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"Operation Epic Fury" o "Rendición Muerte": la ofensiva de Trump contra Irán que pide con bombas un cambio de régimen

Juan Romero

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En plena “Operation Epic Fury”, Donald Trump lanzó ataques conjuntos con Israel contra objetivos militares en Irán, llamó a los iraníes a “tomar su gobierno” y prometió “raze their missile industry to the ground”, mientras los petroestados del Golfo aceleran exportaciones de crudo ante el riesgo de un shock en el estrecho de Ormuz.

28 Febrero de 2026 07.45

Donald Trump dio un paso más allá de cualquier doctrina estadounidense reciente: lanzó ataques conjuntos con Israel contra objetivos militares, de inteligencia y misiles en Irán y, en paralelo, llamó abiertamente a un cambio de régimen, mientras los petroestados del Golfo aceleran exportaciones de crudo para blindarse ante un posible shock de oferta.​

Desde Mar-a-Lago, el presidente anunció “una operación masiva y en curso” contra la República Islámica, con un objetivo explícito: “eliminar amenazas inminentes” y “raze their missile industry to the ground”. “We are going to destroy their missiles and raze their missile industry to the ground. It will be totally — again — obliterated. We’re going to annihilate their navy”, prometió, en un mensaje que confirmó la transición de la presión económica a una fase de guerra abierta.

Un llamado inédito a que “tomen el gobierno”

El giro más disruptivo no estuvo solo en los misiles, sino en el lenguaje. Trump no se limitó a justificar los ataques en clave de seguridad nacional —“our objective is to defend the American people by eliminating imminent threats from the Iranian regime”— sino que habló directamente a las Fuerzas Armadas y a la población iraní llamando a la insurrección.

“To the members of the Islamic Revolutionary Guard, the armed forces, and all of the police, I say tonight that you must lay down your weapons and have complete immunity or in the alternative, face certain death”, advirtió. Y reforzó: “So lay down your arms. You will be treated fairly with total immunity, or you will face certain death.”​​

El mensaje a la sociedad civil fue igual de frontal: “Don’t leave your home. It’s very dangerous outside. Bombs will be dropping everywhere.” Luego, los instó a aprovechar lo que describió como una ventana histórica: “When we are finished, take over your government. It will be yours to take. This will be probably your only chance for generations. The hour of your freedom is at hand.”​

Benjamin Netanyahu no se quedó atrás. El primer ministro israelí, al anunciar la participación de su país en la ofensiva, definió el objetivo como “put an end to the threat from the Ayatollah regime in Tehran” y remarcó: “We will create conditions to allow the Iranian people to push off the yoke of this murderous regime.” “In full co-ordination with our friend President Trump, I say that anyone who puts down his weapon, including from within the regime forces, will ensure his security and his future”, afirmó, anticipando una campaña prolongada “as long as necessary”.​

Misiles, apagón digital y el riesgo de una guerra regional

En términos militares, la operación combinada apunta al corazón de la capacidad ofensiva iraní. Fuentes israelíes señalaron que los ataques se concentran en las capacidades de misiles balísticos del país, mientras el Pentágono confirmó que se trata de una campaña desde aire y mar, apoyada por al menos 18 buques y decenas de aviones de combate desplegados en la región.​

Teherán respondió lanzando “an additional barrage of missiles” hacia Israel, según las Fuerzas de Defensa israelíes, aunque hasta el momento no se reportaron víctimas gracias a los sistemas de defensa aérea. Tel Aviv declaró el estado de emergencia, cerró su espacio aéreo, ordenó el cierre de la mayoría de los lugares de trabajo y comercios, e impuso restricciones a las reuniones, anticipando nuevos ataques con misiles y drones.​

En paralelo, Irán redujo drásticamente su conectividad con el exterior: organizaciones de monitoreo como NetBlocks reportaron una caída cercana al 50% del tráfico normal, en el marco de un esquema de internet de “dos niveles” —uno para la población y otro para el Estado y ciertas élites— usado ya durante protestas recientes. En aquella ocasión, activistas habían logrado seguir transmitiendo imágenes del brutal apagón represivo gracias a módems satelitales Starlink introducidos clandestinamente.​

