Este 28 de enero, Carlos Slim Helú cumple 86 años y lo hace sin aflojar el ritmo. Lejos de cualquier “retiro dorado”, el empresario más poderoso de México sigue al mando de uno de los conglomerados privados más grandes de América Latina, con decisiones que marcan el rumbo de sectores clave como la energía, las telecomunicaciones y las finanzas. Su fortuna asciende a US$ 106.6 mil millones según la última actualización de Forbes, lo que lo ubica entre los 17 patrimonios más altos del planeta.
La fecha ofrece una excusa para repasar una carrera construida con precisión quirúrgica: compras a contramano de la corriente, jugadas de largo aliento y una lógica empresarial que atravesó crisis económicas, privatizaciones y cambios regulatorios sin perder impulso. Ingeniero civil de formación,
Slim armó un verdadero imperio sobre la base de las telecomunicaciones, pero hoy también pisa fuerte en infraestructura, comercio, medios y hasta en el mundo del arte.
De la ingeniería a las primeras acciones
Nacido en Ciudad de México el 28 de enero de 1940, Carlos Slim creció en una familia de origen libanés donde el manejo del dinero formó parte de la educación cotidiana. Su padre, Julián Slim, se dedicó al negocio inmobiliario y le inculcó desde chico la importancia del ahorro, la contabilidad y la inversión. A los 12 años compró sus primeras acciones bancarias y, antes de cumplir los 18, ya llevaba registros financieros en la empresa familiar.

Se graduó como ingeniero civil en la Universidad Nacional Autónoma de México, pero el interés real estuvo siempre puesto en la economía y los mercados. En 1961, el mismo año en que terminó la carrera, comenzó a trabajar como agente de bolsa. Cuatro años después, sus operaciones ya le habían generado ganancias por US$ 400.000, cifra que utilizó para crear Inversora Bursátil. Para 1966, con apenas 26 años, acumuló un patrimonio cercano a los US$ 40 millones y fundó Inmuebles Carso, una compañía inmobiliaria que marcó el punto de partida del grupo que lleva ese nombre.
Durante los años setenta y principios de los ochenta, Slim amplió su radio de acción hacia la construcción, el comercio, la minería, la manufactura y los servicios financieros. El quiebre llegó con la crisis mexicana de 1982. Mientras capitales extranjeros abandonaban el país y muchas empresas quedaban depreciadas, Slim compró participaciones de control a precios bajos. Esa estrategia, aplicada con disciplina y gestión austera, multiplicó el valor de esos activos durante la recuperación posterior. El resultado fue la consolidación de su condición de multimillonario y la base definitiva de su estructura empresarial.
Telmex, el salto que cambió todo
El momento decisivo ocurrió a comienzos de los años noventa, cuando el Estado mexicano avanzó con la privatización de Teléfonos de México. En 1990, Slim encabezó el consorcio que adquirió Telmex por US$ 1.760 millones, en sociedad con firmas internacionales como France Télécom y SBC. La operación transformó su escala de negocios y le dio una plataforma con flujo de caja constante.
Slim tomó el control de la gestión y convirtió a Telmex en el eje del grupo. Durante esa década, la empresa modernizó redes, amplió cobertura y mantuvo una posición dominante en telefonía fija. Esa situación generó críticas y cuestionamientos regulatorios, aunque también permitió financiar nuevas inversiones. A fines de los noventa, Telmex participó en desarrollos tecnológicos y en compañías del exterior, mientras consolidaba su presencia local.

