En un viaje descubrieron la tortilla “lista para llevar” y ya facturan más de $ 500 millones
Con una inversión de US$ 5.000, cinco amigos crearon Ueno. El año pasado cerraron una ronda de inversión y abrieron una planta con una capacidad instalada de 200.000 unidades mensuales. Sus próximos planes.

En la Argentina, donde la tortilla de papa es casi una institución cultural, nadie había logrado transformar ese plato cotidiano en un producto industrial listo para consumir, con escala, calidad constante y ambición regional. Esa paradoja —tan local como evidente— fue el punto de partida de Ueno, una startup de alimentos que en menos de tres años pasó de producir tortillas de manera artesanal a convertirse en la primera empresa del país en fabricar tortillas de papa refrigeradas y congeladas, listas para consumir, sin gluten y con sabor casero.

“En España, la tortilla refrigerada es el producto estrella del ready-to-eat. Está en todos los supermercados –destaca Ignacio Santa Cruz, gerente general de la empresa y director de producción-. Luego de un viaje  a Ibiza, que hicimos cinco parejas de amigos, nos dimos cuenta de que en la Argentina nadie lo estaba haciendo”. Allí, el grupo advirtió que ese plato clásico español había logrado industrializarse sin perder identidad. “Ahí nos cayó la ficha: en el país de la tortilla, no existía la tortilla lista para llevar”, sintetiza.

Ueno nació formalmente a principios de 2023, impulsada por un grupo de socios con trayectoria en startups tecnológicas y negocios digitales, pero con una fuerte conexión emocional con la comida. Además de Santa Cruz, el equipo fundador está integrado por Ignacio Belderrain (director de Marketing), Ariel Morena (director Comercial), Matías García Laplaza (director de Finanzas) y Carlos Guido Gaziglia (Administración). Los primeros cuatro ya eran amigos del colegio y comparten una historia común marcada por un emprendedurismo temprano. “Ninguno es de familias empresarias tradicionales, pero todos veníamos de startups como Wabi o Lemon. Estábamos acostumbrados a pensar en escala”, explica Santa Cruz.

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El inicio fue austero y bootstrapeado. La inversión inicial rondó los US$ 5.000, destinados al desarrollo del producto, herramientas básicas y primeras producciones artesanales. Con el tiempo, el proyecto fue sumando músculo: entre el armado de la planta industrial, la contratación de equipo y la profesionalización del proceso, la inversión acumulada superó los US$ 500.000, que fueron aportados por socios e inversores privados. A fines de 2025, la empresa también cerró una ronda de US$ 250.000 a una valuación pre-money de US$ 1 millón.

Un cambio relevante

El salto productivo de la compañía llegó en junio de 2024, cuando Ueno inauguró su planta industrial propia de 400 m² en Villa Lynch (San Martín). Hoy, la fábrica tiene una capacidad instalada de 200.000 unidades mensuales y emplea de manera directa a 20 personas, además de trabajar con ocho representantes comerciales regionales y más de diez distribuidores en todo el país.

Los números acompañaron el crecimiento operativo. En 2023, con apenas seis meses de actividad, la facturación fue de $ 9 millones. En 2024, escaló a $ 90 millones y en 2025 cerró cerca de los $ 600 millones, lo que significó un crecimiento superior al 500% interanual. El run rate actual es de 35.000 tortillas mensuales, con un objetivo claro: alcanzar entre 75.000 y 100.000 unidades por mes a mediados de 2026 y cerrar el año en torno a las 150.000. @@FIGURE@@

Detrás de esa expansión hay un modelo de negocios B2B multicanal, flexible y poco habitual para una startup alimenticia joven. Ueno comercializa su producto bajo cuatro formatos: marca propia Ueno (que representa cerca del 50% de las ventas) en góndolas refrigeradas y quick commerce; marca blanca, tanto refrigerada como congelada, con fuerte crecimiento; formato neutro sin etiqueta para el canal gastronómico (HORECA); y food service. Entre sus clientes más importantes figuran cadenas como Carrefour, Coto, Día%, ChangoMás y La Anónima, además de PedidosYa Market y Rappi Turbo. En gastronomía, trabajan con firmas como Tronchetto, Aramark, Tostado Café y Grupo L.

“El diferencial es que somos un producto listo para comer de verdad. Abrís el paquete y lo podés comer frío o caliente. Ya está cocinado”, subraya Santa Cruz. Esa simplicidad, combinada con un sabor que remite a lo casero, permitió que Ueno creara una categoría prácticamente inexistente en el mercado local: el ready-to-eat fresco, sin gluten y de base tradicional. Además, la tortilla de papa tiene una ventaja estratégica: su transversalidad. “El perfil de consumidor es amplísimo. Desde familias que resuelven una comida en 5 minutos hasta estudiantes, juntadas con amigos o viandas. A todo el mundo le gusta la tortilla”, resume el director general. Ese carácter masivo convierte al producto en una plataforma escalable, con variantes y formatos.

Proyección y objetivos

De hecho, la compañía ya trabaja en la ampliación de su portfolio. En el primer trimestre de 2026, lanzará la tortilla de chorizo colorado, en un formato de 470 gramos, y luego llegarán versiones de espinaca y acelga y sin cebolla. Paralelamente, Ueno abrió una nueva ronda de inversión por US$ 500.000 a una valuación de US$ 25 millones, destinada exclusivamente a incorporar una segunda línea de producción de alta capacidad. El objetivo: dejar de ser un monoproducto para convertirse en un “monoproducto multivariante y multiformato”. @@FIGURE@@

La ambición no se limita al mercado local. Ueno ya tiene proyectos avanzados de exportación de tortillas congeladas marca blanca a Chile, Perú y Estados Unidos, con los primeros envíos previstos para el segundo y tercer trimestre de 2026. También existen contactos activos en Uruguay y Paraguay, donde evalúan un esquema de soft landing con socios locales. El plan es que entre el 10% y el 20% de la facturación provenga de exportaciones entre 2026 y 2027.

“El objetivo es claro: queremos posicionarnos como el mayor fabricante de tortillas de papa de Latinoamérica”, afirma Santa Cruz. No es solo una declaración de deseos. En un contexto donde la industria alimentaria argentina busca productos con valor agregado, identidad y potencial exportador, Ueno apunta a hacer con la tortilla lo que España logró décadas atrás: convertir un plato popular en un ícono industrial. “El secreto estuvo en industrializar el proceso sin perder la esencia”, concluye el fundador.