Kylian Mbappé no solo cambió de botines. Cambió de lugar en la economía del deporte. La decisión del delantero de la selección francesa de terminar su relación con Nike y convertirse en embajador global de On, la marca suiza de running que acelera así su desembarco en el fútbol, representa una pérdida simbólica y estratégica para el gigante estadounidense.
Nike no pierde a un deportista más de su extensa nómina de embajadores. Pierde a uno de los pocos jugadores capaces de conectar, al mismo tiempo, rendimiento de élite, exposición global, relevancia cultural, llegada a las audiencias jóvenes y una relación privilegiada con el club de fútbol de mayor alcance comercial del mundo.
Mbappé había sido parte de Nike desde 2006, cuando tenía 9 años. Con el tiempo se convirtió en una de las figuras centrales de Nike Football, especialmente desde su explosión en el Mundial de Rusia 2018, donde Francia fue campeón y él se consolidó como la nueva gran estrella global de la disciplina. Nike reconoció que el jugador "ha sido una parte importante de Nike Football" y destacó los momentos construidos "dentro y fuera del campo" durante casi dos décadas de asociación.
Pero el francés, de 27 años, eligió otro camino: ser el rostro fundador de la división de fútbol de On, participar en el diseño y prueba de las futuras botines e indumentaria de la marca y, según reveló The Athletic, recibir acciones de la compañía como parte del acuerdo. El detalle corporativo importa tanto como el deportivo: Mbappé deja de ser solamente un embajador de una plataforma consolidada para convertirse en un socio de creación en una marca que aspira a construir una nueva categoría.
Un impacto incómodo para Nike
En la superficie, Nike mantiene una escala difícil de cuestionar. En su ejercicio fiscal 2026, la compañía reportó ingresos por U$S 46.400 millones. Su presupuesto de marketing, su red de distribución, sus contratos con clubes y selecciones, y su historia en el fútbol continúan ubicándola por encima de la mayoría de sus rivales.
Sin embargo, la pérdida de Mbappé llega en un momento especialmente sensible. Nike atraviesa un proceso de recuperación, con presión sobre sus ventas, un mercado de zapatillas deportivas saturado de descuentos y una competencia cada vez más intensa de marcas que antes ocupaban nichos específicos. Sus ingresos del cuarto trimestre fiscal cayeron 1% interanual, mientras que el negocio directo al consumidor retrocedió 7% y las ventas digitales de Nike Brand bajaron 12%.
En ese contexto, que una figura central del fútbol mundial elija una empresa más joven y más pequeña es un golpe reputacional. No altera, por sí solo, la facturación de U$S 46.400 millones ni pone en riesgo su liderazgo inmediato. Pero instala una pregunta incómoda: si Nike fue durante décadas el destino aspiracional de las grandes figuras, ¿qué buscan ahora los atletas que sus contratos tradicionales no siempre les ofrecen?
La respuesta parece estar en el control, la centralidad y la participación económica. On promete a Mbappé un lugar de socio, no solo de imagen. Lo colocará en el centro del desarrollo de producto y lo convertirá en la cara de un negocio sin herencias previas, donde cada triunfo de la nueva línea tendrá una asociación directa con su nombre.
Es una fórmula que On ya ensayó con Roger Federer. El suizo ingresó como inversor en 2019 y fue una pieza decisiva para que la firma pasara de una marca de running de perfil premium a un jugador reconocido en el tenis y el mercado global de indumentaria deportiva. El siguiente paso fue incorporar a Iga Świątek, seis veces campeona de Grand Slam, y a Ben Shelton. Ahora, la empresa intenta trasladar ese modelo al deporte con la audiencia comercial más amplia del planeta.
La ofensiva de On
On anunció que Mbappé estará "en el centro de la trayectoria futbolística" de la compañía. El delantero trabajará junto a los equipos de producto, aportando su experiencia de alto rendimiento al desarrollo y la validación de calzado e indumentaria de fútbol. Las primeras botas llegarán a las tiendas en 2027 y serán productos de alta gama.
La empresa sumó además a Thierry Henry, exfigura del Arsenal y de Francia, como director de fútbol. Henry trabajaba con On desde 2025 y tuvo un papel relevante en el acercamiento a Mbappé. También amplió el vínculo con Sydney Schertenleib, jugadora suiza del Barcelona, quien comenzará a participar del desarrollo de botas de fútbol, en una señal de que el negocio femenino será una pata relevante de la expansión.
Para Nike, el riesgo no radica solamente en la futura venta de un par de botines On. El desafío es evitar que una marca emergente consiga convertir a Mbappé en una señal de prestigio para otros futbolistas, jóvenes consumidores y distribuidores. En el marketing deportivo, las grandes transferencias de atletas no son lineales: suelen tener un efecto de arrastre. Un ídolo puede volver aceptable una marca; varios ídolos pueden hacerla deseable.
On no llega al fútbol con una promesa de bajo precio ni con un catálogo masivo. Su estrategia apunta al segmento premium, al diseño contemporáneo y a la innovación. En ese terreno, la centralidad de Mbappé funciona como aval de rendimiento y como herramienta de moda. En las redes, las transmisiones y los videojuegos, donde el calzado deportivo circula con la misma velocidad que una jugada, el francés es una campaña global con botines puestos.
Del contrato al capital
La decisión de Mbappé también refleja una transformación del vínculo entre atletas y marcas. Las grandes estrellas ya no solo negocian montos fijos, regalías y campañas: buscan acciones, participación creativa, desarrollo de productos propios y capacidad de influir sobre el rumbo de las compañías.
El esquema puede generar un incentivo más potente que un contrato tradicional. Si On logra construir una división de fútbol relevante, la participación accionaria del jugador puede capturar una parte de esa creación de valor. El atleta comparte el riesgo, pero también puede beneficiarse de una valorización que excede su carrera deportiva.
On llega a este desafío con crecimiento, aunque no sin tensiones. La venta directa al consumidor aumentó 34,3% a moneda constante en el segundo trimestre de 2026 y representó 45,7% de los ingresos de la compañía. Al mismo tiempo, la empresa redujo su previsión anual, en un mercado global de calzado condicionado por promociones y presión sobre los márgenes.
La adquisición de Mbappé no garantiza que On pueda alterar el orden del fútbol, donde Nike y Adidas construyeron ventajas durante décadas. Pero sí le ofrece una puerta de entrada que casi ninguna marca nueva logra: empezar con un jugador que reúne presente deportivo, potencial histórico y alcance comercial global.
Nike puede minimizar el episodio con una declaración elegante y una agenda repleta de atletas. Sin embargo, perder a Mbappé ante una compañía que todavía ni siquiera vende sus primeras botas de fútbol tiene una lectura evidente: una de las figuras más valiosas del deporte entendió que, en esta etapa de su carrera, ser protagonista de una marca naciente vale más que seguir siendo una estrella dentro de un imperio.