En pleno rebote inflacionario, lanzan un nuevo esquema de importación de gas que vuelve a encarecer las tarifas
La compra de GNL para el invierno pasará a manos de los privados y se dejaría de subsidiar la diferencia de precio respecto al gas argentino.

Un nuevo cambio en el sistema energético vuelve a generar presión sobre las tarifas y suma más dudas sobre el cumplimiento de la meta de inflación establecida en el presupuesto 2026.

En medio del bombazo del salto del 2,9% en el IPC de enero publicado esta semana, el gobierno lanzó la convocatoria a un esquema privado para la importación de gas natural licuado (GNL) durante el invierno.

La gran diferencia con el mecanismo anterior es la ausencia del Estado, que antes oficiaba de amortiguador entre el precio internacional con el local y se hacía cargo de la diferencia entre el costo de compra y el valor de venta a las distribuidoras.

Ahora, en cambio, habrá una licitación para que una firma privada se encargue de comprar el GNL, traerlo, regasificarlo en la terminal de Escobar, inyectarlo al sistema y venderlo a las diferentes distribuidoras.

El proceso prevé una etapa de precalificación para evaluar antecedentes y solvencia, y la adjudicación se definirá por el precio más competitivo y ofertas de abastecimiento.

Las principales ventajas del sistema radican en la posibilidad de conseguir mejores precios que el Estado tanto por la demora de pagos típica de los organismos públicos como por el esquema más flexible de contratación de barcos.

Por el contrario, la gran incertidumbre pasa por el traslado de esos valores a tarifa –que suelen triplicar los precios del gas argentino-, el interés de los privados frente a un negocio riesgoso donde el gobierno puede alterar las reglas de juego y si el incentivo a comprar los cargamentos justos no podría generar desabastecimiento en momentos críticos. De ahí que el sistema deja abierta la puerta a que la Secretaría de Energía compre volúmenes adicionales.

Desde la industria indicaron a Forbes que hay varias empresas interesadas en participar y que el impacto en tarifa no debería ser tan relevante si se instrumenta bien el sistema. “La idea del gobierno es que la mayor parte del GNL vaya a industria y generación eléctrica. Aunque se va a necesitar algo para el sector residencial”, indicaron fuentes consultadas.

El problema es que, frente a una ola polar, los consumos domésticos se disparan y los faltantes de gas suelen ser moneda corriente, tal como sucedió en los últimos dos inviernos en los días más fríos.

Por lo pronto, habrá un plazo de 40 días para concluir el proceso que corre contra reloj por la necesidad de planificar cuanto antes este tipo de compras ya que antes de mayo deberían empezar a llegar los primeros cargamentos.

“El objetivo es garantizar el suministro cuando más se necesita, ordenar la formación de precios a través de competencia y avanzar en un mercado más transparente, donde el Estado deje de actuar como operador y se enfoque en asegurar reglas y control para el funcionamiento del sistema”, comunicaron desde la Secretaría de Energía.

Como explicó Forbes, esta medida se suma a la puesta en marcha de los Subsidios Energéticos Focalizados que reemplazan a la segmentación tarifaria ideada por Sergio Massa y que fue uno de los causantes de la marcha atrás con la actualización del índice de inflación.

A corto plazo, por los aumentos de gas, pero a partir de marzo con un fuerte peso de los ajustes eléctricos. “No creo que no apliquen los aumentos planificados, pero claramente va a depender del frente inflacionario. De todas formas, con un dólar planchado los incrementos no son tan significativos”, sostiene un consultor.