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Innovación

Foto: Zhao Qirui/VCG vía Getty Images.

China redobla su apuesta por los autos autónomos: quiere llevarlos a las calles a gran escala para 2030

Josh Max Colaborador

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El plan oficial prevé que los sistemas de conducción automatizada operen en autopistas y vías rápidas urbanas. Pekín también busca ubicar a varias automotrices locales entre las diez mayores del mundo por volumen de ventas.

14 Septiembre de 2026 07.11

China presentó un plan nacional para extender el uso de vehículos autónomos a gran escala en autopistas, vías rápidas y determinadas calles urbanas antes de 2030. La hoja de ruta, elaborada por el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información junto con otras ocho agencias gubernamentales, abarca el período 2026-2030 y busca fortalecer la presencia internacional de las automotrices del país.

El documento exige que los vehículos con altos niveles de automatización dejen atrás las demostraciones y los programas piloto limitados. La intención es que estos sistemas pasen a formar parte del tránsito habitual en los próximos cuatro años.

El gobierno también pretende que los modelos eléctricos, híbridos enchufables y aquellos que funcionan con hidrógeno representen el 70% de las ventas de autos nuevos y el 40% de las de vehículos comerciales para 2030.

La estrategia industrial apunta, además, a ubicar a varios fabricantes chinos entre las diez mayores automotrices del mundo por volumen de ventas. Pekín también quiere aumentar la influencia del país en las normas internacionales del sector y mejorar el reconocimiento de sus marcas en otros mercados.

Más vehículos autónomos y mayores controles

El crecimiento acelerado de la industria llevó al gobierno chino a buscar una supervisión más estricta. El plan contempla reforzar los controles sobre la fabricación de vehículos y baterías, limitar las inversiones excesivas y aplicar con mayor rigor las leyes antimonopolio.

Un automóvil autónomo circula por una bulliciosa calle de San Francisco, capturando la movilidad urbana en acción.
China y Estados Unidos avanzan con modelos regulatorios distintos para controlar la fabricación y la seguridad de los vehículos autónomos. (Foto: Pexels)

Las autoridades también buscan reducir la capacidad productiva ineficiente y ordenar un mercado que se expandió con gran velocidad. A su vez, prevén endurecer las normas relacionadas con la fabricación, la seguridad vial, la conducción autónoma y las actualizaciones remotas de software.

La seguridad tendrá un lugar central en el programa. Según las autoridades chinas, los vehículos equipados con sistemas automatizados deberían alcanzar, con el tiempo, niveles de seguridad superiores a los de los conductores humanos.

Las diferencias con el modelo de Estados Unidos

Estados Unidos desarrolla la misma tecnología, aunque bajo un sistema político y regulatorio muy distinto. La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras, conocida como NHTSA, trabaja para actualizar las normas federales aplicables a los vehículos diseñados para circular de forma autónoma.

Los estados y gobiernos locales también intervienen en la definición de cómo y dónde pueden operar estos autos. En julio, la NHTSA autorizó a Zoox a desplegar comercialmente hasta 2.500 robotaxis por año durante dos años mediante una exención temporal.

China, en cambio, puede coordinar la política industrial, la infraestructura y las regulaciones desde el gobierno central. Esa capacidad podría acelerar el despliegue de los vehículos, aunque todavía no está claro si el resultado será más seguro, eficiente o aceptado por la población.

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Los robotaxis de Apollo Go, el servicio de Baidu, ya circulan por Wuhan y otras ciudades de China. (Foto: Pedro Pardo/AFP vía Getty Images)

La recepción de estos vehículos también depende de las características de cada mercado. En Estados Unidos influyen los hábitos de manejo, las grandes distancias, el desarrollo de los suburbios, las normas de responsabilidad civil y la postura de la sociedad frente al control gubernamental.

Los reguladores y fabricantes estadounidenses seguirán de cerca los resultados del programa chino. Si funciona, podría dejar enseñanzas sobre el despliegue masivo de la conducción autónoma. Si falla, también ofrecerá información sobre sus límites y riesgos.

La otra diferencia importante es política. China es un Estado autoritario gobernado por un solo partido, por lo que Pekín puede declarar a los vehículos autónomos una prioridad nacional y avanzar con menos resistencia pública, disputas legales u oposición política que en Estados Unidos.

En el mercado estadounidense, un accidente grave y de gran repercusión podría cambiar rápidamente la opinión pública. También podría provocar demandas judiciales, audiencias, restricciones locales y una mayor presión sobre las autoridades.

El gobierno chino tiene más margen para sostener el programa frente a ese tipo de conflictos. Esto podría permitirle comprobar con mayor rapidez si la conducción autónoma funciona a gran escala, aunque las pruebas se desarrollarán en un contexto político y social difícil de reproducir en otros países.

*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.

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