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Negocios

De Jackie Chan a Hollywood: cómo Rotten Tomatoes convirtió la crítica amateur en una de las mayores plataformas de cine del planeta

Martina P. Veneziani

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Nació como un experimento de estudiante para ordenar reseñas dispersas de películas de artes marciales que casi nadie veía en Estados Unidos. Dos décadas después, el Tomatometer funciona como un termómetro de consenso que influye en campañas de marketing, decisiones creativas y hasta en el humor interno de una industria obsesionada con evitar el "tomate podrido".

10 Febrero de 2026 17.15

A fines de los años 90, leer críticas de cine en internet era una experiencia fragmentada. Había reseñas, sí, pero dispersas entre diarios, revistas, foros y sitios que todavía estaban aprendiendo a ser medios. En ese contexto, Senh Duong, entonces estudiante en UC Berkeley y fan declarado de Jackie Chan, se topó con un problema simple: quería saber qué decían los críticos sobre esas películas que lo habían marcado y que, en muchos casos, ni siquiera llegaban a las salas estadounidenses. Lo que siguió fue una idea tan obvia como disruptiva para su tiempo: si era difícil encontrar críticas sueltas, por qué no reunirlas todas en un solo lugar, con un criterio unificado que permitiera comparar.

Ese proyecto de hobby, armado a mano en noches largas y con paciencia de archivo, terminaría llamándose Rotten Tomatoes. Con el tiempo se volvería una plataforma de reputación que, para millones, define una pregunta básica antes de pagar una entrada o darle play a una serie: "¿Vale la pena?"

La historia de Rotten Tomatoes no es sólo la de un sitio de reseñas. Es un caso de negocio sobre cómo una regla sencilla de agregación (recopilar, clasificar, sumar) puede crear una ventaja competitiva durable, incluso en un mercado donde los competidores suelen ser gigantes con presupuestos infinitos. También es una historia de supervivencia en el peor momento para una startup: el estallido de la burbuja puntocom. Y, en el fondo, es la historia de cómo la crítica -tradicionalmente un espacio de gatekeepers- se transformó en un producto escalable.

Una solución para un problema real: encontrar críticas sin depender del póster

La chispa inicial tiene nombre y apellido: Jackie Chan. Duong leía críticas para decidir qué ver, pero notaba algo: la única vez que encontraba muchas reseñas juntas era en publicidad, en pósters o avisos que, por definición, seleccionaban frases para vender. Para un fan que buscaba honestidad (y también para un cinéfilo curioso), eso era insuficiente.

La idea se volvió proyecto cuando Duong la compartió con dos amigos de UC Berkeley, Patrick Lee y Stephen Wang. Los tres estaban vinculados a Design Reactor, una firma de diseño web en Shattuck Avenue que trabajaba con clientes de entretenimiento. La propuesta era simple: construir páginas de películas con citas de críticas positivas y negativas, y un porcentaje que resumiera el balance.

Rotten Tomatoes
El sitio se lanzó el 18 de agosto de 1998.

El sitio se lanzó el 18 de agosto de 1998. En su primer día tuvo cerca de 100 visitas, impulsadas por publicaciones en grupos de Usenet. Luego llegaron menciones clave que en internet funcionan como capital reputacional: Yahoo lo destacó como "sitio del día", después lo mencionaron medios como USA Today y portales como Netscape. Ese combo de validación temprana fue el combustible inicial de crecimiento, cuando todavía no existía un modelo de negocios claro.

Curiosamente, el detonante de timing fue "Rush Hour". Duong había construido el sitio pensando en su estreno en agosto de 1998, pero la película se retrasó a septiembre. Ese retraso pudo ser el equivalente a un golpe de suerte: en lugar de quedarse atado a una sola película, el proyecto siguió con otros estrenos y se convirtió en un hábito de actualización constante. La plataforma dejó de ser un fan page y se volvió sistema.

El poder de una métrica binaria: Fresh o Rotten

El núcleo del producto de Rotten Tomatoes es una simplificación extrema: traducir una reseña a una decisión binaria. En vez de promediar estrellas, ponderar escalas o hacer análisis semántico, el sitio convirtió la crítica en un "positivo" o "negativo", y luego calculó el porcentaje de reseñas positivas. El 60% quedó como línea divisoria entre Fresh y Rotten (fresco o podrido). Con eso, nació un idioma universal.

