El boom de los péptidos, un mercado de US$ 100.000 millones entre las redes sociales, el negocio sin receta y el rechazo de los reguladores
Promocionados por influencers e impulsados por movimientos políticos, estos compuestos pasaron del gimnasio al mainstream. Mientras EE.UU. cede ante la presión política para habilitarlos como suplementos, Argentina mantiene una regulación estricta.

En un escenario en el que la circulación y auto administración de las drogas GLP-1 como el Ozempic se volvió moneda corriente —incluso más allá de las recomendaciones médicas-, y en donde se normaliza la idea de comprar sustancias online, empieza a aparecer otro gran tema en la agenda pública: la comercialización de compuestos inyectables cada vez más variados de procedencias poco seguras y no reguladas. Dentro de este mercado incipiente, los péptidos son el nuevo boom. “Existen péptidos para prácticamente cualquier fin imaginable en materia de bienestar y cosmética. Se venden para todo tipo de propósitos, desde un bronceado más rápido (melanotan-II) hasta el aumento de la libido (PT-141)”, explican en una nota de la revista The New York Magazine titulada “Life on Peptides Feels Amazing”.

El furor por el sector de los llamados “suplementos de longevidad”, que incluye a los péptidos, ha sido hypeado tanto por las farmacéuticas como por los medios (inclusive Bloomberg tituló una tapa “The billion dollar peptides gold rush” en junio), está creando un mercado que creció hasta superar los US$ 100.000 millones en ventas anuales. Los estimados indican que podría llegar a crecer aún más en la próxima década. Sin embargo, la controversia ronda el hecho de que la demanda hizo que también creciera el mercado clandestino de estos compuestos. Sumado a esto, tanto médicos como científicos explican que los estudios en humanos con péptidos no son concluyentes aún y que se está exponiendo a pacientes a terapias cuyos perfiles de seguridad a largo plazo no están claros.

El ADN de la tendencia

Los péptidos son cadenas cortas de aminoácidos, a veces llamadas microproteínas, que a menudo actúan como moléculas de señalización en el organismo. Tienen diversas funciones como regular los niveles de azúcar, la presión y la retención de agua, pero se los busca por funciones como estimular el colágeno, el crecimiento muscular después del ejercicio e influir en la actividad inmunitaria; y por eso entre algunos de sus beneficios se cuentan precisamente mejorar la fuerza, la energía, la resistencia y el recupero (de heridas o lesiones, por ejemplo).

Los péptidos tienen diversas funciones como regular los niveles de azúcar, la presión y la retención de agua, pero se los busca por funciones como estimular el colágeno, el crecimiento muscular después del ejercicio e influir en la actividad inmunitaria. Crédito: Imagen generada con IA

Comenzaron a usarse en los circuitos de fitness y competencias (lo utilizaban los fisicoculturistas y levantadores de peso), pero el camino por el cual llegaron al mainstream tuvo mucho que ver con la naturalización de otras drogas recientes como el Ozempic o Wegoby. Varias de estas medicaciones para perder peso tienen péptidos sintéticos que simulan las hormonas naturales como la semaglutida. Sus efectos “milagrosos” y rápidos con tan solo algunas inyecciones los volvieron la tendencia actual más comentada del wellness.

Por esto mismo están embebidos en la cultura del autocuidado, el fitness y la optimización corporal que, por momentos, alcanza extremos peligrosos, sobre todo al observar las modas y discursos que circulan en el ecosistema online que promociona estas prácticas y medicamentos en redes sociales como TikTok. Por caso, las tendencias actuales como el looksmaxxing (práctica de maximizar el atractivo físico a través de intervenciones peligrosas), la Mar-a-lago face como referencia para las cirugías de rostro (inspirada en el estilo de Ivanka Trump) o la “supremacía metabólica” que promueven fit-bros y aficionados al ejercicio. Asimismo, estos ideales de femineidad o masculinidad, según el caso, suelen sintonizar con el ideario del movimiento M.A.H.A (Make American Healthy Again), cuyo poder e influencia creció considerablemente durante la segunda presidencia de Trump.