El temor a una escalada regional se concentra en el llamado “eje de la resistencia”: Hizbolá en Líbano, Hamas en los territorios palestinos, los hutíes en Yemen y milicias chiitas en Irak. Trump advirtió que Estados Unidos buscará asegurar que “they can no longer destabilise the region or the world and attack our forces”, mientras Israel intensificó sus bombardeos sobre infraestructura de Hizbolá en el sur del Líbano. Una fuente familiarizada con el pensamiento del gobierno israelí fue tajante: “It’s highly likely that in any escalation with Iran, Hizbollah will get involved.”​

El flanco energético: Hormuz, barriles extra y temor a un shock de precios

Si en el plano militar el foco está en misiles y fuerzas proxy, en el tablero económico la variable crítica es el flujo de hidrocarburos por el Golfo. El estrecho de Ormuz canaliza cerca de 15 millones de barriles diarios de crudo —aproximadamente 9% de la demanda global— y alrededor del 20% del GNL que se comercia en el mundo.​

Consciente de que una escalada podía derivar en sabotajes, bloqueos parciales o “ataques ejemplificadores” sobre infraestructura energética, buena parte de los petroestados del Golfo activó planes de contingencia antes del primer misil. Arabia Saudita elevó sus exportaciones de crudo a unos 7 millones de barriles diarios en febrero, el nivel más alto desde 2023, mientras que los envíos de Emiratos Árabes Unidos se encaminan a un récord de 3,5 millones de barriles diarios, según datos de Kpler.

La lógica es doble: por un lado, colocar volúmenes adicionales en el mercado y en hubs de almacenamiento antes de cualquier disrupción en Ormuz; por otro, aprovechar precios en alza si el riesgo geopolítico se traduce en una prima sostenida. Reuters ya había documentado hace días que Arabia Saudita y otros productores del Golfo estaban “rushing to export crude as part of their contingency plans” ante la posibilidad de ataques estadounidenses contra Irán que “could upend oil shipments from the Gulf”.

Irán, por su parte, también aceleró cargas desde mediados de mes, apuntando a mantener exportaciones en el rango de 1,5–1,6 millones de barriles diarios pese al endurecimiento del monitoreo estadounidense. “Iran’s February exports will still average 1.5–1.6 million bpd thanks to the mid-month surge, but sustained enforcement could slash that sharply”, estiman analistas de TankerTrackers.com.​

El problema de fondo es estructural: incluso con oleoductos alternativos —como el East-West saudita hacia el mar Rojo o el ducto emiratí a Fujairah, fuera de Ormuz—, Kpler calcula que unos 9 millones de barriles diarios de crudo del Golfo siguen “estructuralmente en riesgo” ante un cierre o ataque significativo en el estrecho, equivalente a 9% de la demanda mundial.​

Para los mercados, más volatilidad y menos visibilidad

Desde la óptica de negocios y finanzas, el mensaje de esta nueva fase del conflicto es inequívoco: la política exterior estadounidense bajo Trump vuelve a colocar los riesgos geopolíticos —y en particular, el riesgo Ormuz— en el centro del pricing de activos energéticos y emergentes.

La combinación de una campaña militar anunciada como “massive and ongoing”, la voluntad declarada de “annihilate their navy” y “ensure that the region’s terrorist proxies can no longer destabilise the region or the world and attack our forces”, y un llamado explícito al cambio de régimen en Teherán, eleva la prima de riesgo en un sistema energético que ya operaba con stocks ajustados.

En los próximos días, la atención de los inversores estará puesta en tres vectores:

Si Irán opta por ataques directos a infraestructura energética o por una estrategia más calibrada de presión sobre el tráfico marítimo.

La capacidad real de Arabia Saudita, EAU y otros productores para sostener exportaciones elevadas sin tensar su propia infraestructura.

La respuesta —o falta de ella— de China, India y otros grandes compradores de crudo del Golfo, que podrían intensificar cobertura de riesgo o presionar diplomáticamente para contener la escalada.

En su mensaje, Trump admitió que “may be lost and we may have casualties, that often happens in war”, pero definió la operación como “a noble mission” hecha “not for now… for the future”. Ese futuro, más allá de la retórica, hoy tiene un denominador común para empresas y mercados: un mundo con más incertidumbre geopolítica, mayor volatilidad energética y un eje Washington‑Teherán‑Riad que vuelve a ser el principal riesgo sistémico para la economía global.


 

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