El problema afectó el sistema que genera las claves de acceso, dejó expuestos al menos 7.300 dispositivos Coldcard y podría elevar las pérdidas hasta US$ 130 millones.
Horizon3 recaudó US$ 250 millones en una ronda de financiación Serie E con su apuesta por una IA autónoma capaz de vulnerar redes en segundos y transformar cada prueba en datos propios para perfeccionar su defensa digital.
La compañía reveló que tres modelos vulneraron sistemas reales durante una evaluación interna y admitió fallas en sus controles de seguridad. Uno de ellos incluso continuó el ataque tras detectar que no estaba en una simulación.
La compañía reconoció que sus modelos aprovecharon vulnerabilidades desconocidas, consiguieron acceso a Internet e ingresaron en la infraestructura de Hugging Face para obtener las respuestas de una evaluación. OpenAI calificó el episodio como un incidente de ciberseguridad “sin precedentes”.
La decisión de Francia marca un nuevo capítulo en una tendencia que comenzó en Australia y la Unión Europea evalúa una política común de limitar el acceso de los menores a las redes sociales. El debate ya no pasa sólo por la edad de ingreso, sino también por quién debe hacerse cargo: ¿los gobiernos, las empresas tecnológicas o las familias?
De la ambivalencia del "cazador" a la consolidación de una industria: por qué contratar hackers para atacar sistemas propios se convirtió en la prueba de fuego de la ciberseguridad moderna y cómo pasar de la reacción al diseño preventivo.
El episodio puso el foco en un problema menos visible y cada vez más urgente: ¿quién controla realmente el acceso a las herramientas más poderosas del sector?
La nueva generación de modelos de inteligencia artificial redefine la productividad empresarial pero también reescribe las reglas de la ciberseguridad. Los riesgos que corren las empresas y la pregunta clave: ¿es posible defenderse de los IA Hackers?
El incidente expuso cómo la combinación de herramientas de terceros, accesos internos y ataques potenciados por inteligencia artificial redefine los riesgos en la infraestructura digital, incluso en compañías con altos estándares de seguridad.
Expertos en seguridad advierten que el problema más urgente ya atraviesa las empresas, que incorporan IA sin la supervisión necesaria y quedan más expuestas a errores propios que a una ofensiva externa.
La versión preliminar del modelo encendió alarmas en Estados Unidos y Europa por su aparente capacidad para explotar fallas de ciberseguridad desconocidas.
La empresa de ciberseguridad con inteligencia artificial Depthfirst consiguió US$120 millones en financiación para desarrollar una especie de "inteligencia de seguridad general" capaz de defenderse contra la IA maliciosa.
La investigación, aún en curso, apunta al grupo Sandworm, ligado a la inteligencia militar rusa, como responsable de vulnerar dispositivos mal configurados en la nube. L
La vulnerabilidad, detectada por un investigador apenas un día después del lanzamiento de Antigravity, expone riesgos graves en el uso de asistentes de programación automatizados. El hallazgo abre interrogantes sobre los controles internos y el apuro con que se publican herramientas de inteligencia artificial sin las defensas mínimas necesarias.
La inteligencia artificial se consolidó como una herramienta de doble filo; mientras los ciberdelincuentes la emplean para crear fraudes digitales cada vez más complejos, empresas y gobiernos la utilizan como instrumento de defensa para activos y usuarios.
Una investigación internacional reveló cómo miles de videos alojados en la plataforma fueron parte de una trama delictiva que ofrecía software trucho y "hacks" de juegos como señuelo. Los archivos descargados instalaban programas diseñados para vaciar billeteras virtuales, robar contraseñas y espiar el sistema de las víctimas.
Las promesas de productividad conviven con advertencias por vulnerabilidades graves. Un informe reciente detectó fallas que podrían abrirle la puerta a ataques con robo de datos y control remoto de cuentas.