Esa decisión, desde una mirada empresarial, tiene dos virtudes evidentes. La primera: escalabilidad. Un sistema binario permite clasificar volumen sin exigir precisión milimétrica. La segunda: viralidad. Los números extremos se vuelven noticia. Un 0% o un 99% generan conversación, titulares, debates en redes y, por extensión, tráfico.

Con el tiempo, el Tomatometer se convirtió en algo parecido a un sello de calidad. Y en una industria donde el marketing trabaja con señales rápidas (tráilers, primeras reacciones, embargo de críticas), esa señal terminó funcionando como atajo cognitivo para audiencias y ejecutivos.

Pero esa misma fortaleza es, a la vez, su ambigüedad estructural: la métrica mide consenso, no intensidad. Una película puede llegar a 90% por una colección de reseñas "suficientemente positivas" sin ser una obra maestra. La plataforma gana porque resume, pero paga el precio de ser interpretada como juez final.

Rotten Tomatoes
La chispa inicial tiene nombre y apellido: Jackie Chan

Cuando la industria empezó a mirar: el día que Pixar refrescaba la página

Hay un momento que en relatos de startups se cuenta como epifanía: cuando el producto deja de ser "para usuarios" y empieza a ser "para la industria". En Rotten Tomatoes, uno de esos momentos ocurrió la víspera del estreno de "A Bug’s Life" (Bichos, en Argentina). El equipo detectó que una página se actualizaba constantemente desde un punto geográfico cercano. La hipótesis fue contundente: en el campus de Pixar, a pocos kilómetros, empleados refrescaban el navegador para ver cómo entraban las críticas.

La lectura interna fue inmediata: si un estudio usaba el sitio como termómetro, entonces Rotten Tomatoes ya era parte del ecosistema del negocio del cine. No se trataba solo de ayudar a elegir qué ver. Era influir en expectativas.

Es que en 1998 y 1999, "agregar críticas" no era un modelo obvio. La pregunta era brutal: cómo se gana dinero juntando reseñas ajenas. No había un manual, ni un caso de éxito previo. Había tráfico y notoriedad, pero la rentabilidad parecía lejana.

Aun así, el contexto de la burbuja puntocom jugaba a favor en una sola cosa: el financiamiento. Según el relato de sus fundadores, Rotten Tomatoes llegó a levantar US$ 1,2 millones en 1999. La intención era incorporarse formalmente a inicios de 2000 (bajo el nombre Incfusion, porque "Rotten Tomatoes" parecía demasiado informal para ser empresa). Todo ocurría, literalmente, en la recta final antes del derrumbe.

La empresa necesitaba un salvavidas: un acuerdo que generara ingresos. Lo encontró integrando un servicio de búsqueda de precios, mySimon.com, que aportó un flujo mensual clave para sobrevivir. Fue un recordatorio clásico del mundo startup: el producto puede ser brillante, pero el cashflow manda.

El crash: de 25 empleados a 7, y una oficina como hogar

El 14 de abril de 2000 el Nasdaq cayó con fuerza y la burbuja empezó a estallar. Los nombres de las caídas de la época eran un cementerio en tiempo real: compañías que desaparecían de un día para el otro. Rotten Tomatoes también quedó al borde.

La reacción fue una cirugía brutal: recortes de personal escalonados hasta quedar siete personas haciendo el trabajo de veinticinco. Para aguantar, hubo recortes salariales del 30% al 50%. Patrick Lee y el director de marketing Paul Lee pasaron meses sin cobrar. Patrick, en un gesto que roza lo legendario y lo incómodo, decidió reducir su mayor costo fijo: dejó su departamento y se mudó a la oficina. Dormía con bolsa de dormir y un colchón plegable, escondido lo suficiente por si aparecía seguridad.

Oficina original de Rotten Tomatoes.
Oficina original de Rotten Tomatoes.

