Hace una década, hablar de sustentabilidad en la Argentina no era común. Los productos ecológicos ocupaban espacios marginales en dietéticas y ferias especializadas, mientras que el consumidor promedio todavía no incorporaba variables ambientales a sus decisiones de compra. En ese contexto nació Meraki, una empresa argentina que vende productos de cuidado personal y cuidado oral en las principales cadenas del país y que acaba de superar por primera vez el US$ 1 millón de facturación.
La historia comenzó en 2015, cuando Miguel Santiago Mirabella, conocido como Miguel San, decidió abandonar su carrera profesional vinculada al mundo de las finanzas para emprender una búsqueda personal que terminaría cambiando su vida. Economista de formación, trabajaba en Puerto Madero cuando empezó a cuestionarse si aquello que hacía todos los días estaba alineado con sus valores. “Un día estaba en la oficina mirando los barcos en el Río de la Plata y sentí que necesitaba encontrar algo que realmente me apasionara”, recuerda. Impulsado por ese deseo, viajó a Australia, donde su hermano descubrió un producto que por entonces resultaba prácticamente desconocido para el mercado argentino: el cepillo de dientes de bambú. Lo encontró en una tienda especializada en productos naturales y de inmediato entendió su potencial.
“El factor común que veíamos en todas las playas era la basura plástica. Mi hermano estudiaba Ciencias Ambientales y los dos estábamos muy sensibilizados con el tema. Cuando vimos el cepillo de bambú pensamos que era una solución simple para un problema enorme”, destaca.
De regreso a la Argentina, los hermanos realizaron una prueba piloto y fundaron Meraki, una palabra de origen griego que significa hacer las cosas con amor, creatividad y dejando una parte de uno mismo en lo que se hace. El nombre no fue casual: sintetizaba el propósito detrás del emprendimiento. “Desde el primer día quisimos construir algo que generara un impacto positivo. El propósito siempre estuvo antes que el negocio”, afirma Mirabella.
Tras una etapa inicial de validación, en 2017 realizaron una inversión cercana a los US$ 50.000 para lanzar las primeras producciones a escala. El proyecto se financió principalmente mediante bootstrapping y aportes de los socios, una estrategia que la compañía mantuvo prácticamente durante toda su historia. Diez años después, el resultado se materializó en una empresa que logró abrirse camino. Durante 2025, Meraki alcanzó una facturación récord de US$ 1,2 millones y proyecta cerrar este año en torno a los US$ 1,8 millones. La visión para los próximos tres años es todavía más ambiciosa: alcanzar ingresos anuales de US$ 6,5 millones.
Actualmente, la marca está presente en las principales cadenas de retail del país, incluyendo Dia, Carrefour, Coto, Jumbo, Farmacity y La Anónima, además de cientos de comercios independientes. El ingreso al canal supermercadista representó un punto de inflexión para la compañía. Hasta entonces, gran parte de las ventas se concentraban en consumidores altamente comprometidos con la sustentabilidad. Sin embargo, para escalar el impacto era necesario salir del nicho. “Nos dimos cuenta de que si queríamos generar un cambio real teníamos que estar donde compra la mayoría de la gente. El desafío no era venderle al consumidor más consciente; era llegar a quien recién empieza a interesarse por estos temas”, sostiene el CFO.
Ese razonamiento llevó a la empresa a desarrollar una propuesta que combina sustentabilidad, calidad y accesibilidad. Hoy, cerca del 90% de su facturación proviene del canal B2B, mientras que sus productos llegan a aproximadamente 100.000 consumidores por mes. La oferta incluye cepillos de dientes de bambú, geles dentales, hisopos, productos de higiene personal y líneas de cuidado capilar. Más recientemente, la compañía lanzó Kima, una nueva marca enfocada en artículos de bienestar y lifestyle, como botellas térmicas y accesorios reutilizables.
Una marca con propósito
Detrás de cada lanzamiento existe una fuerte inversión en investigación y desarrollo. En este sentido, Meraki trabaja junto a laboratorios especializados de la Argentina y Brasil para formular productos que no solo sean sostenibles, sino también competitivos frente a las alternativas tradicionales. “Nuestro objetivo nunca fue hacer productos ecológicos porque sí. Queremos desarrollar productos de alta calidad que funcionen igual o mejor que las opciones convencionales, pero con ingredientes naturales y un menor impacto ambiental”, explica.
Ese enfoque resultó particularmente desafiante en categorías como cuidado oral, donde la innovación tecnológica y las exigencias regulatorias son elevadas. “Nos llevó años encontrar laboratorios con el conocimiento necesario para desarrollar fórmulas realmente competitivas. La sustentabilidad por sí sola no alcanza; el producto tiene que cumplir perfectamente su función”, agrega.
La evolución de Meraki coincide con la transformación global de los hábitos de consumo. Durante la pandemia, la demanda de productos asociados al bienestar, la salud y la sostenibilidad registró un fuerte crecimiento. Aunque el fenómeno perdió intensidad después, Mirabella considera que la tendencia estructural continúa vigente: “El awareness tuvo un pico enorme y después bajó. Pero el megatrend sigue intacto. El mundo es finito, los recursos son escasos y los problemas ambientales son reales. La conciencia puede subir y bajar, pero la dirección es clara”.
En ese contexto, la compañía busca posicionarse como una plataforma de marcas orientadas al bienestar integral. Para lograrlo, está preparando una nueva etapa de crecimiento que incluirá inversión externa, expansión regional y ampliación del portafolio. Uno de los hitos más relevantes en ese camino fue la incorporación de Fernando Mayoral, exdirector de Marketing de Colgate para Cono Sur, quien se sumó a la empresa durante el último año. Para Mirabella, este movimiento representa una validación del modelo de negocio y una señal positiva para futuras rondas de inversión: “Estamos en un momento bisagra. Pasamos de ser un emprendimiento nacido en un garage a competir en categorías de consumo masivo frente a compañías multinacionales. Ahora necesitamos dar un salto cualitativo y cuantitativo”.
Los próximos mercados en la mira son Chile y Uruguay, donde la empresa ya mantiene conversaciones con potenciales socios estratégicos. La meta es construir una presencia regional que permita escalar operaciones sin perder la esencia que impulsó el proyecto desde sus inicios. A diez años de aquella primera prueba piloto, Mirabella observa el recorrido: “No veníamos de familias emprendedoras ni teníamos experiencia previa creando empresas. Lo nuestro nació genuinamente de un propósito y de las ganas de generar un impacto positivo. Mirando para atrás, fue un camino hermoso”.