Cecilia Valleboni Forbes Staff
Como si se tratara de un guión clásico de Silicon Valley, la historia de Nicolás Schirmer comenzó en un garage. Tenía 17 años, corría el 2005 y el concepto de "showroom" era una quimera en Buenos Aires. Allí, entre raquetas de tenis y sueños de independencia económica, Schirmer montó su primer espacio de ventas. "Desde chico fui emprendedor y siempre busqué una independencia económica", recuerda hoy el CEO y fundador de Hardem Eyewear.
Antes de Hardem, Schirmer forjó su carácter en el deporte y la gestión. Tras dejar el tenis profesional a los 18 años, fundó Tenis Maker, una academia social en Vicente López y Olivos que llegó a tener 360 alumnos y 4 profesores. Esta etapa fue su "primer máster" en manejo de equipos y logística. Sin embargo, su curiosidad por el marketing lo llevó a investigar cómo el público consumía el lujo. Detectó que, mientras los relojes y perfumes denotaban estatus, el mercado de los anteojos en 2015 era excesivamente clásico y carecía de una propuesta que uniera diseño de alta gama con accesibilidad. @@FIGURE@@
"Noté que el lente empezaba a ser un accesorio de moda. La gente ya no quería un solo par; quería uno para el fin de semana, otro para una reunión y otro para el outfit del día", explica. Con esa premisa, y utilizando sus ahorros de toda la vida, lanzó la marca en 2016, desafiando un contexto de recesión inicial.
Hardem nació con una identidad global: los nombres de sus modelos son avenidas o ciudades del mundo, y el manual de instrucciones fue reemplazado por un boarding pass. "Somos obsesivos", confiesa Schirmer. "Desde el color de la bisagra hasta el grabado y la combinación de patillas. Nada es azaroso". Esa obsesión se traduce en un catálogo robusto que hoy cuenta con 130 modelos activos. Aunque la producción es tercerizada, Hardem controla el proceso de punta a punta: importan sus propios insumos y diseñan cada pieza. La última colección, Hardem Standard, marca los 10 años de la firma con estándares de calidad que compiten con las grandes licencias internacionales, utilizando materiales como el acetato de alta densidad.
Alianzas y expansión: el efecto Lali
Si bien el canal óptico es su principal aliado —están presentes en 600 de las 4.500 ópticas que existen en Argentina—, el posicionamiento de marca dio un salto cuántico gracias a las colaboraciones. Hardem trabajó con figuras como Fito Páez y Paula Chaves, pero fue el acuerdo con Lali Espósito el que cambió la escala del negocio.
"Lanzar con Lali nos hizo jugar en otra liga. Nos hizo más profesionales y disparó el reconocimiento", señala Schirmer. A diferencia de otros acuerdos, Schirmer exige compromiso: "Vienen a la oficina, eligen diseños y colores. Queremos que lo sientan propio". Para lo que resta de 2026, la marca ya prepara dos nuevas colaboraciones de alto perfil para seguir capturando una porción de un mercado nacional estimado en 15 millones de anteojos vendidos por año (últimos datos disponibles, de 2021). @@FIGURE@@
La volatilidad argentina obligó a Schirmer a ser un estratega. En 2023, ante la brecha cambiaria, decidió convertirse en importador directo de sus insumos. Hoy, Hardem tiene una estructura global: la unidad local produce para el mercado interno, mientras que Hardem al Mundo opera desde China para abastecer a España, Italia, Grecia, Portugal, República Checa, Polonia y Canadá.
"Argentina te fortalece; salís de acá como de una universidad para darle lecciones al mundo", bromea sobre la capacidad de resiliencia local. Con un equipo de 30 empleados (entre directos e indirectos) y una visión de holding en desarrollo, Hardem Eyewear proyecta cerrar este 2026 con una facturación de US$ 1,2 millones solo en Argentina, un salto significativo frente a los US$ 700.000 del año anterior.