El ecosistema de capital emprendedor en Argentina está mostrando señales de maduración y resiliencia. En la reciente presentación del informe anual de la Asociación Argentina de Capital Privado, Emprendedor y Semilla (ARCAP) junto a EY Argentina, los datos revelaron un escenario dinámico: en 2025 se invirtieron US$ 270 millones en startups de origen argentino a través de 73 transacciones, consolidando un piso de actividad que promete acelerarse con fuerza durante este 2026.
Sin embargo, detrás de la solidez general de los números, el capítulo de la diversidad de género expone una profunda paradoja: mientras la base de equipos fundadores con participación femenina alcanzó un hito histórico, el acceso a la máxima posición de liderazgo y la obtención de financiamiento masivo continuaron topándose con barreras invisibles.
De acuerdo con las métricas presentadas por ARCAP, 2025 marcó un hito desde que se inició este relevamiento en 2018: el 43,8% de las startups que recibieron inversión contó con al menos una mujer en su equipo fundador. Asimismo, si se analiza el total de individuos que obtuvieron financiamiento de Capital Emprendedor, la participación femenina escaló al 22,7%, mostrando un progreso notable frente al 15,2% registrado el año previo.
Lorena Suárez, Managing Partner de Alaya Capital y una de las inversoras de mayor trayectoria en el país, analizó la evolución del sector y destacó el rol activo del capital para traccionar estos cambios: “Nuestra industria sigue mostrando una maduración muy clara por la cantidad y la calidad de los emprendedores, pero también por la cantidad y calidad de los fondos. Cada vez somos más fondos con más trayectoria y experiencia, lo que nos permite agregar más valor a las compañías y ayudarlas a crecer mejor y de manera más saludable”.
La brecha en los números: el factor biotech
A pesar de este avance en la base fundacional, la disparidad en las posiciones de máxima toma de decisiones sigue siendo el principal desafío. Solo el 12,5% de las startups invertidas en 2025 tiene a una mujer ocupando el rol de CEO, lo que representa una contracción respecto al 16,4% del período anterior. La disparidad también se ve en la composición total de los equipos: el 56,2% de las empresas emergentes financieras está compuesto exclusivamente por varones, mientras que solo un magro 2,2% está integrado en su totalidad por mujeres.
El gran dinamizador y refugio de la equidad en el ecosistema local es el vertical de la biotecnología. El informe arrojó un dato interesante: el 100% de las CEOs mujeres de las startups que recibieron capital en 2025 lideran compañías dentro de este sector, con casos emblemáticos como el de Puna Bio. Nicolás Tognalli, fundador y Managing Partner de CITES, explicó durante la presentación que este fenómeno se origina en la formación básica —carreras como bioquímica, biología y biotecnología tienen una alta matrícula femenina— y que ese capital humano ahora está permeando con éxito hacia la ciencia aplicada y los negocios.
El sesgo lingüístico y el “freno” del miedo al fracaso
Para entender por qué las mujeres enfrentan mayores dificultades al escalar sus compañías y capturar grandes volúmenes de capital, la investigación de la reconocida especialista de la Georgetown University McDonough School of Business, Dana Kanze, arroja una luz fundamental sobre un fenómeno subyacente: el sesgo implícito de género en las preguntas que hacen los inversores.
A través de un exhaustivo análisis lingüístico de las interacciones en competencias de financiamiento —como el TechCrunch Disrupt Startup Battlefield—, Kanze descubrió que los inversores formulan preguntas con enfoques motivacionales radicalmente distintos según el género del emprendedor. Mientras que el 67% de las preguntas dirigidas a hombres se centran en la “promoción” (ganancias, potencial de crecimiento, conquistas), el 66% de las preguntas hacia mujeres se enfocan en la “prevención” (pérdidas, retención de clientes, mitigación de riesgos y seguridad).
Este sesgo genera una trampa discursiva: las preguntas de prevención llevan a respuestas de prevención, asociando a la startup liderada por mujeres al terreno de “no perder dinero” en lugar de “ganar el mercado”. En las muestras analizadas por la especialista, las empresas que recibieron preguntas de promoción terminaron recaudando hasta siete veces más capital en el mercado abierto que aquellas sometidas al escrutinio de la prevención. Sin embargo, Kanze identificó un factor de resiliencia: las emprendedoras que lograron responder a una pregunta de prevención cambiando el foco hacia la promoción recaudaron hasta 14 veces más fondos.
Esta barrera psicológica y discursiva se conecta directamente con los hallazgos globales del nuevo Global Entrepreneurship Monitor (GEM) 2025/2026 Global Report. El reporte insignia del GEM advierte que el miedo al fracaso se convirtió en uno de los frenos más potentes para el desarrollo de nuevos negocios en todo el mundo. Según los expertos del GEM, en la mayoría de las economías analizadas, al menos el 40% de los adultos que detectan excelentes oportunidades locales deciden no dar el salto hacia el emprendimiento debido al temor a fallar. Este indicador viene creciendo sostenidamente desde 2019, intensificado por la volatilidad económica y los cambios tecnológicos, afectando con mayor dureza a las mujeres, quienes suelen enfrentar un escrutinio más severo y punitivo ante el tropiezo corporativo.
Las dificultades del financiamiento y el crecimiento no son exclusivas de la Argentina. Los datos referidos por el GEM añaden una perspectiva estructural al problema. A nivel mundial, las mujeres tienen 2,5 veces más probabilidades de invertir en otras mujeres que los inversores hombres, lo que perpetúa la escasez de fondos dado que el capital informal sigue estando dominado en dos tercios por varones. Además, las mujeres tienen un 47% más de probabilidades de cerrar su negocio debido a motivos familiares o personales (21% frente al 14,3% de los hombres), situación que refleja la persistente tensión para conciliar las demandas del cuidado del hogar con proyectos de alto potencial.
A este escenario se suma una nueva y preocupante faceta identificada en el Informe Global GEM 2025/2026: la brecha de adopción tecnológica y de Inteligencia Artificial (IA). El estudio revela que las mujeres tienen menos de la mitad de probabilidades que los hombres de estar activas en el sector de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), y son un 11% menos propensas a explotar los beneficios de la IA en sus operaciones comerciales.