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Innovación

El Mundial más vigilado: cómo la IA y la biometría cambiarán el fútbol (y nuestra privacidad)

Rocío Bravo


Imagen Generada por Gemini
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Con 16 sedes repartidas en tres países y millones de asistentes hiperconectados, la Copa del Mundo 2026 es un campo de pruebas global para la vigilancia predictiva, la ciberseguridad y la biometría. Mientras el sector corporativo blinda infraestructuras críticas, surge un debate ineludible: ¿Cuánta privacidad estamos dispuestos a ceder a cambio de un evento ágil, moderno y seguro?

17 Junio de 2026 07.36

La Copa Mundial de la FIFA 2026 ya está reescribiendo la historia operativa de los megaeventos deportivos. Por primera vez, el torneo es albergado conjuntamente por Estados Unidos, México y Canadá, reuniendo a 48 selecciones y atrayendo a más de seis millones de aficionados a sus 16 sedes. Semejante movilización consolida lo que la consultora VML define en su reporte “The Future 100 2026” como la era de la "omnivigilancia"

En este contexto contemporáneo, la observación constante por parte de corporaciones e inteligencias artificiales se ha normalizado, obligándonos a una autoedición permanente de nuestros comportamientos. Hoy en día, la vigilancia suele llegar disfrazada de conveniencia; las personas ceden gustosamente sus datos más íntimos a cambio de accesos rápidos y servicios sin fricciones. El Mundial 2026 será el reflejo perfecto de este nuevo pacto social.

Para dimensionar el desafío de proteger este ecosistema, Luciano Moreira, Chief Transformation & Strategy Office de Cloud Legion, ofrece una perspectiva clara: "El Mundial 2026 no tiene una frontera: tiene dieciséis, en tres países y en dos planos al mismo tiempo, el físico y el digital". Proteger este entorno exige que las fuerzas de seguridad de tres jurisdicciones logren hablar un solo idioma tecnológico para anticipar amenazas en tiempo real.

Matías Baillo, experto en Ciberseguridad en Logicalis Argentina, coincide en que el evento "combina tres factores inéditos: escala, hiperconectividad y complejidad multinacional". Esa hiperconectividad hace que cada incidente adquiera alcance global instantáneo. Al respecto, Sebastián González Palacio, Sr. Dir. Advanced Connectivity & Security de Cirion Technologies, señala que "el verdadero reto no está solo en los estadios, sino en la red que permitirá transmitir, distribuir y consumir el evento en tiempo real". La superficie de exposición, advierte, “será monumental para ciberdelincuentes y amenazas avanzadas”.

Videovigilancia predictiva y el rostro como ticket de entrada

El paradigma tradicional de guardias estáticos mirando paredes de monitores ha muerto. La tecnología tomará el control absoluto de los ingresos, convirtiendo la fisonomía de los espectadores en su salvoconducto. De hecho, antes de la competencia, 65 aeropuertos de Estados Unidos ya han implementado sistemas de reconocimiento facial sin contacto que reducen la verificación de identidad a apenas unos segundos.

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Ulises Gómez, de Motorola Solutions Latinoamérica, detalla que "la tecnología ayuda a proteger al aficionado

Dentro de los recintos, la meta es la proactividad. Hernando Castiglioni, director de Ingeniería para Fortinet Argentina, explica que con el salto madurativo de la tecnología "el objetivo ya no es reaccionar más rápido, sino anticiparse y actuar antes de que sea tarde".

Emmanuel Lucero, IT Manager y Líder de IA en Streambe, ilustra esta convergencia técnica: "El video de las cámaras de seguridad por sí solo es reactivo: te muestra lo que ya pasó. La analítica lo vuelve predictivo". Utilizando gemelos digitales de los estadios, los operadores podrán visualizar cómo se forman cuellos de botella y desarticularlos antes de que se conviertan en avalanchas.

Ulises Gómez, Vicepresidente Senior de Ventas para Video Seguridad y Control de Acceso en Motorola Solutions Latinoamérica, detalla que "la tecnología ayuda a proteger al aficionado. Buscamos devolver el espectáculo al fan". Esto se logra mediante herramientas de IA generativa que emiten alertas visuales automáticas cuando detectan anomalías en las gradas, reduciendo la fatiga visual del personal humano”.

Por supuesto, esta digitalización del espacio físico tiene un costo social innegable. Martina Tolosa, Directora en Toltech Group, anticipa que veremos un "control de acceso biométrico y sin fricción, que vienen a reemplazar a los viejos detectores de metales". Sin embargo, la ejecutiva es contundente al advertir sobre los efectos secundarios de este ecosistema: la hipertecnologización "aumentará la seguridad física, pero reducirá el anonimato que solíamos tener en los espacios públicos".