Es un episodio que resume la cultura de la primera era de Rotten Tomatoes: disciplina, obsesión por el proyecto y un componente comunitario muy marcado. El equipo era, en su mayoría, asiático-estadounidense y provenía de redes cercanas (incluido el club de Wushu de UC Berkeley). Esa estructura social no es un detalle: en momentos de crisis, la cohesión cultural y personal puede funcionar como motor de persistencia, cuando el mercado deja de premiar la promesa y exige resistencia.

Una comunidad que también era misión

La historia personal de Duong explica parte del ADN. Nacido en Vietnam y de origen chino, escapó con su familia en barco tras la caída de Saigón, vivió el riesgo de piratería y luego llegó a establecerse en California. En su relato, ver a alguien como Jackie Chan en pantalla tenía un peso emocional de representación y pertenencia.

Esa sensibilidad se refleja en una decisión que parece pequeña, pero define el posicionamiento editorial: incluir críticos online y ampliar voces. En los primeros años, el equipo sentía que los críticos en internet eran tratados como ciudadanos de segunda clase en un campo dominado por medios tradicionales. La respuesta fue más inclusión, no menos: si el sistema iba a representar "lo que se decía", entonces debía incorporar también a quienes ya estaban opinando fuera del circuito clásico.

Esa idea de "democratizar" no era un eslogan de marketing. Era una estrategia de producto: más fuentes significaban una base más amplia y más útil como estándar.

La supervivencia abrió la puerta a una segunda etapa: la del crecimiento estable. Con el tiempo, la publicidad de estudios volvió a aparecer, y el ecosistema digital maduró. Rotten Tomatoes fue elegido entre los primeros sitios en sumarse a AdSense, un punto de inflexión para monetizar tráfico de forma más sistemática.

A partir de allí, la compañía se volvió adquirible. En 2004, IGN compró Rotten Tomatoes por US$ 10 millones. Más tarde, el sitio pasaría por varias manos: Fox, Flixster, Warner Bros y, finalmente, Fandango en 2016, integrándose a un universo donde mostrar el Tomatometer al lado de una entrada en venta no es un detalle: es sinergia directa entre reputación y transacción.

En términos empresariales, Rotten Tomatoes se convirtió en una pieza de infraestructura del consumo audiovisual: una señal embebida en plataformas de tickets, alquiler digital y decisiones de programación. Ya no es sólo "un sitio". Es un estándar que acompaña al usuario en el momento de decidir.

Los humanos detrás del "algoritmo" que no existe y la paradoja de Hollywood

Uno de los mitos persistentes alrededor de Rotten Tomatoes es que sus puntajes salen de un algoritmo. Pero el sistema, según los relatos incluidos en tu material, depende de curadores que leen reseñas y determinan si son Fresh o Rotten. Es un proceso humano, sostenido por reuniones internas que discuten qué cuenta como reseña y cómo interpretar textos ambiguos.

Esa característica explica dos cosas. Primero, por qué el sitio se volvió tan influyente: los estudios sienten que están ante un "árbitro" con criterio editorial, no una máquina ciega. Segundo, por qué el modelo es difícil de replicar a gran escala sin costos: curar es caro, y sostener consistencia editorial también.

Aun así, el valor es enorme: al convertir crítica en un dato simple, el sitio se vuelve interoperable con cualquier plataforma. Un número viaja fácil. Un ensayo, no.

El resultado final es una paradoja moderna. Rotten Tomatoes nació para evitar que el marketing ocultara críticas negativas. Pero en el punto más alto de su influencia, su puntaje se transformó también en herramienta de marketing: nadie quiere un tomate verde, y el badge de "Certified Fresh" se volvió un activo promocional.

En la práctica, el Tomatometer opera como un indicador adelantado de conversación. Antes del estreno, cuando se levantan embargos y entran las primeras reseñas, el puntaje se convierte en noticia. Ese instante puede inclinar expectativas, impactar en boca a boca y, por efecto cascada, influir en decisiones de inversión publicitaria. Un número no reemplaza a una película, pero sí puede cambiar el clima alrededor de ella.

Y ahí aparece el gran mérito estratégico del proyecto original: su ventaja competitiva no está en la tecnología (que puede copiarse), sino en la posición cultural. Rotten Tomatoes no es un simple agregador: es el lugar que la gente consulta porque cree que ahí se resume "la verdad consensuada". Es reputación acumulada.

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