El caos abre puertas. Son pocos los que lo reconocen en el momento, y todavía menos los que se animan a firmar un cheque importante mientras todo sigue en llamas. Michael Novogratz, exoperador de Goldman Sachs, no dudó. Lo que todavía no sabía, en diciembre de 2022, era el peso que iba a tener su jugada defensiva y contracorriente.
Ese mes, con las criptomonedas sacudidas por el derrumbe del imperio FTX de Sam Bankman-Fried y una ola de quiebras, Galaxy —la empresa de Novogratz— comprometió US$ 65 millones para comprar una operación de minería de bitcoin de 65 hectáreas en el condado de Dickens, una zona poco poblada de Texas, a unos 530 kilómetros al noroeste de Austin.
"Probablemente será mi mejor inversión, con diferencia", dice Novogratz, de 61 años.
A simple vista, la operación parecía hecha en el peor momento: una inversión fuerte en infraestructura minera justo cuando el sector enfrentaba sus propios excesos. Una mezcla tóxica de apalancamiento mal gestionado, contrapartes riesgosas y supuestos nunca cuestionados. Solo en ese año se esfumaron más de US$ 1,5 billones en activos digitales. El bitcoin y el ether se desplomaron más de un 60 %.
A comienzos de 2022, mientras el sector empezaba a mostrar signos de tensión, la empresa de Novogratz empezó a preocuparse por la cantidad de capital que tenía invertido en chips de minería alojados en centros de datos operados por terceros. “Nos preocupaba tener una cantidad considerable de capital invertido en activos que estaban bajo el control de personas cuya calidad crediticia estaba empeorando", recuerda Christopher Ferraro, presidente y director de inversiones de Galaxy.
El vendedor, Argo Blockchain, tenía justo lo que Galaxy buscaba: un sitio conocido como Helios, ubicado en una zona con costos bajos, energía barata y mano de obra disponible en la ciudad cercana de Lubbock. Pero la operación no fue ni limpia ni sencilla. Se trató, en parte, de un salvataje financiero, con una coreografía legal compleja y una estructura de financiación pensada para extraer una instalación en construcción, mientras se mantenía con vida a su operador, que ya atravesaba dificultades, el tiempo suficiente para cerrar la transacción.
En ese momento, Helios parecía una inversión de cobertura: una manera de tomar control y administrar riesgos en medio de una caída profunda del mercado. Sin embargo, Novogratz y su equipo tardarían más de un año en entender que habían comprado algo completamente distinto.
Hacia fines de 2023, con el precio del bitcoin en torno a los US$ 38.000, un 40 % por debajo del pico alcanzado en noviembre de 2021, Novogratz empezó a hacerse otra pregunta: ¿la minería de bitcoin era realmente el mejor uso para el activo que Galaxy acababa de adquirir?
Meses después, en un vuelo, Novogratz compartió cabina con su amigo Christopher James, fundador de Engine No. 1, una firma de inversión activista con sede en San Francisco. Durante dos horas y media, James le dio una charla intensa sobre la inminente escasez de energía, una que poco tenía que ver con el bitcoin y mucho con la inteligencia artificial.
Otros también empezaban a detectar la oportunidad. En junio de 2024, Core Scientific —una empresa de minería de bitcoin con sede en Delaware— anunció un contrato de alquiler por 12 años con CoreWeave, una de las firmas de infraestructura para inteligencia artificial que más rápido crece en el mundo. El acuerdo, por US$ 3.500 millones, cambió de golpe la percepción del sector: la minería de criptomonedas dejó de verse como una garantía desperdiciada de una fiebre especulativa, y pasó a entenderse como infraestructura energética valiosa, con ingresos asegurados a largo plazo.
Novogratz se movió rápido. CoreWeave ya era cliente de Galaxy en el área de banca de inversión en criptomonedas, una relación que arrancó en 2021, cuando todavía operaba como minero de Ethereum. En noviembre de 2024, Novogratz firmó con CoreWeave un contrato de alquiler por 15 años para el 25% de la capacidad del centro de datos de inteligencia artificial de 800 megavatios de Helios. En apenas un año, CoreWeave se comprometió a alquilar el 100%.
