Florencia Radici Forbes Staff
En el marco del ciclo de entrevistas Forbes Líderes Unplugged desde José Ignacio, Uruguay, Lando Simonetti y Gachi Ferrari, fundadores de La Martina, contaron cómo fue el proceso por el cual hace 43 años crearon una marca y empresa familiar que hoy, con más de 100 locales alrededor del mundo, es sinónimo de polo argentino.
Caso de estudio de Harvard, Simonetti rechazó múltiples ofertas de compra -incluso de empresas como Louis Vuitton y Adidas- porque, para él, La Martina es “un proyecto de vida”. Simonetti decidió encarar el proyecto se mudó de Estados Unidos a Argentina para poder estar con Ferrari, que también había dejado su carrera como modelo y conductora de televisión para acompañarlo en sus viajes.
A continuación, extractos de la conversación.
Lo primero que nombrás siempre es a Gachi. ¿Por qué?
Porque sin ella, La Martina no existiría. Siempre digo que hubo una parte profesional, que era yo, y una parte emocional, que era ella. No sé qué porcentaje darle a cada una, pero la marca no se hubiera creado sin Gachi. No fue solo un proyecto profesional: fue un proyecto de vida.
¿La Martina nace por amor?
La creé para buscarme un laburo. Me había quedado sin trabajo. Yo vivía en Boston, trabajaba en Timberland, estaba muy bien, pero volví a la Argentina por mi relación con Gachi. Ella dejó su trabajo en televisión para acompañarme, para darme sostén anímico. Necesitábamos comer. No había un plan romántico ni una idea épica: había urgencia.
¿Y encontraste lo que esperabas en Argentina?
No. Pensaba que iba a encontrar un proyecto, no solo un trabajo. Pero nadie entendía lo que quería hacer. Mi idea era crear una marca en Argentina para lanzarla en Europa. Para mí era algo simple, pero no me entendían. Ahí me di cuenta de que el empresario argentino, en general, no veía más allá del Río de la Plata. Entonces entendí que si no lo hacía yo, me quedaba sin trabajo para siempre.
¿Desde el inicio fue un proyecto global?
Sí. Era un proyecto para que Gachi y yo pudiéramos desarrollarlo y trabajarlo juntos. Y como soy italiano, medio bruto, siempre quise que fuera un proyecto familiar. No un proyecto para armar y venderle a un fondo de inversión. @@FIGURE@@
Ofertas no faltaron…
Muchísimas. Fondos europeos, asiáticos… golpearon la puerta muchas veces. Directamente no iba a las reuniones. Siempre dije lo mismo: lo único que me podían dar era plata. ¿Y yo qué hago con la plata? No sé trabajar la plata. No le doy valor. Yo sé trabajar con personas, con familia, con proyectos a largo plazo.
¿Nunca te tentó vender?
No. En una charla en Harvard expliqué que, para ciertos proyectos, la plata hace daño. Te mete gente cuyo único objetivo es ganar dinero, cuando yo estaba mirando algo completamente distinto: educar a mis hijos y a mis nietos, dejarles un trabajo, no una cuenta bancaria.
¿Por eso nunca profesionalizaste la gestión con managers externos?
Exacto. Nunca quise un top manager que viniera de Wrangler o de una multinacional. Puede ser brillante, pero su lógica es llevar el proyecto a una venta. Durante 20 años no le pedí plata a ningún banco. Todo fue con lo que generábamos.
¿Cómo lograron crecer sin capital externo?
Con crédito… y con Gachi. A mí no me conocía nadie en Argentina. A ella sí. Íbamos a los proveedores de tela y yo decía: “No tengo plata, necesito pagar a 60, 90, 120 días”. Me daban crédito por ella, no por mí. Yo era el tano que vivía con Gachi.
¿Cuánto hay de suerte en todo esto?
Muchísimo. La suerte y el timing son fundamentales. Y la actitud. Yo soy una persona simple, lineal. Gachi es más compleja, pero mucho más piola para ciertas cosas. Nos complementamos. @@FIGURE@@
Hoy toda la familia trabaja en la empresa. ¿Eso nunca fue un problema?
No. Es un proyecto familiar. Mi hijo trabaja full time, el hijo de Gachi también. Tengo nietos grandes, en la facultad, algunos en Madrid, otros en Miami. Si viene alguien y me dice “hay que echar a alguien de la familia”, le digo que está loco. Para mí el negocio tiene que ser familiar.
