Solo el inversor de capital riesgo independiente Nathan Benaich apostó por la inteligencia artificial mucho antes de que ChatGPT la llevara al centro de la escena. En 2013, las primeras aplicaciones de esta tecnología se concentraban en el trading financiero algorítmico, la mejora de los algoritmos de búsqueda y los vehículos autónomos que recién daban sus primeros pasos.
Después de pasar por fondos como la firma británica de etapa temprana Playfair VC, fundó Air Street Capital en 2019 para invertir en startups centradas desde el inicio en inteligencia artificial, con foco en rubros como el descubrimiento de fármacos y la ciberseguridad. Pero ese año le costó conseguir los US$ 27 millones para su primer fondo. “En aquel momento era realmente muy difícil encontrar a alguien que quisiera invertir en IA”, declaró Benaich a Forbes. @@FIGURE@@
Los tiempos cambiaron. El inversor, con sede en Londres, anunció el lunes que Air Street recaudó un fondo de aproximadamente US$ 230 millones, casi el doble del Fondo 2, de US$ 121 millones, que levantó en 2022, y nueve veces más que el primero. Con esa captación, Air Street Capital pasó a tener el mayor fondo de capital de riesgo individual de Europa.
“En un mercado donde las grandes firmas de capital riesgo acaparan el 99% del capital disponible y lo absorben todo…es posible destacar, porque creo que, al fin y al cabo, la decisión de con qué firma de capital riesgo trabajar recae en los fundadores”, afirma Benaich.
Tiene un historial muy sólido: respaldó a varias de las empresas más destacadas de IA, como ElevenLabs, valuada en US$ 11.000 millones; Crusoe, en US$ 10.000 millones; Synthesia, en US$ 4.000 millones; y Black Forest Labs, en US$ 3.250 millones. Benaich sostuvo que encontrar el talento indicado y detectar las startups en las que conviene invertir es un "juego a largo plazo". Aunque algunas startups crecieron con rapidez, otras, como Synthesia y la startup de autos autónomos Wayve, fueron "éxitos de la noche a la mañana en siete o diez años". "Las cosas eran muy diferentes entonces y nadie lo creía", comentó.
Benaich señaló que, mientras las firmas tradicionales de capital de riesgo destinan miles de millones a los neolabs, es decir, empresas emergentes centradas en la investigación que priorizan los avances de largo plazo por encima de los ingresos inmediatos por productos, también hay un valor muy importante en las compañías que desarrollan la infraestructura que impulsa la IA y en las aplicaciones que la aprovechan.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com