El actual escenario de flexibilización regulatoria y mayor libertad de mercado ofrece un marco favorable para la industria aseguradora, pero la verdadera clave para dinamizar el sector reside en la consolidación de un marco macroeconómico previsible. Sin un entorno de estabilidad, control de la inflación y previsibilidad cambiaria, las reformas normativas por sí solas resultan insuficientes para expandir ramos estratégicos como la cobertura de vida y el ahorro. Así lo planteó el socio a cargo del sector seguros de Deloitte Cono Sur, Lionel Moure, durante su participación en el Forbes Insurance Summit.
El encuentro, conducido por Laura Mafud editora de Forbes bajo el eje “La nueva normalidad regulatoria y el mapa del negocio”, permitió analizar el impacto de las reformas estructurales en la solvencia de las compañías, el fin de las restricciones financieras y la transición de un modelo con fuerte presencia estatal hacia un esquema de mayor autorregulación. En ese marco, se debatieron los efectos de la desregulación en la competitividad, la aceleración de los plazos de lanzamiento de nuevos productos y las oportunidades de crecimiento en un mercado que busca dejar atrás la etapa de supervivencia.
A lo largo del panel se remarcó que la Argentina presenta asimetrías profundas respecto a otros países de la región, sobre todo en las coberturas de personas, donde la participación del seguro de vida apenas alcanza el 14 % de las primas totales frente a promedios regionales que duplican esa cifra. Sin embargo, se coincidió en que la normalización de las variables macroeconómicas y el retorno del financiamiento abren una oportunidad sustancial para que el mercado local converja hacia los estándares de penetración de economías vecinas.
“Lo que esperamos de las reformas impulsadas es que generen una mayor libertad para el diseño de productos y permitan modernizar una regulación que tiene muchos años, sobre todo en la forma de gestionar los riesgos y en las exigencias de capitales para las compañías”, afirmó Moure en el inicio del diálogo. Sobre ese punto, explicó que el esquema vigente en el país se basa en criterios diseñados a mediados del siglo pasado: “La filosofía de requerir capital a una aseguradora en la Argentina se apoya en una metodología de los años 70 basada en estudios de los 50 que en Europa, Estados Unidos y la mayor parte de Latinoamérica ya se abandonó”.
Al profundizar sobre el impacto que tendría una actualización normativa enfocada en esa solvencia, el especialista consideró que se avanzaría hacia un sistema más equitativo. “Ir hacia los modelos vigentes en otros países permite aplicar una exigencia de capital más justa, donde le pedís más recursos a quien se expone a mayor riesgo o a quien los gestiona de manera deficiente; hoy se le pide el mismo capital a todos en función de lo que emiten o de sus siniestros, mientras que con esquemas modernos la exigencia se alinea directamente con la calidad de la gestión del riesgo”, argumentó.
Respecto a la agilización comercial que aportaría un nuevo marco normativo, destacó la reducción de los tiempos de llegada al mercado para las nuevas coberturas. “En el contexto actual ya se fueron agilizando ciertos plazos, pero con una flexibilización legal el proceso entre que se piensa un producto y se lanza a la calle puede ser todavía más dinámico”, señaló el consultor, aunque aclaró inmediatamente: “El seguro no tiene como principal 'driver' a la regulación, que es importante que facilite las cosas, sino a las condiciones económicas generales para que el negocio se desarrolle”.
En esa línea, el representante de Deloitte identificó los factores macroeconómicos que condicionaron el desempeño del rubro en las últimas décadas. “El principal obstáculo en los últimos años fue una inflación bastante importante, sumada a la imposibilidad de acceder libremente a moneda extranjera para ahorrar en divisas y a las dificultades para liquidar contratos ante la existencia de múltiples tipos de cambio”, sostuvo. A su entender, “ese escenario perjudicó sobre todo al seguro de vida, cuya penetración es bajísima en comparación con la región debido al deterioro del contexto macroeconómico”.
Para fundamentar el potencial de recuperación de estos productos, Moure recurrió al comportamiento histórico de la plaza local durante períodos de estabilidad y recordó que "en los años 90, cuando la Argentina tenía un tipo de cambio estable y baja inflación, la penetración del seguro de vida alcanzaba aproximadamente un tercio del total de las primas, excluyendo los fondos de las AFJP; cuando la estabilidad económica se fue erosionando, ese porcentaje se perdió hasta caer a los niveles actuales, lo que demuestra que la oportunidad de crecimiento hoy es enorme si las variables se ordenan”, detalló.
Al analizar las asimetrías con otros mercados regionales, el especialista remarcó la brecha existente en las herramientas orientadas al ahorro personal. “Mientras que los seguros patrimionales en la Argentina tienen una penetración buena y de las más altas de América Latina, en los productos de vida con componente de ahorro tenemos diez veces menos penetración que México y cinco veces menos que Perú”, precisó, y añadió: “Incluso en comparación con Perú, que tiene un ingreso per cápita inferior, se observa que la economía argentina cuenta con disponibilidad para acceder a niveles de cobertura sustancialmente mayores”.
En cuanto a la influencia de los hábitos de consumo en esta materia, entendió que "no existe un componente cultural marcado que nos diferencie negativamente de otros países de Latinoamérica, ya que en los 90 la conducta del público era previsora; lo que cambió radicalmente fueron las condiciones económicas, por lo cual, si esas variables se estabilizan, la Argentina tiene capacidad para alcanzar el nivel de la región en un plazo relativamente corto”, sostuvo.
Asimismo, el consultor se refirió a las oportunidades que abre la reciente desregulación que autoriza a las compañías de seguros a brindar prestaciones directas de salud. “Anteriormente las aseguradoras no podían dar prestaciones médicas directas y solo entregaban indemnizaciones, pero al removerse esa traba se abren posibilidades para estructurar microseguros enfocados en atención médica acotada para personas que buscan evitar las demoras del sistema público, o bien para cubrir prestaciones de alta complejidad por sobre lo que ofrece una prepaga”, explicó.
Finalmente, al proyectar el escenario para los próximos años, Moure se mostró optimista respecto al potencial de expansión del sector condicionado a la marcha de la economía. “En un contexto de estabilidad, con un tipo de cambio previsible, acceso libre al mercado de cambios e inflación baja, veo un sector asegurador claramente en crecimiento, liderado por el ramo de vida y ciertas coberturas de salud, sobre la base de un mercado patrimonial que ya es robusto en el país”, concluyó.