La reciente aprobación del operador eléctrico texano ERCOT permitirá que Helios duplique su capacidad a 1.600 megavatios, lo que la convierte en uno de los mayores proveedores independientes de centros de datos de Estados Unidos. Se espera que Helios empiece a generar ingresos este verano, con una facturación anual superior a los US$ 1.000 millones solo por CoreWeave. Novogratz ahora lidera dos negocios impulsados por fuertes tendencias: los centros de datos dedicados a las criptomonedas y los de inteligencia artificial.
"En muchos sentidos, tuvimos suerte", dice Novogratz. "Y, en muchos sentidos, fuimos inteligentes al aprovechar esa suerte".
El tercero de siete hermanos, Novogratz nació en una familia militar. Las historias sobre su intensa carrera en Wall Street ya son conocidas. Becado por el ROTC y campeón de lucha libre en Princeton, entró a Goldman Sachs en 1989, luego de pasar por la Guardia Nacional de Nueva Jersey. Empezó como vendedor y después trabajó como corredor de bolsa, hasta llegar a dirigir la mesa de operaciones asiáticas de Goldman desde Hong Kong. En 1998, fue nombrado socio. Al año siguiente, cuando Goldman salió a la bolsa, Novogratz se hizo millonario. Un año después, justo tras ser ascendido a presidente de Goldman Sachs Latinoamérica, tuvo que renunciar porque, según le dijo al New Yorker, estaba "de fiesta como una estrella de rock". @@FIGURE@@
Después de pasar por rehabilitación en Arizona, Novogratz volvió a Wall Street. En 2002, se sumó como socio a Fortress Investment Group, una firma neoyorquina de capital privado, donde quedó a cargo de un fondo de cobertura centrado en operaciones macroeconómicas. Le fue tan bien que, tras la salida a la bolsa de Fortress en 2007, su fondo manejaba US$ 9.000 millones en activos. Él y otros cuatro socios se convirtieron en multimillonarios.
Pero los mercados son impredecibles: apenas un año más tarde, en 2008, la crisis financiera golpeó con fuerza. El fondo de Novogratz quedó diezmado, al igual que su patrimonio personal. Si bien logró recuperarlo, después acumuló una serie de apuestas fallidas con el franco suizo y las tasas de interés de Brasil. Finalmente, decidió cerrarlo en 2015.
Fue en ese momento cuando las criptomonedas comenzaron a captar cada vez más su atención. Según se difundió, compró US$ 7 millones en bitcoins cuando cada uno valía apenas US$ 65.
El mundo cripto es una actividad atravesada por la incomodidad, y premia la capacidad de resistir. Novogratz, que fue luchador universitario, estaba bien preparado para eso.
"Él siempre se mantiene optimista sin importar la adversidad o cuando algo pueda estar yendo mal", dice el multimillonario Stan Druckenmiller, viejo compañero de Novogratz en una liga de fútbol fantasy y ex mano derecha de George Soros.
En 2018, Novogratz fundó Galaxy, con la idea de crear una especie de Goldman Sachs de las criptomonedas. Define su cultura como "tres cuartas partes Goldman, una cuarta parte Drexel Burnham", en alusión al rol de Michael Milken en la creación del mercado de bonos basura, de la misma manera en que Galaxy busca empujar el desarrollo de los activos digitales.
En un sector lleno de inversores sin experiencia o con una mirada idealista, el pasado de Novogratz en el trading marcó la diferencia. Diecisiete meses después del colapso de FTX, Galaxy recaudó un fondo de US$ 620 millones en abril de 2024 para comprar sus participaciones en solana, que estaban con fuertes descuentos. Hoy esos tokens, que generan ingresos, valen más de US$ 1.200 millones.
Cuando el invierno cripto de 2021 a 2023 puso en jaque al sector crediticio, Galaxy fue una de las pocas compañías que mantuvo en pie su credibilidad y capital como para salir a jugar. Hoy es uno de los tres mayores prestamistas de criptomonedas del mundo, junto con el emisor de monedas estables Tether y Ledn. Solo en 2025, originó préstamos por más de US$ 2.000 millones. @@FIGURE@@
Más recientemente, con el auge de empresas que empezaron a copiar la estrategia de tesorería de Michael Saylor —basada en acumular bitcoins—, Galaxy volvió a intervenir. Actualmente, asesora y gestiona la tesorería de más de 20 empresas que, en conjunto, sumaron alrededor de US$ 4.500 millones en activos bajo administración. Con ese empuje, Galaxy alcanzó un total de US$ 17.000 millones y genera más de US$ 40 millones anuales en ingresos por comisiones.
