La industria petrolera generaría más de 100.000 empleos en la próxima década
Fernando Heredia Editor
Fernando Heredia Editor
Vaca Muerta añadirá más de 100.000 puestos de trabajo directos e indirectos durante la próxima década impulsada por el salto en las inversiones de infraestructura y la producción no convencional. Así lo detallan las proyecciones elaboradas en un informe de Deloitte, que marcan una transformación profunda en el mercado laboral y en la matriz productiva del país hacia 2035.
El sector energético transita una etapa de expansión donde la demanda de perfiles altamente cualificados deja atrás la dinámica de los yacimientos maduros. La ejecución de los proyectos aprobados bajo el RIGI, los gasoductos troncales y las plantas de licuefacción traccionan una red federal compuesta por miles de pymes proveedoras y firmas de ingeniería, construcción y servicios especializados.
Las estimaciones del trabajo indican que el empleo formal directo en el upstream se mantiene estancado hace diez años en torno a los 66.000 trabajadores registrados, con una fuerte concentración territorial en la Cuenca Neuquina. En paralelo, los servicios complementarios agrupan al 64% de la dotación sectorial, mientras que las actividades extractivas completan el resto de una estructura que demanda ingenieros, especialistas en perforación, personal de mantenimiento y operarios especializados.
Las proyecciones elaboradas mediante el modelo de Equilibrio General Computacional señalan que el empleo agregado en el complejo hidrocarburífero y sus actividades conexas escalará de manera gradual en los próximos años. En el escenario base, la mayor actividad generará más de 87.000 puestos netos adicionales hacia 2035, cifra que puede trepar hasta los 106.600 empleos en el escenario de alto crecimiento. Al desagregar el impacto por sectores, la industria energética sumará unos 56.000 nuevos puestos en su escenario prudente y hasta 80.000 en el más dinámico, mientras que la construcción, el transporte y los servicios profesionales complementarán la absorción de mano de obra calificada.
Este despliegue laboral responde directamente a un ciclo de desembolsos sin antecedentes en la historia económica reciente. Las inversiones totales de la industria superarán los 20.000 millones de dólares anuales hacia 2030, acumulando más de 160.000 millones de dólares a lo largo de la próxima década. El grueso de este capital se destina al segmento upstream y a las grandes obras de infraestructura midstream necesarias para evitar los cuellos de botella logísticos que limitaban la evacuación de la cuenca.
Entre los proyectos que sostienen este flujo figuran iniciativas de escala internacional como el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), la ampliación del sistema Oldelval y los desarrollos masivos en bloques de shale oil y shale gas operados por las principales compañías del sector. Estas obras permiten viabilizar volúmenes crecientes de extracción que ya elevaron la producción promedio de petróleo crudo a la zona de los 900.000 barriles diarios, con una participación superior al 60% explicada exclusivamente por los yacimientos no convencionales.
Hacia adelante, las estimaciones anticipan que la extracción nacional de crudo y condensados superará los 1,5 millones de barriles diarios en 2030 y se aproximará a los 1,7 millones hacia 2035. Este volumen permitirá al país consolidarse como el segundo productor de petróleo en América Latina y escalar posiciones en el ranking global del puesto 19 al 14. En el segmento gasífero, la producción total ya supera los 141 millones de metros cúbicos diarios y proyecta alcanzar los 227 millones hacia el final del período, apuntalada por la reversión del Gasoducto Norte y el avance de los proyectos de exportación de Gas Natural Licuado.
La consolidación de esta plataforma exportadora modificará radicalmente la balanza comercial del país. Las ventas externas del complejo energético, que cerraron el año previo en torno a los 11.000 millones de dólares, escalarán hasta los 46.700 millones de dólares anuales en 2035, superando los registros históricos de los complejos agroindustriales. Con este volumen de divisas, la participación del sector en el Producto Bruto Interno trepará desde el 3,4% actual hasta el 5,5%, aportando una décima adicional al crecimiento anual de la economía y redefiniendo el perfil macroeconómico argentino.