En 2001, el grupo separó el negocio móvil y creó América Móvil, que integró a Telcel y luego se expandió por toda América Latina. Durante los años dos mil, la compañía compró operadores en distintos países y se convirtió en una de las mayores empresas de telecomunicaciones del mundo por cantidad de usuarios. En 2011, América Móvil absorbió nuevamente a Telmex mediante una compra de acciones, integrando servicios fijos y móviles.
Durante años, las empresas de Slim llegaron a representar cerca del 40% del valor de mercado de la bolsa mexicana. En 2014, nuevas regulaciones antimonopolio obligaron a desprenderse de algunos activos, aunque el grupo logró adaptarse sin perder liderazgo. El negocio de telecomunicaciones siguió como la principal fuente de ingresos y el corazón de su fortuna.
Un conglomerado que cruzó fronteras
A partir de los noventa, Slim avanzó con una diversificación sistemática. Grupo Carso pasó a reunir negocios en telecomunicaciones, finanzas, infraestructura, energía, comercio y medios. En el sistema financiero, controla Grupo Financiero Inbursa, con banca, seguros y administración de fondos. En infraestructura, Carso Infraestructura y Construcción ejecuta obras civiles, proyectos energéticos y desarrollos inmobiliarios.
El comercio minorista también ocupa un lugar relevante. Grupo Sanborns incluye cadenas de tiendas, restaurantes y formatos especializados que se mantienen como actores centrales del consumo mexicano. En medios, Slim llegó a ser uno de los principales accionistas del New York Times, con una participación cercana al 17%, además de invertir en televisión por cable y contenidos.
La expansión internacional tuvo hitos destacados. En 2008, se convirtió en accionista relevante de compañías emblemáticas de Estados Unidos como Citigroup y Saks Fifth Avenue. También incursionó en tecnología y mantuvo inversiones vinculadas al desarrollo de software y telecomunicaciones. No todas las apuestas resultaron exitosas: la compra de CompUSA terminó con una salida en 2007 y pérdidas reconocidas públicamente. Aun así, esos episodios quedaron como excepciones dentro de un historial mayormente rentable.
En paralelo, Slim impulsó iniciativas filantrópicas a través de la Fundación Carlos Slim, creada en 1986, con foco en educación, salud y desarrollo. El Museo Soumaya, de acceso gratuito, se convirtió en uno de los espacios culturales más visitados de la región y alberga una de las colecciones privadas más importantes de América Latina. La lógica que atraviesa esas acciones mantiene una constante: la inversión productiva como motor de impacto social.

Energía, telecomunicaciones y poder económico en 2026
La actualidad encuentra a Slim con una participación cada vez más fuerte en el sector energético. En septiembre de 2025, Grupo Carso firmó un acuerdo con Pemex para invertir hasta US$ 1.990 millones en la perforación de 32 pozos en el campo Ixachi, en Veracruz. El proyecto se desarrolla a lo largo de tres años y prevé pagos mensuales por pozo productivo a partir de enero de 2027. Ixachi figura entre los mayores yacimientos de gas y condensados descubiertos en México en décadas recientes.
A comienzos de 2026, Slim cerró la compra del 100% de Fieldwood México, hasta entonces controlada por Lukoil. La operación implicó US$ 270 millones más la asunción de una deuda de US$ 330 millones. Con esa adquisición, el grupo pasó a controlar los campos Ichalkil y Pokoch, en aguas someras del Golfo de México, una zona de aproximadamente 58 kilómetros cuadrados que produce cerca de 8.300 barriles diarios de petróleo y 425.000 metros cúbicos de gas natural por día. La jugada refuerza el rol de Slim como socio clave del Estado mexicano en un sector estratégico.
En paralelo, América Móvil sostuvo un plan de inversiones cercano a los US$ 7.000 millones entre 2024 y 2025, con foco en redes 5G y mejoras de infraestructura en la región. La compañía exploró alianzas tecnológicas, incluso en conectividad satelital, para ampliar cobertura en zonas alejadas y sostener su liderazgo.
El desempeño de esas empresas impulsó un nuevo salto patrimonial. En 2025, la valorización de acciones clave elevó su fortuna por encima de los US$ 114.000 millones. A los 86 años, Slim continúa involucrado en las decisiones centrales y avanza con un esquema de sucesión que integra a sus hijos en puestos ejecutivos.
El cumpleaños lo encuentra activo, sin señales de repliegue. Entre telecomunicaciones, energía e infraestructura, Carlos Slim Helú sigue fiel a la fórmula que aplicó desde sus primeros pasos: detectar oportunidades, invertir con cálculo y no soltar las riendas.
A los 86 años, mantiene sus negocios en expansión y una influencia concreta sobre la economía mexicana que trasciende gobiernos y ciclos.