El año pasado fue el más exitoso en la historia de la firma. Sus acciones empezaron a cotizar en el Nasdaq en mayo, y desde entonces el patrimonio neto de Novogratz se duplicó: hoy llega a los US$ 7.000 millones. En el tercer trimestre, Galaxy reportó una ganancia neta de US$ 505 millones, impulsada por volúmenes récord de operaciones y rendimientos en activos digitales.
De todos los movimientos que hizo Novogratz, quizá el más significativo fue la compra de una extensa pradera en Texas como resguardo estratégico. La ubicación de Helios es casi tan relevante como su tamaño. El terreno está dentro de una Zona de Oportunidad Calificada, una figura creada a partir de los recortes impositivos que impulsó el presidente Trump en 2017, y que permite a Galaxy postergar el pago de impuestos sobre las ganancias de capital.
"Incluso en este momento, el valor que le asignamos a Helios es mayor que el que actualmente le asignamos a la plataforma de criptomonedas de la compañía", afirma el analista de Benchmark, Mark Palmer. Para Mike Colonnese, analista de HC Wainwright, esa evaluación se queda corta. Considera que Helios, por sí sola, podría valer el doble de la capitalización bursátil actual de Galaxy, o más de US$ 20.000 millones. Palmer agrega: "Se destaca como una de las mayores adquisiciones en la historia de las finanzas corporativas".
Liderar dos negocios nuevos y en constante cambio impone desafíos particulares. "Estamos en una situación complicada", reconoce Novogratz. "Llegará el momento en que tomemos una decisión importante. Podríamos acabar siendo un holding. Podríamos acabar siendo dos empresas independientes. Pero el negocio de las criptomonedas necesita mayor escala". @@FIGURE@@
Ferraro, director de Tecnología de la Información de Novogratz, lo plantea con más claridad. Según explica, los mercados públicos prefieren narrativas simples. Pretender que los inversores comprendan tanto los activos digitales como los centros de datos resulta una tarea compleja, y con el tiempo los mercados de capitales suelen exigir mayor definición.
"Financiaremos el centro de datos con miles de millones de dólares de deuda bancaria con un perfil de rentabilidad a 20 años", señala Ferraro. "Eso es muy diferente a la volatilidad de las criptomonedas. Si llegamos a un punto en el que no obtengamos un valor razonable con ambos negocios bajo el capó, sería un error no considerar separarlos".
En una de las posibles versiones del futuro, según Ferraro, compañías como Galaxy lideran hoy la construcción de centros de datos —ponen capital en acero y hormigón—, pero podrían terminar viendo cómo sus principales clientes eligen ser dueños de esa infraestructura. Esa situación convertiría al negocio de centros de datos de Novogratz en una candidata atractiva para una escisión o incluso para una adquisición por parte de Google o Microsoft.
Mientras tanto, el área de criptomonedas de Galaxy, donde Novogratz tiene una participación más activa, espera que el Congreso apruebe un proyecto de ley sobre la estructura del mercado. Esa legislación daría vía libre a las instituciones para operar con criptomonedas sin el freno de la incertidumbre regulatoria. Pero la competencia ya se empieza a asomar. Incluso JPMorgan, cuyo director ejecutivo, Jamie Dimon, ha sido crítico del bitcoin durante años, estaría analizando ofrecer operaciones con criptomonedas a sus clientes institucionales.
Para Novogratz, las criptomonedas están atravesando una transición necesaria: deben dejar atrás su etapa como negocio impulsado por el idealismo, el apalancamiento y la especulación para convertirse en una herramienta que preste servicios esenciales a los mercados financieros.
"Si en tres años no puedes comprar tu entrada para ver a Taylor Swift —no solo con criptomonedas, sino a través de una plataforma de intercambio descentralizada, y además programable—, habremos fracasado como industria", sostiene Novogratz. "Si solo se trata de bitcoin y apuestas, sentiré que desperdicié los últimos diez años de mi vida, aunque haya ganado mucho dinero".
Nota publicada en Forbes.com