Así, desde health influencers a figuras públicas vienen publicitando durante los últimos meses este tipo de sustancias inyectables, con los péptidos a la cabeza, sea el podcaster Joe Rogan que atribuyó al pentadecapéptido BPC-157 la curación de una tendinitis, o figuras del mundo de la belleza que buscan un bronceado más intenso y una libido más alta y recomiendan Melanotan II, también conocido como el “péptido Barbie”.

Las importaciones estadounidenses de péptidos y hormonas procedentes de China se duplicaron el año pasado. Gran parte de esta industria opera fuera del sistema financiero con criptomonedas. Crédito: Imagen generada con IA

Esto disparó el consumo en un mercado paralelo de péptidos con proveedores internacionales —el NYT informó que las importaciones estadounidenses de péptidos y hormonas procedentes de China se duplicaron el año pasado— que venden productos crudos de manera directa a los compradores por menor precio, pero sin los controles pertinentes. Ya que los bancos tradicionales y las tarjetas de crédito suelen prohibir la venta de compuestos de grado farmacéutico y sustancias no reguladas, gran parte de esta industria opera fuera del sistema financiero con criptomonedas. Los intercambios, así como las consultas y recomendaciones de aficionados, se dan a través de canales como WeChat, Whatsapp, Telegram o foros de Discord o Reddit en los que se comparten protocolos de aplicación y otra información. Un análisis de más de 5.000 vídeos relacionados con péptidos en TikTok reveló que el 64% provenía de cuentas con sede en EE.UU., con los creadores del Reino Unido como el segundo grupo más numeroso en 16% de los vídeos.

¿Qué dice la ley?

En términos del marco legal es importante entender que muchas de estas sustancias no están aprobadas o reguladas por organizaciones como la FDA (Food and Drugs Administration) en los EE.UU. o la UK’s Medicines and Healthcaren en el Reino Unido. Eso significa que no son aptas para consumo humano porque carecen de estudios concluyentes y a largo plazo, dado que todavía se consideran en una etapa incipiente en cuanto a datos de investigación -si bien en algunos casos está aprobado su uso para la investigación o como fármacos terapéuticos realizados por farmacias autorizadas.

Por eso crece la preocupación en torno a su uso, hoy considerados como experimental. De hecho, las etiquetas que suelen llevar estos medicamentos son “solo para uso en investigación” o “no apto para consumo humano”. "La gente no debería tomarlos hasta que hayan sido sometidos a pruebas exhaustivas. La historia de los atajos no es precisamente feliz”, explica Pinchas Cohen, un respetado endocrinólogo pediátrico de la Universidad de California, Los Ángeles, uno de los primeros en estudiar los péptidos.

Por presión política y contra el consejo de los científicas, la FDA empezó a aprobar sustancias. Crédito: Archivo Forbes. 

Ahora bien, pese a esta situación regulatoria en donde la ley no acompaña la demanda ni la ciencia, y además genera un mercado gris que pone en peligro la vida de las personas ya que las sustancias pueden estar adulteradas o falsificadas, también entra a tallar la puja entre industria, farmacias, políticos y el público de a pie. Algo que toma cariz público en EE.UU. con el M.A.H.A que en febrero de este año, y a través de su vocero principal Robert F. Kennedy Jr, Secretario de Salud y Servicios Humanos de EE.UU., criticó la “guerra contra medicamentos no probados” y prometió flexibilizar las restricciones. La última semana trajo novedades importantes en este sentido: por presión política y contra el consejo de los científicos, la FDA aprobó algunas de las siete sustancias que se iban a debatir (que eran el BPC-157, KPV, TB-500, MOTs-C,Emideltide, Semax y Epitalon). Anteriormente, los paneles de la FDA estaban integrados por académicos e investigadores; bajo la segunda administración Trump, el comité se integra por profesionales de la salud que prescriben, producen o promocionan péptidos.

