trump y Powell por la política de tasas. El presidente, que construyó su carrera comercial tomando deuda en el mercado inmobiliario, gusta de las tasas bajas porque abaratan el crédito y estimulan la actividad económica. Mostró incomodidad cuando el FED subió las tasas durante su primer mandato y, al retomar el poder, volvió a reclamar públicamente recortes. [web]

El FED, en cambio, prioriza el control de la inflación y el equilibrio de los ciclos económicos; para Powell, mantener tasas más altas que las que Trump desea forma parte de esa responsabilidad. El choque de miradas derivó en frases de Trump que calificaron a Powell de “narigudo” y de alguien que “hace un pésimo trabajo”, lo que llevó a especular incluso con la posibilidad de intentar destituirlo antes del vencimiento de su mandato. Algunos expertos jurídicos advirtieron que un intento de despedir a un presidente de la Fed sería legalmente muy litigioso y constitucionalmente delicado.

La amenaza se recrudeció la semana pasada, cuando Trump advirtió que podría retirar a Powell del cargo si no se aparta de forma voluntaria al finalizar su periodo el 15 de mayo. El presidente de la Fed, sin embargo, anunció que permanecerá en el cargo hasta que el Senado confirme a su sucesor, el ex funcionario de la Fed Kevin Warsh, nombrado por el propio Trump. Warsh, un economista de línea relativamente conservadora, ha sido defendido por la Casa Blanca como la figura que “restaurará competencia y confianza” en la gestión del banco central.

El Senado en el eje de la sucesión

El escenario legislativo añade otra capa de incertidumbre. El senador republicano Thom Tillis, clave en la ratificación de nominaciones, condicionó su apoyo a Warsh a que el gobierno dejara de perseguir a Powell. “Los contribuyentes estadounidenses merecen respuestas sobre el mal manejo fiscal de la Fed, y la Inspección General, con sus mayores facultades, está mejor posicionada para llegar al fondo del asunto”, afirmó el vocero de la Casa Blanca, Kush Desai, en un comunicado que buscaba apaciguar el temor de una judicialización de la lucha de poder.

El propio Desai, sin embargo, reiteró la confianza de la administración en que el Senado confirmará “rápidamente” a Warsh, en lo que el Gobierno presenta como un reset del liderazgo de la Fed. La dinámica genera un doble mensaje: por un lado, se cierra la puerta a una causa penal contra Powell; por otro, se mantiene presionado al FED con el reemplazo de su titular y la pelea simbólica sobre la fiscalización de sus gastos.

Qué significa para la independencia de la Fed

El episodio va más allá de los cálculos de costos de una obra de infraestructura. Las tasas de interés determinan el costo del crédito y la inflación; tasas bajas estimulan el consumo y la inversión, mientras que tasas altas frenan el gasto para contener la aceleración de precios. Que un presidente enfrente directamente a un presidente de la Fed por no doblegarse a sus deseos de políticas expansivas entraña riesgos para la percepción de independencia de la institución.

El hecho de que el FED haya tenido que justificar públicamente el costo de sus refacciones y que su titular haya tenido que salir a denunciar un “ataque” sin precedentes refleja la intensidad del choque. La independencia del banco central no es solo un principio técnico: es un mecanismo de confianza que, si se erosionara, podría traducirse en mayores primas de riesgo, volatilidad cambiaria y dudas sobre la estabilidad monetaria en un contexto de inflación persistente.

El retiro de la investigación penal de Powell no cierra el capítulo, sino que lo traslada a otra arena, menos explosiva pero igualmente política: la revisión interna de la Inspección General, los debates en el Senado sobre Warsh y la capacidad que el próximo presidente del FED tenga para resistir la presión de un mandatario que ha dejado claro que, cuando se trata de tasas de interés, tiene una opinión bien definida y poco dispuesta a ceder.

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