Crear una marca
¿Por qué el polo?
Porque el polo es Argentina. Estudié su historia: de dónde viene, cómo llega a la Argentina y por qué acá alcanza un nivel superior al resto del mundo. Hay razones económicas, no solo talento. Necesitaba crear una marca que durara mi vida, la de mi hijo y la de mis nietos.
¿Qué hace que una marca perdure?
La marca en sí no tiene valor. El trabajo es ponerle contenido. Podés hacer popular una marca con publicidad pero, si no tiene contenido, no vale nada. Siempre lo explico así: la marca es la etiqueta; el contenido es el producto. El contenido manda a la marca, no al revés.
¿Argentina tiene marcas?
No. Tiene contenidos. Argentina no tiene marcas internacionales de ropa. Ninguna trascendió realmente. Lo difícil no es entrar en un mercado: lo difícil es durar. Nosotros vendemos en Europa hace 25 años. Con años buenos y malos, pero seguimos.
Hoy marcas globales buscan asociarse con La Martina…
Sí. Estamos por lanzar un cobranding con Brooks Brothers y otro con Supreme. En mayo sale la colección La Martina–Supreme en todo el mundo. ¿Por qué? Por el polo argentino. El polo americano es trucho. El argentino no. En Europa, Argentina vende. El problema es que muchos emprendedores no lo saben. Patagonia debería haber sido una marca argentina, no americana. Tenemos contenido en alimentos, turismo, bebidas. El desafío es cómo embotellar eso. @@FIGURE@@
¿El Estado debería tener un rol?
Totalmente. Italia protege sus marcas: Ferrari, el parmesano, el vino. Argentina debería tener un “ministerio de marcas”.
El futuro: Asia y la sucesión
La Martina tiene 43 años. ¿Qué viene ahora?
Los primeros 40 años los cerramos en el COVID, en Suiza. Ahí diseñé los próximos 40. El futuro es Asia: India, China, Filipinas. Hoy el centro del mundo no es Europa ni Estados Unidos.
¿Ya están allí?
Sí. Ya vendemos en China y en India. Y estamos haciendo el traspaso generacional. La segunda generación ya empezó a funcionar.
Tenés 83 años. ¿Pensás en retirarte?
Todavía no. Esto me divierte, me da energía. El día que no me divierta, me iré.
¿Cómo te gustaría que te recuerden?
Me gustaría que me recuerden mis nietos. Lo demás no me preocupa mucho. Tengo un sobrino que quiero como hijo, Guido Simonetti, cineasta de cortometrajes. Conoce mi vida. Hay un tema del que no hablo porque duele. A mi se me murió un hijo, quitándose la vida, y eso me hizo pensar muchísimo. Mi sobrino me dijo: “Tu historia es para hacer una película”. La vamos a hacer nosotros. Ahí es donde yo vierto, a través de terceros, La Martina, Gachi y a mi. Va a haber mucha verdad porque vamos a entrevistar amigos, familiares y hasta mis nietos. Es un legado que nos auto generamos.
Gachi, ¿alguna vez imaginaste que iba a pasar todo lo que pasó?
No, nunca me imaginé que esta iba a ser mi vida. Pero nunca me imaginé que iba a tener esta historia tan fuerte con él. Siempre lo seguí a él porque es una cosa maravillosa. Nunca me imaginé y no entendía nada tampoco. Hoy diseño, no sola porque tenemos un grupo de diseñadores, pero era algo que nunca imaginé hacer. Lo mío era modelaje, televisión y chicos. Pero es algo que hoy veo y dijo que espectacular. Son muchos años y vivimos con mucha intensidad. Tuvimos mucha suerte porque tenemos un vínculo muy fuerte. Hemos tenido situaciones feas, laborales y personales, y creo que si no hubiéramos tenido ese enganche tan fuerte se hubiese roto. Estoy contenta. Seguimos trabajando y no estoy convencida de dejar ya porque nos divierte y nos gusta. Estamos todo el día pensando en esto y nos da mucha gratificación, por lo que uno piensa por qué dejarlo. Nosotros no hacemos esto por plata sino porque nos gusta. La transición está y la vamos a hacer, pero todavía seguimos.