La resultante es que estas sustancias ahora permitidas podrían homologarse a los suplementos alimenticios y que se pueden comprar (incluso sin receta) en las llamadas farmacias de formulación magistral -aquellas que cuentan con un laboratorio autorizado y un farmacéutico especialista. Por lo general, no es necesario realizar ensayos clínicos para vender suplementos dietéticos, a veces denominados “nutracéuticos”. La resultante, como detallan desde la CNN es que “será más fácil obtenerlos a través de farmacias de preparación autorizadas en lugar de depender de fuentes no reguladas”, lo que hará que los médicos se sientan más cómodos recetándolos y que estas farmacias experimenten un crecimiento significativo en su actividad comercial.

Mientras la demanda aumenta en el mundo, también lo hace en Argentina. El problema es que, como sucede afuera, gran parte del producto que circula llega sin documentación analítica: es decir, no hay forma de saber qué contiene el frasco, en qué concentración y sin qué contaminantes. Lo que importa es la clasificación que le otorga la Anmat (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica). Por ejemplo, un cosmético tópico requiere inscripción sanitaria ante el organismo y no necesita receta. Un péptido inyectable o intranasal es un medicamento, por lo que requiere registro sanitario, establecimiento habilitado y canal médico. Vender productos sin inscripción es ilegal y ANMAT prohíbe activamente los productos sin registro, como los que se venden por internet.

Crédito: Imagen generada con IA.

En resumen, los péptidos cosméticos tópicos son legales con habilitación del establecimiento y registro del producto ante ANMAT bajo el marco Mercosur de cosméticos, las especialidades medicinales peptídicas inscriptas en el Registro de Especialidades Medicinales (REM) requieren receta médica —como Wegovy u Ozempic—, y los péptidos sin inscripción en el REM vendidos por redes sociales son ilegales. Según fuentes especializadas, la ANMAT es, junto con la AEMPS española y la EMA europea, una de las agencias más restrictivas del mundo de habla hispana para productos peptídicos terapéuticos. Mientras que afuera se aprobaron péptidos como el polémico BPC-157 o el TB-500, en Argentina no son legales ya que carecen de inscripción REM.

Riesgos y el mercado de las pruebas que crece en paralelo

En términos del perfil de seguridad, basta decir que llevar un producto desde los estudios con animales hasta los ensayos en humanos y convertirlo en un medicamento autorizado requiere años y millones de dólares. Lo cual explica por qué financiar este proceso no es de interés y opera en detrimento de la salud de las personas. Además, como muchos de los péptidos son completamente naturales y nuestro cuerpo los produce, esto dificulta su patentamiento, reduciendo aún más el incentivo económico.

“Los que utilizan estos productos se están convirtiendo, en esencia, en cobayos de laboratorio”, dice Adam Taylor, profesor de anatomía de la Universidad de Lancaster para la BBC. “Existen algunos datos, pero proceden de modelos preclínicos. Básicamente, se probaron en animales, pero no en seres humanos”.

En términos de efectos secundarios y peligros, la mayoría de los reportes listan mareos, diarrea, erupciones cutáneas e hinchazón de las piernas. Pero nada se sabe sobre los impactos a largo plazo. Además, análisis recientes de algunos de los productos sugieren que el 8% podría estar contaminado con endotoxinas bacterianas que pueden causar daños graves al organismo: en dosis bajas pueden provocar fiebre, fatiga y dolores, pero en grandes cantidades pueden desencadenar cuadros mortales como el choque séptico. Una de las sustancias analizadas, el BPC-157, parece promover la angiogénesis, el desarrollo de nuevos vasos sanguíneos, expresada en muchos cánceres humanos.

Por último, el sector de análisis de péptidos se expandió a la par de la demanda de estas sustancias, y el Reino Unido está a la vanguardia de la explosión en las pruebas de calidad. The Guardian publicó que hace una década se procesaban apenas un puñado de pruebas mensuales para verificar su composición, y hoy se procesan unas 60.000 muestras al año, incluidas cerca de 2.000 solicitudes procedentes del Reino Unido desde principios de 2024.