El árbitro invisible: la Inteligencia Artificial toma el control

La Inteligencia Artificial dejará de ser una simple herramienta de análisis retrospectivo tras bambalinas. Leonel Navarro, Information Security Global Practice Director en Softtek, asegura que "la IA pasará de ser observadora a convertirse en un participante activo del ecosistema", procesando millones de variables para optimizar transporte, aforos y ciberseguridad en milisegundos.

Pedro Droven, CTO de Zula Ciberseguridad, suma una advertencia sobre la velocidad de estas defensas: "La IA en 2026 ya no solo ayuda a los analistas a revisar alertas; toma decisiones autónomas a velocidad de máquina. Actuará como un defensor automatizado". Y explica que, para el control de masas, se analizan mapas de calor en tiempo real, anticipando posibles embudos letales. No obstante, recalca que, aunque el sistema prediga, "los falsos positivos son preferibles a los falsos negativos, el factor humano toma la decisión final antes de intervenir físicamente".

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Pese a sus promesas operativas, la autonomía del algoritmo causa resquemor. Dmitri Zaroubine, Director de Sales Engineering para LATAM en Veeam, plantea uno de los escenarios más desafiantes: "Esta será la primera Copa Mundial en la era de la inteligencia artificial activa. Me refiero a agentes que toman decisiones solos. Que mueven datos, cambian configuraciones, activan procesos, sin que nadie los llame".

A esta preocupación sobre la falta de control se suman los peligros de la discriminación algorítmica. Lucero sostiene firmemente que la IA debe mantenerse como "un copiloto de lujo, pero bajo ningún concepto es el piloto", y desmitifica la infalibilidad de los sistemas advirtiendo que "definir qué es sospechoso ya es una decisión que viene con una carga gigante de prejuicios y el sistema va a terminar sospechando sistemáticamente de los mismos perfiles".

El Mundial más hackeable: ciberseguridad y la guerra por la confianza

Dado el altísimo volumen de plataformas online interconectadas, las sedes norteamericanas serán un imán sin precedentes para el cibercrimen, habiéndose detectado ya más de 4.000 dominios fraudulentos vinculados al evento.

Navarro explica que, en un escenario de tensión geopolítica global, "un ataque exitoso durante el mundial podría tener más visibilidad que meses enteros de actividad criminal convencional". Los riesgos identificados por expertos como Baillo incluyen ataques de denegación de servicio (DDoS) capaces de derribar plataformas enteras, así como intrusiones de ransomware dirigidas a congelar la operativa logística y de ticketing.

A nivel usuario, la amenaza será invisible pero omnipresente. Droven destaca el auge del "Quishing (Fraude con códigos QR)", advirtiendo que, en estadios libres de efectivo, los códigos alterados que redirigen a sitios maliciosos "son una plaga". Además, los atacantes desplegarán redes Wi-Fi falsas ("Rogue APs") para interceptar el tráfico de los aficionados en las gradas.

Frente a un panorama de riesgos sistémicos, la propia infraestructura de protección física se vuelve un blanco en sí misma. Moreira arroja luz sobre esta ironía: "El que vigila también tiene que ser vigilado: la cámara que te cuida es, además, una computadora que alguien puede querer hackear".

Si las cámaras y los servidores son vulnerables, lo único que nos separa del caos es asegurar la integridad de los datos. Néstor Markowicz, COO de CertiSur, sintetiza el debate subyacente: "La gran pregunta del Mundial 2026 no será solamente quién nos está observando, sino cómo sabemos que lo que vemos, recibimos o utilizamos es auténtico". Para él, resguardar esa "confianza digital será una de las infraestructuras más importantes del torneo".

Omnivigilancia: ¿El costo definitivo de la conveniencia?

Retornando a los postulados del reporte VML, el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá será una metáfora de nuestro tiempo. Nos dirigimos hacia un evento donde priorizaremos no hacer filas y sentirnos seguros por encima de nuestra anonimidad. Entregaremos la validación de nuestros rostros y dejaremos que redes invisibles analicen nuestro andar, justificándolo como el trade-off necesario de la era digital.

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Pero esta transacción exige establecer líneas rojas, porque como recuerda Moreira: "Una contraseña se cambia; la cara, no. Por eso la biometría exige el estándar más alto, no el más cómodo". En esa misma línea, Zaroubine lanza una verdad irrebatible para los organizadores: "Un hincha que entra a un estadio no firmó un contrato para ser vigilado indefinidamente. Firmó para ver un partido".

La vigilancia predictiva y la inteligencia artificial nos ofrecerán un espectáculo seguro e ininterrumpido. Pero el desafío posterior para marcas y gobiernos será monumental. Tal como concluye VML en sus proyecciones, "el juego para las marcas ya no es seguir acumulando datos sin más, sino gestionar la confianza que esos datos requieren". El éxito de este megaevento dependerá no solo de atajar las amenazas físicas y cibernéticas durante sus 40 días de competencia, sino de garantizar a los ciudadanos que, cuando se apague el último reflector y el estadio quede vacío, las cámaras de la omnivigilancia también dejarán de mirar.

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