Cecilia Valleboni Forbes Staff
El mercado de los alfajores en la Argentina no solo es uno de los más competitivos del sector alimenticio, sino que se destaca como uno de los pocos dinamizadores del consumo masivo. En un escenario de constante crecimiento, traccionado por lanzamientos permanentes y la expansión de líneas, un nuevo jugador busca patear el tablero: Galán. Se trata de una marca que acaba de concretar su lanzamiento con una propuesta que fusiona el volumen industrial con un producto diferencial de 80 gramos.
Detrás del proyecto se encuentran los primos Nahuel De Sanctis Fava y Manuel Suppa, quienes combinan perfiles complementarios. La familia De Sanctis Fava es dueña de Chisap, firma con más de 70 años en la industria alimenticia; en tanto, los Suppa aportan su experiencia en el negocio gastronómico de eventos y estadios de fútbol.
La génesis de la fábrica combina la mística pyme con una oportunidad detectada en el momento justo. Tras visitar una exposición del sector y ver en funcionamiento una máquina de dos picos, los primos entendieron que en el mercado local había espacio para innovar. La idea inicial era modesta: instalar esa pequeña estructura en un terreno familiar en Ciudadela, ubicado justo enfrente de la planta de Chisap.
Sin embargo, el conocimiento del consumo masivo los hizo recalcular el volumen antes de empezar. "Nos íbamos a quedar cortos con la experiencia que ya tenemos en el mercado y con todo lo que podíamos llegar a hacer", explica De Sanctis Fava sobre el giro estratégico que los llevó a proyectar un tinglado industrial y adquirir una antigua fábrica de zapatos lindera para el sector de oficinas.
La puesta a punto de la planta demandó un año y medio de obras y obligó a los socios a sortear un duro revés financiero cuando una de las empresas constructoras los estafó, lo que retrasó el proyecto más de seis meses. El golpe requirió redoblar el esfuerzo económico y personal. "Fue un garronazo de inversión. Hubo que recuperar capital para volver a invertir, a la par de que seguíamos trabajando en otros lados y juntándonos a hablar del proyecto hasta las 12 de la noche", recuerda el emprendedor.
Innovación técnica para el "sándwich bajonero"
Ubicada en una zona estratégica de Ciudadela, cercana a la Avenida General Paz y Avenida Rivadavia, la planta opera actualmente con un equipo de siete personas y maquinaria modificada bajo especificaciones propias. Para el desarrollo del producto, los fundadores se capacitaron a fondo en la elaboración de masas, tapas y rellenos bajo la asesoría del maestro chocolatero Pablo Benítez.
En un nicho dominado por marcas consolidadas de la categoría "bajonera" —caracterizada por el alto gramaje y el doble baño de chocolate—, Galán buscó un equilibrio que tomara la contundencia de ese segmento pero con la sutileza de las tapas blandas del estilo marplatense.
Para lograr ese quiebre, idearon un formato inédito a escala industrial: bañar previamente en chocolate blanco solo una de las tapas internas antes del dosificado del dulce de leche. "De manera artesanal era fácil de hacer; de manera industrial tuvimos que modificar la máquina para lograr que una tapa fuera bañada y la otra no", señalan los fundadores sobre el proceso que le otorga mayor estabilidad estructural a la mordida y contrasta con la masa oscura del alfajor.
Estrategia de canales, calidad no negociable y proyección exterior
A contramano de otras marcas que apuestan a locales propios, la estrategia comercial de Galán se enfoca netamente en la capilaridad del canal tradicional. Los socios definieron que el foco principal estará en los kioscos, manteniendo la fabricación bajo su mirada directa y tercerizando la logística de distribución. Con este esquema, la marca ya pisa fuerte en unos 80 puntos de venta entre minoristas y mayoristas, y ultima detalles para ingresar en dos cadenas comerciales de peso.
Para asegurar la recompra en un mostrador altamente competitivo, la firma sumó a una profesional de la pastelería para auditar los estándares de estandarización. Suppa sintetiza la filosofía de la empresa: "Entrás por los ojos, pero te quedás por la calidad. Nuestra política es que la calidad no se negocia o, en todo caso, que te echen por precio y no por calidad".
De cara a lo que queda de 2026, el objetivo inmediato es consolidar la marca e instalar el producto antes de la temporada de calor, apuntando a desembarcar con acciones de marketing en la Costa Atlántica durante el verano. La meta para este año es completar de manera sostenida un turno diario de 50.000 alfajores.
Con la planta en marcha, la hoja de ruta de los primos ya contempla la automatización con brazos robóticos, la expansión física de la fábrica y la apertura de mercados internacionales. "No tenemos un techo. Estamos interesados en exportar a Uruguay o Estados Unidos. El otro día incluso surgió el interrogante de cómo llegar a China sin que se venzan los productos. Tenemos fe y estamos dándolo todo para que pase", concluye Suppa.