Florencia Radici Editora
La historia de Lautaro Schiaffino y su recorrido en el mundo emprendedor tecnológico muestra cómo van evolucionando las tecnologías y los negocios. Oriundo de Tres Arroyos, una ciudad bonaerense de 70.000 habitantes, el ingeniero industrial transitó un camino que lo llevó desde el interior de la provincia de Buenos Aires a América Latina. Hoy al frente de Darwin AI, Schiaffino lidera una organización que no solo supera los US$ 3,5 millones facturación. Con más de US$ 7 millones levantados en rondas de inversión en menos de tres años y presencia en más de 20 países, Darwin IA es una startup de automatización.
La historia de Lautaro es la de un “builder” constante. Tras mudarse a la Capital Federal para sus estudios universitarios, vivió una década viajando y sumergiéndose en el mundo de las startups. Sus primeros pasos estuvieron marcados por la guía de referentes como Santiago Bilinkis y Andy Freire, quienes lo impulsaron a pensar en grande y con una perspectiva regional. Su formación técnica y su paso por Continente 7 -empresa adquirida por Accenture donde desarrollaba algoritmos de predicción de demanda para gigantes como Unilever en 2014- cimentaron su comprensión sobre el poder de los datos.
Sin embargo, su camino no estuvo exento de tropiezos. Su primer gran proyecto independiente, Rodati, una plataforma para vender autos online nacida en 2014, terminó en cierre. “Fundió, no funcionó”, reconoce. Esa experiencia, que lo llevó a liderar un call center de 20 personas en San Pablo, fue la génesis de su comprensión sobre un problema sistémico en la región: la desconexión entre el avance de internet y la ineficiencia operativa de los negocios.
De esa observación nació Sirena, su segundo gran hito. Al notar que los mejores vendedores utilizaban WhatsApp de manera casi exclusiva, Schiaffino y su equipo pivotaron hacia la creación del primer CRM diseñado específicamente para esta plataforma. La pandemia actuó como un catalizador inesperado, llevando la facturación por encima de los US$ 15 millones y culminando en la venta de la compañía a Zenvia. Tras un breve retiro dedicado a la reflexión y a los juegos de mesa, la irrupción de ChatGPT a finales de 2022 encendió nuevamente la chispa emprendedora. Junto a su socio Ezequiel Sculli, con quien comparte un origen similar y una visión conectada tras haber pasado por Singularity University y visitado instalaciones de vanguardia como Space X, decidió que era momento de volver al ruedo.
Darwin AI surgió entonces de una obsesión por resolver la comunicación comercial mediante lo que Schiaffino define como una “fuerza de trabajo de IA”. Aunque al principio pensaron que quizá estaban llegando tarde al mercado, pronto descubrieron que el terreno estaba virgen. “A fines de 2022, el costo de una conversación era mucho más grande y los modelos alucinaban”, recuerda. Darwin AI se formalizó a finales de 2023 con una propuesta clara: ofrecer empleados de IA capaces de atender clientes a través de llamadas, WhatsApp e Instagram, integrándose de forma orgánica a las herramientas existentes de las empresas. Esta fuerza laboral sintética no se limita a responder preguntas frecuentes; vende, califica prospectos, gestiona soporte y realiza postventa, eliminando la necesidad de prompts complejos por parte del usuario final.
La validación del modelo de Darwin no tardó en llegar. El caso de Grupo Briones es un ejemplo de esta eficiencia comercial; antes de integrar la tecnología de Darwin, la operación convertía apenas el 2% de sus leads en citas; tras la implementación, la tasa saltó al 8%. No obstante, para Schiaffino, el valor real reside en la optimización estratégica del talento humano. “Logramos una reducción drástica en el no-show, lo que permitió que el equipo de ventas dejara de gestionar agendas vacías para enfocarse exclusivamente en conversaciones de alto valor e impacto en el bottom line”, explica el emprendedor. Esta filosofía se resume en el lema de la compañía: “Let Humans do Human Things”. @@FIGURE@@
El crecimiento de la firma fue ascendente. Con una estructura que ya supera las 80 personas, la empresa atrajo capital “inteligente” mediante lo que Schiaffino denomina el “diagrama de Venn de inversores”. Buscando cubrir sus debilidades -como la falta de conexiones en Silicon Valley o la capilaridad local en mercados clave- sumaron a fondos de primer nivel como Canary en Brasil, Dalus en México, Bridge y H2O en Colombia, además de Base10 en San Francisco. Esta red de soporte les permite competir en una industria donde la soberanía tecnológica y el conocimiento local son diferenciales críticos frente a los gigantes del exterior. Según Schiaffino, la región tenderá a regular la IA, y contar con empresas que lideren esta ola desde América Latina es una cuestión de estrategia a largo plazo.
El presente de Darwin AIestá marcado por una ambición de escala. Tras cerrar 2024 con un crecimiento exponencial, el objetivo para este año es multiplicar los ingresos entre tres y cuatro veces. Para apuntalar esta aceleración, la compañía incorporó a Agustín Quintas como nuevo Head of Growth, proveniente de Google. Además de la expansión comercial, la empresa está apostando fuerte por la creación de comunidad. Darwin House, un nuevo espacio físico para eventos en Buenos Aires, busca consolidar un ecosistema de IA en la región, iniciativa que pronto se replicará en San Pablo y Ciudad de México. “Es el momento de ayudar a los millones de negocios en todo LATAM que van a implementar IA en los próximos dos años”, afirma Schiaffino.
Mirando hacia el futuro, el fundador de Darwin AI visualiza una transformación en dos etapas. La primera, la de los “bits”, que en los próximos dos o tres años sustituirá un altísimo porcentaje de los puestos de oficina mediante la automatización de procesos repetitivos. La segunda etapa será la de los “átomos”, donde la robótica transformará el mundo físico a medida que los costos de producción disminuyan. Schiaffino no ve este proceso con pesimismo, sino como una evolución necesaria: “El humano va a evolucionar, se va a conectar con lo que significa ser humano y va a encontrar nuevas formas de trabajo”. En Darwin, la visión es clara: la IA no es solo una herramienta de eficiencia, sino un viento que empujará a aquellos que tengan “la vela abierta”.
Los próximos pasos de la compañía incluyen permitir que la IA se automodifique en tiempo real, resolviendo hasta un 40% de sus propias actualizaciones de manera autónoma. Con una base sólida de más de 20 clientes corporativos de gran escala y una plataforma que evoluciona constantemente, Darwin AI se posiciona para liderar la comunicación empresarial en la era de la IA generativa, bajo la premisa de que, mientras la IA se encarga de las tareas redundantes, las personas finalmente podrán dedicarse a lo que mejor saben hacer: ser humanas.